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Opinión | La caja de resonancia

Barcelona

El disco más personal, honesto, sincero y vulnerable del mundo

Cuanto más pautada está la música actual, con algoritmos, campos de composición y reglas industriales, más tiran los artistas de una retórica promocional de la pureza que hacemos ver que es creíble

Hans Laguna, autor del libro 'Yo siendo yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop', en una imagen promocional.

Hans Laguna, autor del libro 'Yo siendo yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop', en una imagen promocional. / El Periódico

Uno de los adjetivos que, en los 90, los periodistas musicales detestábamos cordialmente era ‘auténtico’: eran tiempos de fractura entre lo ‘indie’ y el resto, y cuando un artista lo manejaba nos chirriaba cosa mala. Sonaba pretencioso, impostado, hueco. Ahora no circula tanto, pero sí que prosperan expresiones de fondo semejante, con las que el cantante se presenta como un ser genuino y no como un producto de márketing, que, claro, es lo peor.

Eso ocurre ahora que todo el mundo ve que la música se mueve a través de mecanismos, si cabe, más pautados que antes: lógicas algorítmicas arrasadoras, ‘tempos’ editoriales acelerados, campos de composición en busca del ‘hit’ hecho por partes, canciones más cortas y donde el estribillo estalla antes, exhibición banal en las redes para confluir con la conversación social, ‘featurings’ que multiplican el impacto... En ese escenario, sale el artista, haciéndose la niña inocente en medio de la orgía, y salpica la entrevista con expresiones sobre su “disco más personal”, “más sincero”, “más vulnerable” y “menos premeditado”.

Ciertas expansiones son más creíbles cuando no eres tú quien las proclama, pero, si ellos siguen tirando de esa retórica promocional, será porque les debe funcionar. El relato, mejor lo impones tú antes de que lo fabrique otro. Vemos como se publican discos “muy personales” en los ha intervenido un ejército de compositores y productores. Y “sinceros” y “honestos”, y con un fondo lírico “vulnerable”, como diciéndote: “aunque hoy haya venido aquí en avión privado, soy igual que tú, con tus miedos e inseguridades”.

Luego está esa insistencia en que tal disco es “muy natural, cero premeditado”, como si pensar mucho las cosas fuera algo propio de seres malvados. No creo que ‘Sgt. Pepper’s’, de los Beatles, o ‘Born to run’, de Bruce Springsteen, fuera álbumes surgidos de brotes “naturales” y “espontáneos”, sino obras minuciosamente ideadas y ejecutadas.

La pretensión de pureza, sinceridad y libertad operativa está incorporada al actual sujeto pop ‘mainstream’, como observa y desarrolla Hans Laguna en su recomendable libro ‘Yo siendo yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop’. Le doy la razón, ateniéndome a las entrevistas con artistas que hago a diario. Por lo visto, necesitamos que el autor de esa canción que tanto nos gusta sea un tipo majo que actúa movido por las razones correctas, y nos parece feo, y propio de gente retorcida, ponerlo bajo sospecha. La música, sí, esa desesperada reserva de inocencia.

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