Entrevista
Sullivan Fortner, el pianista que toca dibujos animados: "El jazz representa todo lo que puede ser bueno en la humanidad"
El estadonidense es una de las figuras estelares de la celebración de los 60 años del Festival de Jazz de Barcelona

El pianista estadounidense Sullivan Fortner, en una imagen promocional. / John Abbott / Cedida

Debió de ser en julio de 2018, cuando el Festival de Jazz de Barcelona celebraba cincuenta ediciones y la cantante Cécile McLorin Salvant era una de las cabezas de cartel. En aquella visita a la ciudad, su pianista en la banda, Sullivan Fortner, le declaró su amor. “Fue el inicio de los ocho siguientes años de mi vida”, celebra el músico, mientras cruza los dedos para que el idilio con una de las voces más conocidas del jazz continúe.
Ocho años después, y cuando el festival celebra sesenta años y cincuenta y ocho ediciones, el estadounidense llega en solitario a Barcelona como uno de los pianistas estrella del género. A las puertas de los cuarenta, su ascenso ha sido progresivo y labrado en el acompañamiento de estrellas como su actual pareja o el fallecido trompetista Roy Hargrove. En los últimos dos años su nombre ha empezado a ocupar las portadas de las principales revistas de jazz y han llegado los premios.
El lanzamiento en 2023 de un doble álbum, 'Solo Game', fue clave para proyectar al mundo a un pianista de inmensos recursos y musicalidad. Avalado por dos maestros del instrumento, Fred Hersch y Jason Moran, este doble disco fue rechazado por un sello discográfico con el argumento de que era música “insoportable”. Terminó por resultar un punto de inflexión en su carrera. De las dudas sobre si publicarlo le sacó su propia compañera, McLorin Salvant. “La primera lección que saqué es que debía hacer caso a Cécile”, comparte Sullivan con EL PERIÓDICO. La segunda, “confía en tus instintos”.
A pesar del éxito, Sullivan Fortner, que actúa este domingo a las siete y media de la tarde en el Conservatori del Liceu, sigue batallando contra el qué dirán. “Me preocupa mucho lo que otros puedan pensar de mí y eso me limita porque no puedo ser realmente yo al 100% con determinadas personas”, confiesa. Una obsesión con la opinión ajena que le empujó durante un tiempo a leer los comentarios a sus vídeos en YouTube y a deprimirse con las críticas. De ese peligroso catálogo de exabruptos que son las redes ha aprendido que “no a todo el mundo le va a gustar lo que haces”. Eso sí, que deje de importarle la opinión de los demás todavía le exige un esfuerzo. Todo lo contrario, al menos en apariencia, que volar sobre el teclado.
"En otro lugar"
Apasionado de la melodía, Fortner admite que no canta cuando toca. “Estoy en otro lugar”, reflexiona. “Veo como dibujos animados en mi mente y trato de tocar con ellos”. Quizá de ahí el punto casi infantil de su música, ese carácter lúdico que engancha al espectador. De hecho, lejos de sentir miedo escénico, salir a un escenario con un gran piano de cola devuelve al de Nueva Orleans a su infancia, “a la habitación de los juegos”. Una vez se pone en marcha, olvida al público. Solo de vez en cuando “me doy cuenta de que hay mucha gente ahí mirándome así que, ¿qué hago ahora?”.
La pregunta le sirve también en el momento de empezar la actuación. “Sé lo primero que voy a tocar, hasta que subo al escenario, veo a la gente y cambio”, comparte. Es decir, decide en función de cómo percibe el ambiente. Para el público de Barcelona imagina que combinará temas del disco 'Solo Game', composiciones nuevas, estándares de jazz e incluso alguna sorpresa. “Acabo de ver la película sobre Michael Jackson así que he estado tocando últimamente algunas de sus canciones”. También deja caer que podría lanzarse con “algo de música clásica”. En todo ello se filtra todo lo que escuchó de niño, que va del gospel y el jazz al “R&B de la vieja escuela”, pasando por la música country o las bandas sonoras de Disney.
Y es que Sullivan Fortner define el jazz como la etiqueta de “un género de música que nadie podía explicar” cuando nació y que hoy es quizá todavía más inexplicable. “El jazz lo abarca todo”, defiende. “Empezó siendo siendo [música] sobre la experiencia afroamericana” y ha acabado por ser “el regalo de Estados Unidos para el mundo”. En resumen, el jazz “representa todo lo que puede ser o debería ser bueno en la humanidad y en el mundo”. Todo eso a piano solo.
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