Entrevista
Alejandra Costamagna: "En Chile, con 1.500 detenidos desaparecidos, vivimos habitados por fantasmas"
La autora chilena reflexiona sobre el vacío y la ausencia en 'Dónde puedo dejarlo', su nueva novela
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La escritora Alejandra Costamagna, fotografiada en las oficinas de la editorial Anagrama / Pau Gracià / EPC

¿Cómo se narra el vacío? ¿Desde dónde se construye la ausencia? A Rachel Cusk le llevó mucho tiempo, casi media vida, saber cómo escribir "sobre la nada", como ha reconocido en más de una ocasión la autora inglesa, pero Alejandra Costamanga (Santiago de Chile, 1970) 'sólo' ha necesitado ocho años —"aunque los tres de la pandemia no cuentan; para mí el tiempo es menos tres años en todo”, matiza— para desencajar todas las piezas de 'Dónde puedo dejarlo' (Anagrama) y construir un su nuevo libro a partir del silencio, del contorno de las palabras y las relaciones. "El desafío está en ver cuánto hay de ausente en nuestra presencia, en nuestro cuerpo", asegura la chilena, de regreso a la novela casi una década después de quedar finalista del Premio Herralde de 2018 —ganó Cristina Morales; ojo ahí— con 'El sistema del tacto'.
La trama, en apariencia, es sencilla: Mara y Manu, dos amigas veinteañeras, se separan de forma abrupta en diciembre de 1989. Patricio Aylwin acababa de ganar las elecciones presidenciales, la dictadura de Pinochet empezaba a plegar velas y en el horizonte se intuía ya el cambio de ciclo hacia la democracia. Mara, implicada en una organización clandestina, "subversivos que ya no cabían en el nuevo escenario", desaparece. Se esfuma de un día para otro. Y Manu, periodista en una agencia de noticias, acuna su ausencia. "La amistad se mantiene a pesar de ese vacío. Acá hay una amistad interrumpida que mantiene a través de una ausencia que va creando sus propios espacios. También por la conjetura, por la imaginación", explica Costamagna.
En paralelo, a juego con esa amistad fracturada, una época de transición política "habitada aún por los restos" de la dictadura militar. "La relación atraviesa una transición y el entorno también está en transición; una transición fallida hacia una democracia craquelada, con enclaves autoritarios, pactos de silenciamiento e impunidad", reflexiona la autora, entregada desde la micropolítica y la intimidad a seguir alimentando esas historias de fantasmas que desentierran el pasado y la memoria chilena.
"Son las formas que se nos aparecen. No las coordinamos ni las buscamos, pero están ahí porque vivimos habitados por fantasmas. En Chile todavía hay unos 1.500 detenidos desaparecidos, así que, claro, vives ahí pisando fantasmas", explica tras citar ejemplos recientes como 'Marciano', la novela de Nona Fernández, y 'Los huesos', pieza teatral que acaba de estrenar Manuela Infante. "Más que las historias realistas y testimoniales, lo que quedó es el aire de lo fantasmal, de lo que está y no está", subraya.

Alejandra Costamagna / Pau Gracià
Otro tipo de amistad
Con todo, no es 'Dónde puedo dejarlo' una historia de fantasmas al uso, sino una manera de intentar poner voz a lo (casi) nunca dicho. "El vacío no tiene forma, no se puede contar en términos lineales como si fuera un relato en progreso. La lengua de la ausencia tiene como su punto culminante en la palabra desaparecer, que no es una palabra, es un pozo", teoriza Costamagna, para quien el desarraigo de la anterior 'El sistema del tacto' no desentona demasiado al lado de las ausencias de su nueva novela. "Los personajes de acá son desarraigados en otro sentido. Ahí hay un cruce. Habitan en el mismo universo en términos de huir de la certeza y pensar en el tanteo como herramienta para construir", ilustra.
También ha querido la escritora aprovechar las páginas de 'Dónde puedo dejarlo' para explorar maneras "no tan romantizadas e idealizadas" de pensar la amistad. "La amistad, sobre todo además la amistad de mujeres, permite esa sincronía y ese acompañarse; ser compañeras y que el límite de la amistad se cruce con otras identidades", añade.
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