Desenlace esperado
Crítica del final de serie de 'The Boys' (Prime Video): los superhéroes nunca mueren del todo
La aplaudida sátira de la cultura popular y la sociedad estadounidense ha ofrecido sus episodios más oscuros antes de rendirse astutamente a la esperanza
Crítica de 'The Boys (temporada 5)': es el principio del fin para una sátira que ha acabado siendo documental
Crítica de 'The Boys (temporada 4)': el supervillano es el trumpismo

El Patriota (Antony Starr) en una imagen de la temporada final de 'The Boys' / Amazon Prime Video

'The Boys (temporada 5)'
Creador: Eric Kripke
Dirección: Karen Gaviola, Phil Sgriccia
Reparto: Karl Urban, Jack Quaid, Antony Starr, Erin Moriarty
País: Estados Unidos
Duración: 60 min. (8 episodios)
Año: 2026
Género: Acción superheroica
Estreno del episodio final: 20 de mayo de 2026 (Prime Video)
★★★
'The Boys' casi ha acabado con la lucha final entre el Patriota (Antony Starr) y Carnicero (Karl Urban), el villano de la serie y un héroe que, en realidad, tampoco es tan buen hombre, como le recuerda en el episodio final su casi hijo Ryan (Cameron Crovetti), algo así como el Brightburn de todo esto. Para llegar hasta ahí hemos tenido que observar, casi durante más episodios de la cuenta, una carrera por lo que pudiera quedar del Compuesto V de primera generación, el que otorgó la inmortalidad a Soldier Boy (Jensen Ackles). El hijo de este, el Patriota, lo buscaba para ejercer con convicción su papel de nuevo Señor. Los Estados Unidos solo levemente distorsionados de 'The Boys' iban a olvidarse de la separación entre clero y Estado para abrazar una religión nacional, la Iglesia Democrática de Norteamérica, en una transición liderada por el lunático Padre Oh (Daveed Diggs, revelación del musical 'Hamilton', sacando sus mejores armas de 'entertainer').
En sus últimos capítulos, la serie ha vuelto a acertar y mostrarse incisiva como sátira social y cultural de una nación, o cada vez más un mundo, donde el autoritarismo (ejemplificado a través de la figura del superhéroe) es visto como una opción atractiva por parte importante de la población. Hemos visto al Profundo (Chace Crawford) como 'podcaster' de la machosfera, al ubicuo Seth Rogen (uno de los productores de la serie) y algunos de sus colegas hacer de versiones de sí mismos arrimadas al sol más conveniente, o a Águila el Arquero (Langston Kerman) lamentarse por la deriva argumental de una serie antiinmigración escrita por un modelo de IA basada en la obra de Taylor Sheridan. No han faltado tampoco momentos puramente de choque, como ciertos baños en leche materna, una anguila que ataca por un váter o los sueños eróticos de un bulldog inglés. 'The Boys' siempre iba a ser 'The Boys'.
Pero el 'showrunner' Eric Kripke es un tipo listo y sabe que hace falta algo de sinceridad para mantener viva una serie durante cinco temporadas. Ahí es donde entra la necesidad de emociones reconocibles. En esta temporada final más que en ninguna otra, todo ha girado en torno a relaciones difíciles entre padres e hijos; difíciles hasta el punto de llegar al parricidio y rozar el filicidio. Por otro lado, Luz Estelar (Erin Moriarty) ha hecho las paces con ese padre policía, Rick January (Tim Daly), que conserva recortes de las hazañas de su hija pese a estar encargado de perseguir a los seguidores de la misma, injustamente considerada una terrorista. Entre todo el 'gore' irónico se han colado preguntas serias: ¿cómo puede competir la verdad con miles de vistosos, llamativos y furibundos TikToks? ¿Qué pasa si la gente buena se rinde y deja de hacer cosas buenas? ¿Elegirías la inmortalidad si tu ser querido no fuera a compartir tu condición?
Ha sido su temporada quizá más oscura, pero entre las tinieblas han ido colándose rayos de esperanza. Sobre todo en el último baile, un asalto a la Casa Blanca con desembocadura en una lucha tres contra uno de final catártico; esperable, de acuerdo, pero satisfactorio también. Cierto giro posterior prometía un desenlace cortante, pero Kripke ha preferido ser amable con sus personajes y, de paso, dejar la puerta abierta a una continuación tardía.
Que el paisaje quede tan astutamente preparado para una secuela supone, en cierto modo, una traición al espíritu de una serie que llegó (o eso creíamos algunos) para cuestionar la adicción de la sociedad a los superhéroes, el excesivo espacio que ocupan estas creaciones en nuestro imaginario colectivo. Cancelar el 'spinoff' 'Gen V' no ha sido un gesto de contrición, sino un tema de gestión de gastos. Las referencias de esta temporada a Bombardero o Clara Vought allanan el camino a una nueva extensión, la innecesaria precuela 'Vought Rising', sobre los oscuros orígenes de la primera generación de súpers. 'The Boys' se afianza así como parte del problema.
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