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Estrenos de cine

Carlo Padial, director de 'Pizza Movies': "Me carga todo ese cine cínico y 'destroyer' que es un reflejo del enfado actual"

El cineasta, escritor, guionista y podcáster barcelonés estrena una película protagonizada por Judit Martín y Berto Romero que rinde homenaje a la comedia clásica a través de una pareja que monta una pizzería temática para huir de la frustración laboral y la precariedad existencial

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Carlo Padial, director de 'Pizza Movies', en la cafetería Bracafé, donde graba su pódcast 'Media Offline'.

Carlo Padial, director de 'Pizza Movies', en la cafetería Bracafé, donde graba su pódcast 'Media Offline'. / JORDI OTIX

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Rafael Tapounet

Rafael Tapounet

Barcelona
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'Pizza Movies' es su quinta película. Al mismo tiempo, es la última manifestación de un universo creativo que se expresa también a través de libros, vídeos, series de ficción, docuseries, programas de televisión, pódcasts...

Una cosa que siempre me sorprende mucho es que cuando hago promoción de una película, la gente solo me pregunta por mis películas. O cuando publico un libro, hablan de mis libros. Y yo no lo vivo así para nada. Casi me hace pensar que debería hacer solo cine o que debería hacer solo libros. Pero me parece extraño vivir como si fuéramos escritores del siglo XIX o cineastas del Hollywood clásico. Hoy todo está conectado y es lo más natural sacar ideas de un documental musical para hacer un libro o de un pódcast para hacer una película. Vivimos en ese mundo. Y, aunque trabaje en diferentes medios, sí veo que hay una continuidad en las cosas que hago, una serie de intereses comunes: el humor, el interés por lo psicológico y un punto de vista muy concreto, muy personal, que a veces la gente confunde con la autobiografía.

En 'Pizza Movies' se aprecia una mayor voluntad de cercanía con el espectador que en algunas de sus obras anteriores. ¿Ese es un movimiento deliberado?

Eso es la consecuencia de una cierta evolución. Cuando uno está empezando, todos los proyectos tienen algo de búsqueda de tu propia voz. Mis primeros proyectos tienen algo más de metalenguaje, de desmontaje del propio aparato cinematográfico, porque yo mismo estaba buscando qué significaba el cine para mí y cómo quería hacerlo. Y era una búsqueda un poco a oscuras. Tengo la impresión de que tanto la serie 'Doctor Portuondo', que es un proyecto muy importante para mí, como ahora 'Pizza Movies' son la evolución natural de todo eso. Yo, al final, soy un cinéfilo bastante clásico, un aficionado al cine que oscila entre haber crecido en la Filmoteca viendo películas clásicas americanas y luego buscar autores muy extravagantes, muy personales. Y siento que a medida que me hago mayor lo que me sale es hacer cosas más reconocibles.

También hay un cambio de tono, ¿no? Menos hostilidad y más inocencia, sin ironía.

Sí, bueno, en esos primeros proyectos hay la expresión de un cierto enfado, que se manifiesta en una cosa rota y un poco satírica. Y de manera natural aparece aquí otro aspecto que me es igual de próximo que lo otro, que es la comedia como un género más puro, más narrativo. Mi formación viene de ver películas de Preston Sturges, de George Cukor… En este caso queríamos hacer una comedia que celebrara los diferentes subgéneros de la comedia cinematográfica. En 'Pizza Movies' hay algo de comedia romántica, de comedia de situación, de comedia física, de comedia del absurdo, de fábula moral... Queríamos hacer una película sobre el estado actual del cine, pero sin hacer metacine. La puedes ver como una película muy sencilla, muy directa, sobre una pareja que tiene una idea que es bastante tonta, y por debajo de eso puedes extraer una reflexión sobre el estado del cine o una fábula a lo Frank Capra sobre el momento actual 'poscovid' en el que todo el mundo se siente un poco mal, sobre todo en el sector cultural, porque entiende que su trabajo ha perdido valor, ha perdido relevancia. Y hemos querido hacerlo de esta forma, muy... feliz. Ahí han tenido mucho que ver la gente del equipo: los actores, Berto y Judit, y también Desirée [de Fez] y Carlos de Diego, los coguionistas, que creo que me han llevado a un terreno más amable.

¿El proceso de montar una pizzería, con todas sus dificultades y limitaciones, sirve también como metáfora de lo que supone levantar una película?

Claro, el trayecto de la pareja protagonista intentando montar su negocio disparatado avanza en paralelo al proceso de hacer la propia película. Cada vez que ellos están hablando de lo difícil que es todo, estamos hablando de lo difícil que es hacer la película. Cuando ellos se ven ahí en esa 'dark kitchen', sin recursos, intentando levantar un sueño o buscando esa realización en un entorno difícil, estás hablando de ti, evidentemente. La película la puedes leer así, por descontado.

"El cine hace solo 25 años era lo más importante y ahora ya no lo es. Y me parecía 'guay' hablar de eso"

Hacer una película sobre la pérdida de relevancia del cine, ¿es más un acto de resistencia o un grito desesperado?

Asistir desde la cinefilia a la pérdida de relevancia del cine crea un espacio muy bonito. Hay muchas películas que, cada una desde su posición y desde los medios de que dispone, reflexionan sobre esto. 'Érase una vez en Hollywood', de Tarantino, por ejemplo. A mí me conmueve y me interesa mucho ver cómo estamos viviendo la pérdida de centralidad de eso que para muchos de nosotros ha sido una de las cosas más importantes de nuestra vida. El cine hace solo 25 años era lo más importante y ahora ya no lo es. Y me parecía muy guay hablar de eso desde esa especie de neurosis en la que viven los periodistas culturales. La protagonista es una crítica de cine que vive todo el rato neurotizada frente a pantallas secundarias, frente al móvil, frente al portátil... Ahí ya hay una imagen muy bonita sobre el estado del cine. ¿Qué cine quieres o puedes hacer en un tiempo en el que vivimos delante del ordenador o mirando el móvil? Hay una idea chula ahí. La peli, en forma de broma, refleja eso, cómo se va apagando ese mundo que ha sido lo más importante. No trae soluciones, claro. Mi sensación es que el cine siempre va a estar ahí, pero existe la posibilidad de que se convierta en un espacio algo más lateral.

Y, sin embargo, la proyección de 'Pizza Movies' en el festival D’A, en una sala enorme llena de gente, fue toda una celebración del cine.

A raíz de ese pase del D’A, y también de la presentación en el Festival de Málaga y del preestreno que hicimos en Madrid, he llegado a la conclusión de que no es casual que esta película funcione tan bien con público y que provoque esa reacción tan entusiasta. Creo que genera un sentimiento muy genuino de conexión, especialmente al verla en una sala con más gente, porque de algún modo sirve de bálsamo a los temas que se plantean en ella. Y creo que ahí el cine sí tiene algo que aportar, porque tenemos la necesidad de encontrarnos de manera colectiva en espacios en los que poder vivir juntos a través del arte cosas que nos preocupan. Es todo tan jodido, el nivel de incertidumbre es tan alto, todo el mundo está tan preocupado, tan asustado, tan enfadado… Y, de golpe, ver con otra gente que se siente como tú una película tan positiva que está hablando de las mismas cosas que os preocupan crea un efecto de bálsamo, de catarsis, que pienso que es muy necesario y hace que la peli tenga un sentido y un propósito muy bonito. Ahí hay una enseñanza interesante.

Carlo Padial, en la proyección de 'Pizza Movies' en el festival D'A, en la sala Aribau

Carlo Padial, en la proyección de 'Pizza Movies' en el festival D'A, en la sala Aribau / D'A

Hacer hoy en día cine con "un propósito bonito" tiene algo de contracultural, ¿no?

Es que me parece que ya hay demasiado cine cínico, demasiado cine 'destroyer' que es un reflejo del enfado actual. Es un cine muy de Twitter, por decirlo de algún modo. Todo ese 'Succession', 'The White Lotus', las películas de Ruben Östlund... Son maravillosas, sí, pero a mí ya me carga que todo el mundo se odie, se engañe, que todo sea tan autodestructivo. Desde luego, no es como yo soy. Yo conecto mucho más con Mel Brooks o con Frank Capra. Y en el centro de mi humor, hasta del más satírico o deconstruido, hay un ávido lector de Chesterton, de esos relatos morales que celebran la inteligencia desde la alegría. Yo conecto con eso. No veo el mundo como algo horrible, sino como una cosa muy bonita. Y me parece bonito hacer una película sobre unas personas que intentan realizarse y ser felices en un momento como el actual.

"En esta era tan materialista, valoro mucho el privilegio increíble de haber podido hacer una película como esta"

Aunque su saldo final sea de menos mil euros, que, por otro lado, parece un precio bastante razonable para cualquier empresa artística que se hace desde el entusiasmo y la ilusión genuina.

Eso es algo que tengo siempre muy presente. Cuál es el precio. En esta era tan materialista de Instagram, donde la gente está todo el rato vigilándose los unos a los otros, como le pasa un poco al personaje de Judit Martín, yo pongo mucho en valor el privilegio increíble que es poder hacer una peli como esta que he hecho. Y firmo hoy mismo poder hacer otra igual en las mismas condiciones. Creo que eso no tiene precio. A ver, yo no soy idiota, tengo dos hijos que mantener... Pero necesito hacer cosas que me inspiren; si no, me moriría. Un poco como les pasa a los personajes de 'Pizza Movies'. No me vale solo con la escala de los proyectos o la posición o el presupuesto. Eso está muy bien, pero si el precio para tenerlo es renunciar a todo, no lo quiero. Tiene que haber un equilibrio. Lo bonito de la película es que ellos, al final del viaje, parece que están donde han estado siempre, a menos mil euros, pero por el camino algo ha sucedido, hay pequeños indicios de que están mucho mejor. Y, de alguna manera extraña, han encontrado una senda.

Como dice el personaje de Judit Martín, siguen deprimidos pero están mucho más felices.

Exacto, ese es el mensaje de la película.

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