Opinión | La caja de resonancia

Periodista
El mito de que en la música ya está todo inventado
Son siete notas musicales, sí, pero no, porque hay muchísimos más ingredientes en la ecuación y no dejan de surgir géneros y lenguajes, como el hyperpop, que ya se ha introducido en el ‘mainstream’, que protagoniza un libro sustancioso y que se manifestará esta semana en el Sónar

Ambiente en el Sónar de día en la pasada edición del festival. / Jordi Otix
Habrán oído decir que la música tan solo consiste en combinar siete notas y que, a partir de ahí, todo viene a estar ya inventado y visto para sentencia. Es una frase que puede parecer la verdad revelada, pero es una falacia, no solo porque, además de las notas, están los semitonos, y porque en la música árabe, india, indonesia o china existen escalas, intervalos y afinaciones distintas, sino porque la creación musical abarca otros muchos ingredientes: armonía, ritmo, textura, timbre... Y la producción de estudio, y el aura que envuelve las canciones, sobre todo, cuando hablamos de pop.
Es como decir que, como escribir consiste en combinar 27 letras y eso no es infinito, más vale dar por cancelada la literatura. A nadie se le ocurre afirmar algo así, pero, en la música, el anuncio del fin de la historia es recurrente, aunque no paren de salir géneros y lenguajes innovadores que lo desmientan. Ya lo reflejó Kit MacIntosh en un libro influyente, ‘Gritos de neón’ (2021), desde su mismo subtítulo: “Cómo el drill, el trap y el bashment hicieron que la música sea novedosa otra vez”. Así ha sido. Otra cosa es que ese modo de ser novedoso a ti no te guste, o que lo sientas como una amenaza porque has ligado tu identidad a la música con la que creciste.
Pero las mutaciones se dan en muchos campos y otro de ellos es ese nicho llamado hyperpop, que ya no lo es tanto porque se filtrado en la corriente principal: de la pionera y malograda Sophie a la ya estrella Charli XCX, y de ahí a pistas perceptibles en canciones de Addison Rae o Rosalía, y en la obra de Arca, Putochinomaricón, Luna Ki o Ouineta. Analiza el género un libro breve e intenso, ‘Hyperpop. El pop en tiempos de capitalismo digital’, de la francesa Julie Ackermann, traducido por la editorial argentina Caja Negra, la misma que publicó en castellano el libro de MacIntosh.
El hyperpop va de forzar los rasgos del ‘mainstream’ para crear artefactos hiperbólicos, hechos de sonidos electrónicos aparatosos y voces ultraprocesadas, artificiosos a conciencia, en el límite de lo humano y lo maquinal. Es la música de una generación, la Z, que “no pasó de lo analógico a lo digital”, sino “de lo digital a lo hiperdigital” y que, como apunta Oriol Rosell en el prólogo, no queda claro si es experimento, tributo o parodia. O todo a la vez. Una tendencia que tendrá presencia esta semana en el Sónar, con Two Shell y Namasenda. No, ni todo está inventado, ni el fin de la historia parece que vaya a tener lugar este fin de semana.
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