Arte
“Tenemos la obligación de ser optimistas”: la artista Lúa Coderch aterriza en Can Framis con una declaración de amor a las nuevas generaciones
La artista, galardonada con el Premio ARCO Antoni Vila Casas en 2025, presenta una obra inspirada en la mirada de las generaciones futuras

Coderch ha creado un vídeo central inspirado en su hijo mayor, una declaración de amor a las generaciones venideras que recupera la facultad visionaria. / EPC
“Tenemos la obligación de ser optimistas”: con la vista puesta hacia delante, Lúa Coderch, ganadora de un premio ARCO, presenta su nueva exposición ‘Assenyala un punt (fora del perímetre de la selecció d’un arbre per indicar que ve del futur)’. “Es una declaración de amor a las generaciones futuras”, resume la artista.
La exposición está concentrada en una sola sala y parte de la idea de un ojo, de manera que relata aquello que sucede dentro de él: desde los elementos más físicos, como las pequeñas manchas que se crean en la visión, hasta la metáfora del paso del tiempo.
La muestra está situada en un nuevo espacio dentro de la colección permanente del Museu Can Framis de Barcelona que, a partir de ahora, se destinará a albergar exposiciones temporales que han recibido reconocimientos. Es el caso de Lúa Coderch, que fue galardonada con el Premio ARCO Antoni Vila Casas en 2025. “Esta sala permite releernos a nosotros y a nuestra mirada del mundo”, detalla Bernat Puigdollers, director de arte de la Fundació Vila Casas. ‘Assenyala un punt’, por su lado, estará disponible del 27 de mayo al 11 de octubre.

La muestra, que estará disponible hasta el 11 de octubre, contrapone elementos de la naturaleza como un tronco talado y una herida en la piel. / EPC
La idea de la exposición parte de “recuperar la facultad visionaria”: “Desde el primer momento, vi un ojo, tanto por las dimensiones de la sala como por el ventanal”, argumenta Coderch. La muestra cuenta con seis obras y toma su mayor inspiración en la pintura renacentista ‘La Santa Lucía’ (1472-1473) de Francesco del Cossa. El cuadro muestra a la mártir cristiana sosteniendo una pequeña rama con dos ojos, una analogía a obtener una nueva visión sobre el mundo. “Nosotros no podemos hacer crecer unos ojos nuevos, pero pensé que la mirada que viene es la de los jóvenes que están subiendo”, detalla la artista.
Con esta idea, Coderch crea el vídeo central de la exposición, una grabación de cinco minutos que se inspira en su hijo mayor. De hecho, la autora escribió esta declaración de amor “de una tirada, como si fuera una carta”. El pequeño filme toma de referente el cine antiguo y sus recursos visuales más sencillos: “Se podría haber hecho con inteligencia artificial, pero, para mí, la insatisfacción que produce el hecho de que no sea perfecto, engancha más”. Los visuales son una apreciación a los pequeños detalles que, a menudo pasan desapercibidos, menos para los más pequeños, como las hojas de los árboles, las piedras o los pájaros: “La vida se ensaya en los mundos diminutos”, asegura la artista.

La artista, en Can Framis. / EPC
El interior de un ojo
Detrás de la tela que tapa la ventana, se halla una pestaña de cuatro metros hecha con pelo sintético. Así, la exposición empieza fuera del recinto y enmarca el resto de las obras. En esta misma línea, otra cortina tiene dibujada un fenómeno entóptico —que sucede dentro del glóbulo ocular— como son aquellas pequeñas manchas que genera el propio ojo.
Moviéndose del mundo de la óptica al de la física, Coderch crea un paralelismo entre la creación de las imágenes en la mente con la generación de la fulgurita —el fósil que se crea en la arena tras el impacto de un rayo—. “Cuando, de repente, viene una idea a la cabeza, es como la sensación de que un rayo te atraviesa. Es algo instantáneo”.
Una mirada al pasado para encarar el futuro
Al fondo de la sala se encuentra un díptico que contrapone dos elementos de la naturaleza: un tronco talado y una herida en la piel. “Habla del agotamiento, de cómo un árbol cortado ya no podrá sumar más anillos”, concreta la autora. De hecho, de este fragmento sale el nombre de la muestra, ya que insta a buscar un punto fuera de la madera para mirar al futuro. Ambas imágenes remiten a la artista, pues la cicatriz se encuentra en su cuerpo y el árbol forma parte del imaginario de su infancia: era el tronco que ella subía cuando era pequeña. “Veo las heridas, pero también la ternura”, concluye Coderch.
Suscríbete para seguir leyendo
- Crítica de 'La memòria de les papallones': la relación entre una niña adoptada, que conserva recuerdos de su reciente pasado, y su nueva madre
- Los 75 años del Premio Planeta, entre el Santo Grial de Javier Sierra y el espejo de Alicia de Eduardo Mendoza
- Mare de Déu, Senyor!
- Epidemias, abuso de drogas y un rodaje recordado como tóxico: el lado oscuro de 'La casa de la pradera
- Lluís Pasqual defiende que la reproducción de la entrevista a Montserrat Caballé con la voz de Judit Martín tenía el permiso de la familia y del Liceu
- Edward Bluemel será el nuevo y joven Hércules Poirot, el relevo de David Suchet
- Liadan Ní Chuinn, la nueva voz sin rostro del trauma de Irlanda de Norte
- Iñaki Antón (Rebrote): “Tocar temas de Extremoduro me remueve muchas cosas”