Entrevista
Cabaret Voltaire regresa del futuro: “Siempre fuimos animales políticos y culturales, no buscábamos crear sonidos por el placer de crearlos”
El legendario grupo británico, pionero de la música electrónica e industrial, reaparece este jueves en la jornada inaugural del Sónar, festival en el que actúa por primera vez, con dos de sus integrantes originales, Stephen Mallinder y Chris Watson

Stephen Mallinder y Chris Watson son Cabaret Voltaire. / Paul Heartfield

Cabaret Voltaire volvió a la vida el año pasado con una gira de conciertos que ha dado pie al álbum en directo ‘But what time is it really?’, lanzado esta primavera, en el que reconstruye sus clásicos de los años 80. Hablamos con el teclista, bajista y cantante Stephen Mallinder.
¿Qué representa para usted volverse a asociar con Chris Watson bajo la marca de Cabaret Voltaire?
En primer término, es hacer un reconocimiento a los 50 años transcurridos desde nuestro primer espectáculo, pero también hay unas ganas de celebrar y compartir ese trabajo. Quería asegurarme de que la gente tuviera la oportunidad de escuchar esa música y entender lo que era Cabaret Voltaire mientras podamos.
Los orígenes del grupo se sitúan en 1973 en una ciudad industrial, Sheffield. ¿Su propósito era revolucionar la música, crear algo nuevo?
El objetivo era simplemente ser artistas, trabajar con el sonido y explorarlo. Sentíamos que éramos una continuación del lenguaje creado por The Velvet Underground, Can y artistas de vanguardia como Pierre Schaffer. No diría que nos considerásemos compositores a ese nivel, pero trabajábamos con la tecnología del siglo XX que nos rodeaba y la usábamos como forma de expresión, continuando lo que otros habían hecho antes.
¿Diría que la misión de Cabaret Voltaire era experimentar con los sonidos o era algo que trascendía la música y tenía que ver con la actitud ante el arte, algo más filosófico?
Bueno, los tres, Richard (H. Kirk), Chris y yo, éramos animales políticos, animales culturales. Nos interesaba el arte, así no que no se trataba solo de crear sonidos por el placer de crearlos. Siempre vimos la música que hacíamos dentro del contexto del mundo en el que vivíamos y de una manera bastante abstracta, digamos, más que buscando la polémica. Queríamos usar los sonidos de lo que hacíamos como un comentario sobre el mundo que nos rodeaba: la televisión, la economía, la política, la situación social, la idea de vigilancia y control, las libertades personales... No hicimos ningún manifiesto, pero no separábamos todo eso de la vida cotidiana. Esa es una de las razones por las que decidimos volver a hacer conciertos, porque tanto aquellos sonidos que usábamos como los temas son muy contemporáneos, tan relevantes en 2026 como lo eran en 1976 o 1980.
Cabaret Voltaire nació justo antes del punk, un movimiento que marcó una línea divisoria en el rock británico. ¿Cómo lo vivieron?
El punk fue importante en el sentido de que fue un cambio en la hegemonía de la industria musical. Ahora se ve como una forma de música, pero entonces fue más bien una actitud. Se ve incluso en el trabajo gráfico de Jamie Reed, Neville Brody o Peter Saville. Ni ellos ni nosotros nos expresábamos con una guitarra, un bajo y una batería. Las cosas se estaban fracturando y surgían nuevas estructuras, y formamos parte de eso.
Algo así también ocurriría con la etiqueta ‘indie’, que no era un estilo de música, sino un modo de estar en la escena. Ustedes fueron pioneros con el sello Rough Trade.
Nunca tuvimos contrato con ellos, simplemente lanzábamos ahí los discos y eso nos funcionó. Éramos almas gemelas. Ellos querían lanzar música que de otra manera no se habría lanzado, y darla a conocer a todo el mundo. Creo que, de nuevo, los medios toman el control en cierto punto y lo ‘indie’ se convierte en un estilo, cuando no lo es. Los sellos y los individuos que trabajaban fuera de las normas establecidas, como Rough Trade y Factory Records, con quienes también firmamos, representaban esa independencia. Más adelante sí que los sellos se identificaron más con un tipo de música o un estilo determinado. Teníamos una buena relación con ellos. Lanzaron nuestra música y nos apoyaron mucho, y nos venía bien en ese momento. Así que tengo buenos recuerdos de todo ese período.
Cabaret Voltaire, como trío, duró dos décadas, hasta 1994, y luego hubo una reencarnación a cargo de Richard H. Kirk. Él falleció el 2021, y ha sido después cuando Chris Watson y usted han creado esta nueva versión del grupo. ¿Qué diferencias de enfoque ve entre el Cabaret de Kirk y el suyo?
Richard y yo fuimos amigos desde los 14 años, así que una de las razones por las que hago esto es para celebrar su trabajo, no para pasarlo por alto. Estamos representando el trabajo que él hizo. Se hace con esta intención. Yo no estoy haciendo música nueva, porque, para mí, Cabaret Voltaire hemos sido Richard y yo, con Chris muy involucrado en el período inicial. Así que se trata del legado de Richard y mío. No haré mi propia música poniéndole el nombre de Cabaret Voltaire. Si lo hiciera, no creo que fuera Cabaret Voltaire. Todo esto es inclusivo con él, que, tristemente, ya no está aquí. En cuanto al enfoque de los conciertos, utilizo los visuales antiguos, recontextualizándolos. Todo se hace con muchísimo amor y respeto por Richard, y como reconocimiento del trabajo que hicimos juntos.
Han lanzado un álbum en directo, ‘But what time is it really?’, grabado en su gira de reaparición, en 2025, y basado en material de los álbumes clásicos como ‘Red Mecca’ (1981) o ‘The crackdown’ (1983). Da la impresión de que han querido ser fieles a los sonidos maquinales originales, aunque la tecnología haya cambiado bastante desde entonces.
Pero no hay nada de las pistas originales, aunque pueda parecerlo. Todo se ha reconstruido desde cero. Eso es porque quería poder analizar lo que hicimos. Lo peor que alguien puede hacer es: “voy a volver a tocar mis discos antiguos, pero lo haré en clave de jazz”. No haré eso. Esto no lo he hecho solo por mí, sino por todos nosotros, por los fans de los ‘Cabs’, por sus recuerdos, y por la gente que ahora nos escuche por primera vez. Tenía que hacerlo de una forma que fuera reconocible para todos. Y es genial presentar esos sonidos de una manera contemporánea y que la gente vea las imágenes con la tecnología de 2026. Lo importante es ser fiel al espíritu y al sonido de esas piezas musicales.
Tiene un doctorado en música y cultura popular por una universidad australiana (Murdoch, en Perth) y ha trabajado como docente e investigador.
Bueno, ya lo dejé, tengo más de 70 años. Hay un proyecto en el que estoy trabajando, de sonido, pero tiene que ver con Stonehenge. Mi vida académica y la musical siempre han ido de la mano, pero dejé de dar clases hace un año. Creo que existe un peligro al hacer música: hacerlo intuitivamente, sin luego dar un paso atrás y analizar objetivamente lo que estás haciendo. Escribir e investigar ofrece una perspectiva interesante no solo sobre lo que uno hace, sino también sobre cómo la música y el sonido se integran en el mundo contemporáneo. Por eso me fascina.
Actuarán por primera vez en el Sónar, un festival de música electrónica que comenzó siendo minoritario y que lleva ya muchos años atrayendo al gran público. Parece que la máquina ha ganado la partida en la música popular.
Oh, sí, el Sónar lleva mucho tiempo en marcha y es genial poder actuar ahí por primera vez. Sé que el festival ha cambiado mucho con los años, pero nosotros también, y es agradable.
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