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Concierto en Barcelona

La Pegatina ya no está de moda, pero incendia el Poble Espanyol con su arrolladora verbena popular

El grupo de Montcada i Reixac recorrió casi por completo su nuevo álbum, ‘Fuegos del barrio’, y rescató sus clásicos a golpe de ska, rumba y ritmos mestizos

Concierto de 'La Pegatina' en el Poble Espanyol de Montjuic, en Barcelona, el 29 de mayo de 2026

Concierto de 'La Pegatina' en el Poble Espanyol de Montjuic, en Barcelona, el 29 de mayo de 2026 / RICARD CUGAT / EPC

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Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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Hace ya tres años que sopló las 20 velas y no parece que el tiempo desgaste a La Pegatina ni le haga alterar el rumbo. Sus conciertos siguen siendo saraos de aquí te espero, vigorosos como en sus años mozos, perfeccionados por su oficio y por el sibilino dominio de cada uno de los resortes que ponen al público en danza. Así fue este viernes en un Poble Espanyol lleno y presto a secundar una sesión de música bailable de antes, de siempre, con nueve competentes músicos en escena, acogida por el festival Empremtes.

Su nuevo álbum se titula ‘Fuegos del barrio’, que recorrieron casi por completo, y hubo, en efecto, llamaradas, rituales y purificadoras, y mucha celebración comunitaria. Dominan el directo y saben cómo dibujar una ola arrolladora de la que no es posible huir y que se te lleva por delante con su encadenado de ritmos ‘skatalíticos’ (retrocediendo hasta ‘¿Cómo explicarte?’, de 2007) y asaltos rumberos: de ‘Cómo se hacen las flores’ a la reciente ‘La voltereta’. Tablas indiscutibles, las de Adrià Salas, con su aire de ser uno más de la fiesta y su distintivo timbre entre metálico y nasal.

Novedad en esta gira es el pantallón horizontal, con realización en directo desde el mismo escenario, donde un cámara se movía como un miembro más del grupo. La Pegatina es un asunto coral y Rubén Sierra pilotó números como el rock latino de ‘Candela’ (donde Salas inyectó a degüello el estribillo de ‘Ni más ni menos’, de Los Chichos), mientras que Romain Renard, el acordeonista, cantó en francés ‘La bidouille’, con su toque soul. En otra de las nuevas, ‘Con este fuego’, se sumó el octeto de percusiones Brincadeira, en una impactante escena realzada por los metales. Jugando con los ‘tempos’, rápido o muy rápido, hicieron pensar en Los Fabulosos Cadillacs en piezas como ‘Revulsiu’.

En su nuevo álbum se les ve especialmente sueltos, como si estar o no en el candelero hubiera dejado de ser tema de conversación, y eso se percibió en el directo, sujeto a un disfrute visible tanto abajo como arriba del escenario. Los clásicos ardieron: ‘El gat rumberu’, con su tonada estirada y entonada por el público. Hubo más rumba en forma de ‘medley’ semiacústico, donde el rescate de ‘Muérdeme’ abrió paso a otra pieza lejana, ‘No a la guerra’. “Parece mentira que después de 20 años tengamos que seguir cantándola”, apuntó Salas.

Y en el camino a ‘Mari Carmen’ y ‘Lloverá y yo veré’ flotó en el Poble Espanyol la sensación de que, en tiempos de culto al ‘star system’ global, La Pegatina representa otra clase de vínculo, cercano y tuteable. El encanto de la verbena de pueblo, magnificada por nueve tipos que saben lo que hacen.

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