Centenario de su nacimiento
El día en que Miles Davis dejó plantada a Barcelona
Un libro recoge las anécdotas del paso del genial trompetista por los países catalanes

Miles Davis durante su concierto en el Poble Espanyol de Barcelona, en julio de 1986 / FERRAN SENDRA

La primera ocasión en que Miles Davis cruzó a este lado de los Pirineos fue para tocar en el Festival de Jazz de Barcelona, que en 1967 celebraba su segunda edición. Llegó, compró ropa en el paseo de Gràcia -la cargó a la cuenta del propio festival-, se fue a un gimnasio a practicar boxeo con un saco de toallas sucias -no disponían de material profesional- y desapareció. Literalmente. Cuentan las crónicas que el trompetista mantuvo una acalorada discusión por teléfono con el empresario George Wein, promotor de la gira. Disgustado por las condiciones pactadas, dejó tirado a sus músicos y al público.
El recuerdo de esa fallida primera visita de Miles Davis a la capital catalana forma parte de las memorias de 'Sketches of Catalonia', libro que recopila relatos en primera persona y anécdotas sobre el genio del jazz, del que este 26 de mayo se cumple un siglo de su nacimiento. La publicación, coordinada por el periodista y crítico de jazz Pere Pons, pone el foco en las diferentes apariciones del estadounidense en los países catalanes entre 1967 y 1989. Dos años después, Miles falleció. Veinte más tarde, la desaparecida revista 'Jaç', de la que el propio Pons fue su director, le dedicó un número especial del que proceden los textos de este libro, ahora revisados y ampliados.

Miles Davis y Gil Evans durante una de las sesiones de grabación del álbum 'Miles Ahead' en los estudios Columbia en 1957. / Archivo
Aquella primera vez, los aficionados de Barcelona se quedaron con las ganas y descubrieron cómo se las gastaba Miles Davis, pero su espantada les permitió descubrir a otros cuatro referentes de la historia del jazz, los del segundo de los grandes quintetos de la carrera del trompetista, que siguieron adelante sin él. El público del Palau de la Música “se maravilló”, apunta Pons en conversación con EL PERIÓDICO. No era para menos, actuaron Wayne Shorter, Herbie Hancock, Ron Carter y Tony Williams. En la nota informativa que el festival publicó aquel 12 de noviembre de 1967, y reproducida en el libro, se explicaba que Miles se había “ausentado de nuestra ciudad, ignorándose su paradero”. Aclaraban, eso sí, que el músico “percibió por adelantado el cachet contratado para su actuación”.
Regreso 6 años después
A pesar del plantón, Barcelona no vetó a Miles y el estadounidense regresó seis años después. “Vino con toda la artillería”, apunta Pere Pons. “Ya no era el Miles del 67 sino el electrificado”. Es decir, regresó ya en la etapa más rockera, funk y psicodélica de su carrera, con la que llegó a nuevos públicos y perdió a unos cuantos de los aficionados más puristas del jazz. Son los años de discos hoy centrales de la historia de la música como 'On the Corner' o 'Bitches Brew', el trabajo con el que el propio autor del libro descubrió su música.
Esa segunda vez, Davis estuvo a punto de volver a incumplir su compromiso. Un error de coordinación hizo que el material de la gira se quedará varado en la frontera entre Francia y España a la espera de unos documentos que no llegaron a tiempo. Los organizadores le propusieron alquilar un equipo alternativo pero, como recuerda Pons, el que utilizaba el jazzista era “una cosa marciana” en esa España de finales del franquismo. Miles se negó a tocar con “esas mierdas españolas” y Alfredo Papo, miembro del Hot Club de Barcelona, entidad organizadora del festival en aquellos años, amenazó con denunciarlo a la policía si no subía al escenario. Tras sufrir una violenta detención de corte racista por parte de la policía de Nueva York en 1959, es probable que la sola mención de una denuncia le empujara finalmente a tocar. Papo, que falleció en 2013, recuerda en un artículo su actitud displicente con el público y que apenas tocó la trompeta.
Carácter complicado
Estas y otras anécdotas recopiladas en el libro sirven para explicar el carácter complicado y los claroscuros de la vida de Miles Davis, pero también su genialidad artística, la del trompetista que, como apunta Pere Pons, supo distinguirse “por su sonido” y por su “capacidad casi de hechicero” a la hora de elegir los músicos que lo acompañaban en cada uno de los giros estéticos y revolucionarios de su camino. Uno de ellos, Wayne Shorter, es para Pons quien representó hasta su muerte hace tres años “el último bastión” del jazz entendido desde la filosofía inconformista de Davis.
Como guía de su carrera, el libro ofrece una discografía comentada. Sin embargo, en opinión de Pere Pons, la grabación que mejor compendia todas las esencias del trompetista está recogida en un documental titulado 'Miles Electric: A Different Kind of Blue', que incluye una actuación del año 1971 en la isla de Wight. Es, según Pons, “un viaje por la historia del jazz y por la historia de la música del siglo XX”.
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