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Sentencia en Barcelona

El acosador de la pintora y escritora Paula Bonet sufre una "anomalía psíquica" y es absuelto en un segundo juicio

"Te amo. Lo siento por la cerradura. ¿Sería bueno perdonarse?", le escribió el acusado en una pizarra en el taller de la artista

Paula Bonet se retira de la vida pública porque su acosador sale de la cárcel

La pintora y escritora  Paula Bonet  en el Museu Can Framis de Barcelona.

La pintora y escritora Paula Bonet en el Museu Can Framis de Barcelona. / Maria Pratdesaba / ACN

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J. G. Albalat

J. G. Albalat

Barcelona
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El acosador de la ilustradora, pintora y escritora Paula Bonet padece una “anomalía psíquica” y, tras llegar a un acuerdo con la acusación particular y aceptar los hechos que se le atribuían, ha resultado absuelto en un segundo juicio al que se enfrentaba por hostigar a la artista, según la sentencia de conformidad a la que ha tenido acceso EL PERIÓDICO. Una jueza de Barcelona le ha aplicado la eximente completa de trastorno mental defendida por su abogado, Sergi Mercé Klein, por lo que únicamente se le han impuesto las medidas de libertad vigilada, el cumplimiento de un tratamiento o control médico, la prohibición de aproximarse a menos de 500 metros de la víctima y de comunicarse con ella y el pago de una indemnización.

“Te amo. Lo siento por la cerradura. ¿Sería bueno perdonarse?”. Ese fue el mensaje que el acusado dejó escrito a Paula Bonet en una pizarra el 22 de junio de 2025. Al lado, depositó 235 euros en billetes. V. G. entró en el local de la ilustradora la noche anterior, sobre las 22.50 horas, cuando ella no estaba, aprovechando que la persiana metálica no estaba completamente bajada y abriendo a patadas una puerta. Una vez en el interior, el acosador buscó a la artista y llegó a subir por una escalera hasta una zona que ella usa como dormitorio. Al no encontrarla, abandonó el taller, aunque volvió a él a las pocas horas, a las 7.23 horas, con la intención de ver a Bonet. Pero esta vez se apoderó de un colgante de oro, valorado en 180 euros, guardado en un cajón con el nombre de la ilustradora. Después le dejó el referido mensaje.

Durante los meses de mayo a julio de 2025, el acusado, “con la finalidad de coartar la libertad” de Bonet intentó acercarse a ella, cuando lo tenía prohibido por la justicia

Esta y otras tres acciones más de hostigamiento las cometió V. G. cuando un juzgado penal ya le había condenado, en diciembre de 2023, por acoso a tres meses de prisión, dos multas y a la prohibición de aproximarse en un radio de 500 metros a la artista, a su domicilio y a su lugar de trabajo, así como de comunicarse con ella, durante cinco años. Estas medidas le fueron notificadas al acusado el 15 de enero de 2024. Sin embargo, durante los meses de mayo a julio de 2025, el acusado, “con la finalidad de coartar la libertad” de Bonet y “de imponer su presencia a la misma pese a la negativa de esta a relacionarse con él”, intentó acercarse a la víctima hasta en cinco ocasiones, tanto en el taller donde trabaja como en su domicilio particular, en una población de la provincia de Barcelona.

Tocó el timbre de su casa

La primera vez que intentó ver a Bonet fue el 12 de mayo de 2025, cuando se trasladó en tren a la localidad de la víctima y la abandonó en autobús. La estación y la parada del bus están a pocos metros de la vivienda de la ilustradora, por lo que el acusado transgredió la condena. A los pocos días, se dirigió al taller de la artista y, otro día, el 22 de junio, volvió a ese domicilio. Pero esta vez, V. G. tocó el timbre y Bonet, sin saber que era su acosador, le abrió una de las dos puertas y dijo “hola” para comprobar la identidad de la persona que se había apostado en la entrada de su casa. No fue hasta que ella se asomó por la abertura del buzón cuando lo reconoció. Esta situación, explica la sentencia, le causó un “inmediato estado de pánico y ansiedad que le hizo llamar a emergencias”. El acusado fue detenido. Al cabo de unos días, el 17 de julio, el imputado acudió a una estación de metro cercana al taller de la ilustradora.

La artista tuvo que reforzar su seguridad, instalando alarmas y llevando un spray pimienta encima, e incluso ha tenido escolta por parte de los Mossos

La sentencia relata que, desde febrero de 2025, Bonet había reforzado las medidas de seguridad que “había implementado” después del acoso que había sufrido años antes por parte de la misma persona y después de que esta fuera condenada. Por ejemplo, precisa el fallo judicial, se compró un perro de defensa, puso alarmas en su domicilio, se trasladó de residencia, se compró un vehículo y alquiló una plaza de garaje cerca de su taller, a fin de evitar el uso de transporte público. En ese local también instaló alarmas y cámaras, lo que le generó “un importante gasto económico”, subraya la jueza. Además, la ilustradora se compró un bate de béisbol, que colocó en la entrada del taller, y llevó consigo un espray de pimienta. Incluso ha tenido escolta por parte de los Mossos para garantizar su seguridad. Esta situación de “terror” le impidió realizar “acciones cotidianas”, tales como usar el transporte público o ponerse auriculares por la calle.

“Vivir con miedo es la mayor alteración posible de la vida cotidiana de una persona y los actos de acoso del acusado” hicieron a la víctima “vivir con pánico” ante la posibilidad de que apareciera V. G. y “tener que soportar una violencia psicológica materializada a través de contactos y comunicaciones no deseadas y rechazadas”, subraya la resolución. Esta angustia alteró “gravemente” su vida, hasta tal punto de sentir la necesidad de solicitar u obtener una orden judicial de protección. A pesar de ello, añade la jueza, “no pudo vivir tranquila y sin zozobra hasta que se produjo el ingreso en prisión provisional del acosador, el 27 de julio de 2025”.

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