Opinión | La caja de resonancia

Periodista
El festival de música, ¿último refugio contra la polarización?
La convivencia en el Primavera Sound de artistas de línea tan antagónica como The Cure y Addison Rae nos habló de un cambio de actitud entre los aficionados, donde la música de ‘los otros’ no es percibida como una agresión, si bien una línea roja sigue insinuándose en el festival: el ‘mainstream’ español

Ambiente del Primavera Sound en la segunda jornada del festival / Jordi Otix / EPC
Lo más llamativo del actual Primavera Sound es esa convivencia de artistas situados en estéticas musicales (y existenciales) antagónicas, cuando en otros tiempos, el marco mental ‘indie’-alternativo era rígido y, bromas, las justas. Ahora, bandas de rictus severo adscritas al guitarrazo hardcore y sonrientes vedetes pop salidas de TikTok cruzan sus pasos sin aparentes traumas en una situación que nos dice algo del tiempo que vivimos.
¿La música puede ser la última reserva contra la famosa polarización? Algo hay, aunque va por barrios. El rechazo frontal que se percibe ante el reguetón y las músicas urbanas entre la ciudadanía ‘senior’ sigue ahí, a veces con una inflamación impropia de ciertas edades. Oiga, cálmese un poco, que es solo música. Mientras, en un contexto de aficionados más activos (los que se gastan 350 euros más IVA en el abono de un festival), la actitud es otra. No es tanto que ahí, ahora, a todo el mundo le pueda gustar todo, sino que la música de ‘los otros’ no te molesta ni la vives como una agresión. Puedes encontrártela en el camino, pararte a escucharla y observarla, tratar incluso de entender su lógica y sacar tus conclusiones sin necesidad de declarar la Tercera Guerra Mundial.
Se vio estos días en el Primavera, donde incluso la incorporación a última hora de Olivia Rodrigo, una estrella pop juvenil y del momento, que el año que viene llenará cuatro ‘sant jordis’, no reventó el equilibrio interno del festival ni dejó desierto el escenario donde actuaba el honorable cabeza de cartel de esa franja, My Bloody Valentine. Hubo público para ambos, e incluso un flujo de asistentes que pasó un rato en un concierto y un rato en el otro.
Hay, no obstante, una línea roja que el Primavera no llega a cruzar: el ‘mainstream’ español. Lo de Rusowsky iría por ahí, pero no es un ejemplo nítido. Alguien de la organización me decía el año pasado que ellos saben dónde colocar el cordón, aunque reconocía que no era fácil argumentarlo: “Sabrina Carpenter, sí, Aitana, no”, deslizó. ¿Por qué? La línea es fina. Parece que con el ‘mainstream’ español hay menos manga ancha: ni siquiera artistas con base rock como Amaral o Bunbury han actuado jamás en el festival. Es posible que en España y en el mundo ‘anglo’ vayamos ahora a velocidades distintas en la confluencia de lo comercial y lo prestigioso. Pero, sí, hablamos de música, un territorio en el que, pese a todo, hay ese intangible, ese no sé qué, que a veces te hace bajar el pulgar sin que sepas precisar por qué.
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