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Opinión | La caja de resonancia

Barcelona

Barcelona es más de Bad Bunny que de Hernán Cortés

La latinidad que representa el cantante puertorriqueño está a las antípodas de la figura del conquistador de otra era, que aplasta culturas y que tanto gusta a la presidenta madrileña Isabel Ayuso

Concierto de Bad Bunny, en el estadio Lluís Companys de Barcelona.

Concierto de Bad Bunny, en el estadio Lluís Companys de Barcelona. / Zowy Voeten

La imagen de un Estadi Olímpic volcado con Bad Bunny es la de una Barcelona que se alinea con un fervor latino, idea poco discutible, pero ojo con ciertas lecturas que se deriven de esa escena de sincronía, que tal vez no se ajusten al marco mental que el cantante puertorriqueño encarna. Porque lo que él representa, digámoslo sin rodeos, es antagónico a lo de Isabel Ayuso, cuando se molesta en viajar a Ciudad de México con el propósito de reivindicar a Hernán Cortés.

No sé si ciertos momentos del concierto habrían emocionado a la presidenta madrileña, empezando por el video introductorio, donde el par de chavales que, a pie de calle, conversaban sobre Bad Bunny, lo hacían en catalán, y desde ese lugar, recitaban la letra de ‘La mudanza’, interpelados de corazón por su relato en torno a las sacudidas y heridas propias del hecho migratorio. Y siguiendo con el otro, el del querido Sapo Concho, que, sintomáticamente, encarna a una especie puertorriqueña en peligro de extinción, y que procedió a enumerar, desde el mirador del Park Güell, nombres de platos autóctonos como el “pa amb tomàquet” (no ‘pantumaca’) y los “calçots”. Por si no fuera suficiente, el animalito remató su intervención con un “visca el Barça i visca Catalunya”. Se dirá que es oportunismo y marketing, lo cual reafirmaría que Bad Bunny estuvo afinado, porque nadie practica el oportunismo ni el marketing a costa de ideas excéntricas para el sentir popular.

El orgullo latino que invoca Bad Bunny no es el del conquistador que ordena y manda, ni el del que hace valer su superioridad demográfica para aplastar a una minoría. Porque él sabe lo que es sentirse atropellado en tu tierra por un imperio, como se ha encargado de reflejar en su obra, sobre todo la reciente. Quien todavía ande un poco despistado, que le eche un vistazo al video de 13 minutos de ‘Debí tirar más fotos’, donde un señor puertorriqueño topa con la dependienta de una tienda de comida rápida que solo habla inglés y a la que los platos autóctonos que le pide le resultan extraños.

Si, desde la catalanidad, puede haber reticencias hacia el relato más triunfalista o invasivo en torno a lo latino y lo hispano, Bad Bunny interviene para cortocircuitarlas. La otra noche, en el Estadi, nos vino a decir, a todos nosotros, a catalanes viejos y nuevos, a turistas y expatriados, que su invocación de un orgullo compartido no surge de la prepotencia cultural y que el respeto a lo autóctono cuenta, y que, si esa idea vale en Puerto Rico, también vale en Catalunya.

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