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Entrevista

Aina Ferrero Horrach, autora de '12+1 herejías museológicas': "Traer el Thyssen a Palma es McDonalizar los museos"

La doctora en Historia del Arte publica un ensayo para desmontar la solemnidad de los museos y convertirlos en lugares más abiertos, sociales y participativos

Aina Ferrero en el Museu del Calçat i la Indústria d’Inca, que dirige actualmente

Aina Ferrero en el Museu del Calçat i la Indústria d’Inca, que dirige actualmente / .

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Raquel Galán

Palma
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La pregunta ¿qué es lo primero que te viene a la cabeza cuando piensas en un museo? la hizo Aina Ferrero Horrach para un estudio sobre la percepción social de estos espacios culturales.

«En primer lugar, solo los relacionan con el arte y no con otros ámbitos, y la mayoría de las respuestas iban desde que es un sitio aburrido o silencioso hasta, en el mejor de los casos, un lugar donde se aprende. Sin embargo, nadie respondió que van a pasarlo bien, reflexionar y conversar. Los continúan asociando a la imagen de los museos decimonónicos y es como si entrasen en una catedral», compara la doctora en Historia del Arte, museóloga, divulgadora y docente.

Para desmontar la vieja solemnidad del museo-templo, acaba de publicar el breve ensayo crítico 12+1 herejías museológicas, de Ediciones Asimétricas, en el que propone con humor e ilustraciones de Helena Bosco lo que denomina «12+1 antimandamientos» con los que repensar cómo deberían ser los museos del siglo XXI.

Defiende que sean instituciones culturales más abiertas, sociales, participativas y accesibles, y parte de la metáfora de que «durante demasiado tiempo el museo se comportó como una catedral laica, con vitrinas como altares, objetos como reliquias y visitantes silenciosos que temen romper una liturgia ajena», tal como se lee en la contraportada.

Una de las ilustraciones de Helena Bosco

Una de las ilustraciones de Helena Bosco / Ediciones Asimétricas

Función social

Ferrero destaca que el Consejo Internacional de Museos (el ICOM, con las siglas en inglés) «establece que una de las funciones de estos espacios es la social, que debe estar al servicio de sus comunidades», indica sobre cómo es para ella un buen museo.

«En Mallorca tenemos un grupo que son pequeños, de ámbito local, con arraigo en el territorio y que se han convertido en grandes aliados para lograr una cultura accesible, ya que son los que tienen mayor capacidad de llegar a las personas de su comunidad», alaba.

Por ello no comparte la actual política cultural del Govern balear y el ayuntamiento de Palma, que no sigue el antimandamiento de su libro «no codiciarás las colecciones ajenas».

En este capítulo defiende que cada museo debe descubrir qué lo hace único, debido a que no tienen que parecerse a los grandes ni competir con edificios icónicos, exposiciones estrella o colecciones ajenas.

Precisamente Cort quiere traer a Gesa parte de la colección del Thyssen-Bornemisza, pero la experta afirma que «el modelo de replicar museos no aporta nada y está trasnochado.

Las propuestas museísticas a nivel internacional abogan por potenciar aquello que los hace singulares y que tengan valor patrimonial en sí mismos, alejándose de colecciones que las podrías ver tanto aquí como en Dubái o Singapur. Traer el Thyssen a Palma es una McDonalización museística», argumenta.

Antimandamientos

El resto de antimandamientos son amarás el museo sobre todas las cosas, no tomarás los estudios de público en vano, santificarás la participación, honrarás a tu comunidad, no aburrirás al visitante con cartelas plúmbeas, no cometerás exclusiones impuras, no robarás la ilusión de los más pequeños, no darás falso testimonio, no consentirás elitismos impuros, no adorarás el museo como si fuera un templo, no pondrás el objeto por encima de la persona y el 12+1: no creerás que estos antimandamientos son eternos ni inamovibles.

El libro se cierra con un credo que resume la opinión de la autora y donde expresa que el museo ya no debería ser catedral, sino plaza, y ya no debería sermonear desde vitrinas-altar, sino «conversar, escuchar y dejarse interpelar».

Sin embargo, para acercarse a «una gran parte de la población que no visita museos porque no se sienten atraídos», Ferrero afirma que hay que tratar de conseguirlo «primero con una programación con sentido y que responda a las necesidades»; y después a través de «un trabajo de arraigo, crear vínculos, realizar campañas que apelen a la emoción, educación patrimonial en colegios y universidades, y actividades dirigidas a diferentes públicos para que den un primer paso», concluye.

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Fuente: Diario de Mallorca