Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Arte

El retablo postmoderno de Gino Rubert que satiriza el mundo del arte catalán vuelve a casa, a la Escala

Considerado uno de los artistas más interesantes de la actual escena artística catalana por su particular manera de describir las relaciones humanas, el artista presenta ahora una exposición en el Alfolí de la Sal y entre las piezas hay la provocadora obra 'Vanity Fair (un altar sense heroi)'

'Vanity Fair (un altar sense heroi)' de Gino Robert

'Vanity Fair (un altar sense heroi)' de Gino Robert / Cristina Vilà

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Cristina Vilà Bartis

La Escala
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

William Makepeace Thackeray (1811-1863) publicó la novela 'Vanity Fair: A Novel without a Hero', una sátira de la sociedad de su tiempo, en 1847. El artista Gino Rubert (1969) seguramente tomó este punto de partida, pero también, como aseguró el pasado sábado, la mítica 13 Rue del Percebe de Francisco Ibáñez, a la hora de crear, por encargo del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), el tríptico o retablo posmoderno que bautizó con el mismo nombre, 'Vanity Fair (un altar sense heroi)'. La obra, que alcanzó un eco mediático fabuloso en la feria ARCO Madrid 2021 y más tarde cuando fue expuesta en Barcelona, nació en el taller que el artista tiene en Sant Martí d’Empúries, en l’Escala, pero regresó al Empordà hace tres años cuando fue adquirida por la familia Suqué Mateu del castillo de Peralada. Desde entonces no se había visto públicamente hasta ahora que ha vuelto a casa, a l’Escala, exhibiéndose en solitario en una de las pequeñas salas del Alfolí de la Sal y con una puesta en escena excepcional, sin luz natural, que recuerda a una antigua capilla gótica, "un escenario ideal", como admitió el propio creador.

A Gino Rubert se le veía exultante durante la inauguración de la exposición, que no solo incluye la posibilidad de ver esta gran obra, sino también otras piezas del artista instaladas en distintas salas del Alfolí. Al acto no faltaron numerosos artistas como Guerrero Medina o Lluís Roura, que observaron la pieza con todo detalle, ya que, a diferencia del MNAC, la obra se expone casi a ras de suelo y de forma absolutamente cercana. También asistió la directora del Museu de Mataró, Anna Capella, quien en 2008, dirigiendo el Museu de l’Empordà de Figueres, tuvo el acierto de dedicar una exposición retrospectiva al artista. "Disfrutad la obra con calma y tranquilidad", aconsejaba el alcalde de l’Escala, Josep Bofill, a los asistentes durante la presentación, junto a una representante del partenaire imprescindible que ha hecho viable esta propuesta, la conservadora del Museu Castell de Peralada, Susana García, quien corroboró la necesidad de colaboración entre instituciones y de "exportar la cultura de un lugar a otro y compartirla" dentro de un mismo territorio. Y no solo eso, sino que, fruto de esta complicidad, se elaborará un catálogo en el que también participará el MNAC y que verá la luz el 21 de agosto. El catálogo incluirá textos críticos, testimonios, materiales del proceso y una selección de miradas en torno a esta obra que el artista define como "un retrato del mundo de la pintura en Cataluña en los años 2000", pero más allá de eso, una reflexión sobre la vanidad, la representación, el deseo de pertenencia y las formas contemporáneas de convivencia cultural.

La obra de Gino Rubert se presenta sin luz natural en una de las pequeñas salas del Alfolí, com si fuera un altar gótico

La obra de Gino Rubert se presenta sin luz natural en una de las pequeñas salas del Alfolí, com si fuera un altar gótico / Cristina Vilà

Entre envidias e hipocresía

En este retablo, Gino Rubert incluyó a ciento ochenta personajes reales del mundo del arte, aunque "no están todos los que deberían estar": desde artistas, galeristas, críticos de arte, comisarios hasta directores de museos o periodistas, la gran mayoría en situaciones algo comprometidas. La selección no fue suya, sino que, según explicó, "me lavé un poco las manos pidiéndoselo a Gisela Chillida, quien comisarió la exposición en Tecla Sala". Aun así, esta representación no era nueva. "Lo iba haciendo en los últimos años de una manera arbitraria y natural, pero incluía amigos y familiares, pintores admirados vivos y muertos. Era una selección sin un criterio cerrado", recordó el creador. De todo aquello, lo primero que surgió fue una obra de teatro y, más tarde, la propuesta del MNAC para participar en un programa en el que artistas contemporáneos dialogaran con piezas del museo.

Gino Rubert, en un momento de la inauguración

Gino Rubert, en un momento de la inauguración / Basili Gironès

Así le propusieron "hacer un altar para la sala de gótico", una idea que, según aseguró, "me entusiasmó". Tanto que en la obra, aunque se titule 'Un altar sin héroe', se incluyó a sí mismo como una especie de héroe en la parte inferior, "siendo azotado". A pesar de este detalle curioso, Gino Rubert concluyó que "en el mundo del arte no hay héroes, sino que es un mundo amargo y un punto sórdido en el que se vende humo. Hay envidias, hipocresía, esnobismo y competencia".

Curiosas interacciones

Contemplando este gran tríptico, el espectador puede pasar horas. Para no perderse quién es quién, la obra se acompaña de un folleto con los nombres de los personajes, todos ellos representados con un cierto aire inquietante, propio del estilo de Rubert. En cuanto a las curiosas interacciones —se ve a Miquel Barceló llamando a la puerta de Pepe Serra, director del MNAC, que se encuentra sentado en el váter—, Gino Rubert confesó que lo que había planteado de entrada era el escenario y que en el cielo habría los muertos y, arriba, un espacio infernal para los galeristas, pero que finalmente "se fueron esparciendo". Reconoció que "iba dibujando gente haciendo cosas: una peleándose, practicando sexo, siendo torturados… y todas las fotografías las coloqué donde me cabían por motivos estrictamente formales: por la luz, el tamaño o la mirada". Lo que no ocultó es que con las personas más cercanas "me divertí, los pones peor por cariño", mientras que con las más distantes sintió más respeto. Así, por ejemplo, el pintor y escultor Robert Llimós aparece luciendo una camiseta de ET y siendo arrastrado al infierno y ardiendo en llamas. Aun así, el artista admitió que no había recibido ninguna queja de las personas que aparecen en la obra, salvo una a la que tuvo que tapar la cara "con celo". Sí, sorprendentemente, de los que no aparecen.

Fuente: Empordà