Del ‘underground’ a los grandes recintos
Hijos de la Ruina hacen rugir el Palau Sant Jordi con su rap crecido en los márgenes
El trío integrado por Natos, Waor y Recycled J brindó su estilo crudo y con sentimiento en un concierto arrollador en el que contó con Fernandocosta y Lia Kali como invitados

El rap español ha roto su umbral de público con Natos y Waor, pareja que el año pasado llenó el estadio Metropolitano, en su ciudad, Madrid. En Barcelona, ya venían de convocar a su creciente ‘fandom’ en el badalonés Olímpic Arena, y este viernes, transformados en Hijos de la Ruina, al sumarse su colega Recycled J, agotaron el papel en un Palau Sant Jordi formateado para 10.000 personas. Confirmación de la pegada popular de sus barras (léase, versos) con pedigrí, crecidas en los márgenes de la industria, con raíces en las batallas de gallos en parques y casas ‘okupadas’.
Los Hijos de la Ruina se crearon en 2012, se reúnen cada cuatro años y en enero publicaron su ‘Vol. 4’, base de un ‘set’ que trepó hasta las 39 canciones. Su rap es crudo pero con corazón, y lo mismo escupe rimas que dispensa estribillos con melodía, como observamos en el tránsito de ‘Otra vez’ a ‘Bajo cero’. Furor en la sala desde el primer instante, sin preámbulos, en un escenario sin más atrezo que ellos mismos, flanqueados por pantallas. Que tengan sensibilidad no significa que no se puedan poner chulos, ya sea invocando sus orígenes de barrio (“yo ya era rapero cuando ser rapero te cerraba puertas”) o aireando conquistas sexuales (“le puse los cuernos a todas, pero a esto soy fiel”).
No se les vio enfadados con el mundo, sino con luciendo un ánimo de celebración del camino andado, deseando “hacer rugir” a la afición. Sus voces cubrieron diversos registros y se amoldaron a sonoridades cambiantes, con extremos como el metal industrial perceptible en ‘Los niños del barrio’ o el subidón techno con graves retumbantes de ‘First class’ y ‘Rocknrollas’. Mucha lírica autorreferencial, festejando esta reunión del “trío calavera” en ‘Carretera’, tema que concluyeron con un abrazo fraternal, y reconocimiento a sus predecesores, como sus paisanos Hijos Bastardos, a quienes dedicaron ‘Hijos de la capital’.
El trío hizo también suyo el registro de rock urbano enfilando el tramo final, cuando guitarra, bajo y batería se sumaron en un aparatoso ‘Más alcohol’ y ahí se quedaron un rato. Y si Fernandocosta se había sumado antes en ‘Hustlers’, Lia Kali apareció para dar la réplica en ‘No sé’. Tiempo de himnos y clásicos, como ‘Sudores fríos’ o ‘Cicatrices’, cuyo impacto dejó claro que lo que un día fue ‘underground’ hoy reside en la corriente principal.
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