Crónica
Un Lang Lang mágico embrujó el Palau

El pianista Lang Lang, en el Palau de la Música el 29 de mayo de 2026 / Mario Wurzburger

Cada actuación del mediático pianista Lang Lang, uno de los más populares de su generación, es todo un acontecimiento. Con las entradas agotadas hace semanas, regresó al Palau como acostumbra, con un programa tan generoso como de difícil ejecución. Adorado y admirado, volvía a Barcelona tras unas inolvidables y particulares 'Variaciones Goldberg' de Bach (2022) para brindar más brillo todavía al más que consolidado ciclo Palau Piano.
El recital arrancó con un contrastadísimo 'Rondó en Re mayor, KV 485' de Mozart, fraseado como si fuera una pieza teatral, con una digitación de maestro. Del rey Beethoven el pianista chino interpretó dos sonatas de periodos bien diferenciados en la trayectoria del compositor, la 'N°. 8, Patética', de 1799, y la 'N°. 31, op. 110', de 1821. Algo más de dos décadas separan estas dos joyas; en la 'Patética' Lang Lang intentó imprimir emoción a su lectura prodigiosa, acentuando el dramatismo del ‘Grave’ del comienzo. Pero en cuanto pudo comenzó con sus carreras impresionando con el trabajo del detalle en dinámicas y agógica: si en el primer movimiento exageró cambios de tiempo y ‘rubatos’ en favor del drama –y a veces en detrimento de destacar todas las voces–, en el segundo cuidó mucho la diferenciación entre los planos sonoros. Una fiesta personal: fue la tónica de todo el recital. Sus efectismos, claro, provocaron aplausos tras el primer movimiento.
La muy posterior y revolucionaria en muchos sentidos 'Op 110' siguió el mismo camino, subrayando toda su modernidad. Desde el primer movimiento hubo gran contraste en las dinámicas, consiguiendo un muy bello sonido, timbrado en los arpegios y construyendo en el segundo algo así como un edificio de nueva planta.
La segunda parte se abrió con una selección de la 'Suite española' de Albéniz, incluyendo refrescantes, delicadas y poco efectistas lecturas de 'Granada', 'Cataluña' (con un final de vértigo), 'Sevilla', 'Cádiz' (una locura), 'Asturias' y 'Cuba'. Maravilloso resultó su enfoque de “Quejas, o la maja y el ruiseñor” de 'Goyescas' de Granados, virtuoso aperitivo a las dos piezas de Liszt que despedían el programa, la íntima 'Consolación N°. 2', y la impresionante “Tarantella”, de 'Années de pèlerinage', en la que el Lang Lang volvió a demostrar su precisión técnica y su dominio casi vergonzante ante una partitura endiablada.
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