Entrevista | Elisabeth Anglarill Periodista y escritora
Elisabeth Anglarill, escritora: "No soy una persona esotérica, pero hay lugares con los que conectas y Empúries es uno"
La periodista debuta en la literatura con la novela policíaca 'Los malos muertos' (Siruela) ambientada en l'Escala y el yacimiento de Empúries y dividida en dos épocas.

La periodista y escritora Elisabet Anglarill. / EDUARDO LAPLAZA
Elisabeth Anglarill (Barcelona, 1967) es periodista y trabaja en Televisión Española como directora de documentales y guionista. También ha publicado diferentes libros de no ficción, algunos con coautoría y otros propios, hasta ahora, que presenta 'Los malos muertos' (Siruela), su primera novela de ficción con una trama dividida en dos tiempos —el año 1912 y el 2012— con un escenario compartido, l'Escala y el yacimiento de Empúries, y dos muertes violentas. Después de presentar el libro en Zaragoza, Palma de Mallorca y este jueves 14 de mayo en la librería 'Nollegiu' del Poblenou, en Barcelona, a la autora le gustaría detenerse también en las ruinas de 'Empúries', uno de los escenarios principales de la novela. "Me gustaría mucho, pero no depende de mi", admite.
¿Qué significa Empúries para usted?
Un espacio que me fascina. A veces hay lugares con los que conectas. No soy una persona esotérica, en el sentido de decir que tuve otra vida allí, ni mucho menos, pero sí que hay lugares con los que estableces un vínculo rápidamente y, en este caso, no te diré que me conozco cada piedra, pero casi.
Del periodismo a la literatura. ¿Qué ha motivado este salto?
La ficción siempre ha estado presente en mi vida y ya me había presentado a concursos con relatos, pero no me había enfrentado a un proyecto tan ambicioso y tan largo con la voluntad de publicarlo. Supongo que el salto de periodista a novelista es como orgánico porque, al final, estamos contando historias y las herramientas son las mismas: las palabras. Primero dejas volar tu imaginación, no tienes que ser fidedigna a la realidad, aunque va bien ser verosímil. Entonces eres tú quien manda a tus personajes y no a la inversa, como cuando haces una información y tienes que ceñirte estrictamente a la realidad y ser muy fiel a los testimonios. Creo que este vínculo, definitivamente, es el de contar historias de maneras diferentes.
En esta historia, l'Escala es el escenario escogido. ¿Qué relación mantiene con ella?
Toda la vida, desde que estaba en la barriga de mi madre, que me he movido por l'Empordà, por la Costa Brava, porque ha sido el lugar familiar de veraneo, que ha ido variando en función de los años. Empezamos en Begur y fuimos subiendo hacia el norte. Entonces tengo muchos recuerdos infantiles de l'Escala, de 'Empúries', de toda la bahía de Roses; es un lugar que me es muy próximo y quizás, como no tengo un pueblo porque soy de ciudad, me he autoadoptado allí mismo. Es mi lugar de referencia, donde voy a recargar pilas, donde me gusta sentarme frente al mar y disfrutar del sonido de las olas, del verde de los pinos, y sobre todo me gusta mucho más en invierno que en verano, hoy por hoy. Cuando tienes 20 años es diferente, pero ahora te aseguro que sí.
El salto de periodista a novelista es como orgánico porque, al final, estamos contando historias y las herramientas son las mismas: las palabras"
Además, describe l'Escala con profusión de detalles. Es como si nos hiciera un paseo por sus lugares queridos.
Lo son, me lo he pateado mucho.
También incluye elementos que le son muy propios de ahora y de antes, como el hablar salado, la tramontana...
He de decir que hay un conocimiento que se adquiere recorriéndolo y el otro que he tenido que adquirir en la biblioteca de l'Escala, sobre todo la parte histórica. He consultado el archivo, he estado muchas horas mirando revistas antiguas para ver que no se hablaba igual o las canciones que se cantaban en aquella época. Supongo que por deformación profesional, porque soy periodista, he ido a informarme a las fuentes, a documentarme y, igual que lo hago por la parte más criminalística, también lo he hecho por la parte histórica. He ido a buscar ser lo más verosímil posible, aunque la historia sea absolutamente de ficción.
¿'Los malos muertos' son muertos que molestan, muertes inoportunas?
No hay nunca buenos muertos, pero hay muertes lógicas o esperadas, pero 'Los malos muertos' son los que indignan, los que perturban un entorno, los que aparecen en el lugar donde no deberían estar y no encajan nada y que, por lo tanto, sacuden todo el entorno, sea familiar o, en este caso, el de toda una localidad.
En su novela, como mínimo, hay un par de estos muertos, pero también personas, como la policía Alex Sabell, que quieren saber quiénes son, darles paz.
Sí, es esta necesidad de justicia que tiene Alex y que va un poco ligada también a cosas que van brotando de su interior y que tienen que ver con los muertos, pero que forman parte de su pasado. En esta novela hay tanto secretos de los muertos como secretos de los vivos. A medida que se avanza en la lectura, se puede ver que en la familia de Alex también hay secretos y que esto a ella la sacude y también tiene una necesidad importante de saber, que extrapola a cualquier persona que se haya encontrado; no concibe que no se sepa quién es o a quién pertenecen los restos óseos que se han encontrado en el yacimiento y que se cierre el caso como si nada.

La periodista i escritora Elisabeth Anglarill se confiesa como una enamorada de l'Escala y Empúries. / EDUARDO LAPLAZA
La novela la estructura en dos tiempos: uno en el año 1912 y el otro en el 2012, y ambos comparten el escenario del yacimiento de Empúries y l'Escala.
Sí, los hechos que suceden en 1912 tienen una continuidad en el tiempo que se prolonga hasta el 2012. Además, hay ese crimen por resolver que no se resuelve hasta el 2012. Por lo tanto, sí, estas dos tramas se van combinando.
En la de 1912 recrea un momento muy especial: el inicio de las excavaciones en Empúries y cómo los escalencs lo vivían, de manera contradictoria.
Es un momento en el que todo estaba por hacer y, evidentemente, la legislación no tenía nada que ver con la actual. Hoy en día, lo que es patrimonio y lo que no lo es está muy marcado y establecido, y no hay ninguna duda. Pero en aquella época existía el dilema, tampoco estaba acotado. Era el momento de la eclosión de las expediciones arqueológicas en muchos lugares y en el yacimiento de Empúries se había oficializado la excavación por parte de la Junta de Museos, se había decidido que eso sería oficial. Además, había mucho interés por parte de las autoridades y las instituciones por identificar aquello que se estaba excavando allí como la historia oficial del país. De ahí esos discursos tan encendidos de Puig i Cadafalch, por ejemplo, y de la defensa enconada que hace Jaume Gavaldà, que es el director de las expediciones, de la defensa del patrimonio, de que aquello que se encuentra no solo en el entorno acotado de Empúries, sino en los alrededores, en las viñas de los propietarios, pues, tienen que empezar a pensar, y eso es lo que están intentando explicar a la gente de allí, que es patrimonio y que, por lo tanto, pertenece a todos y no solo a ellos, que no lo tienen que poner en una vitrina en casa o venderlo a quien les haga la mejor oferta, sino que tienen que pensar que es algo importante y que tiene un valor añadido, más allá de unas monedas.
Es el nacimiento de la conciencia de que es un legado que hay que proteger.
Es el momento en el que está surgiendo este concepto en nuestra casa y, por eso, es tan interesante. Aparte de que se estaba empezando a descubrir el grueso importante de Empúries.
En ese momento, junto a los grandes nombres, imagina a Mateu Mercader, un joven arqueólogo.
Mateu parte de una idea abstracta, ese idealismo de un momento efervescente. Él, pues, es un joven con ilusiones, que quiere llevar a cabo el trabajo con la mayor seriedad posible, que cree en lo que hace. Pero una vez llega al yacimiento también se encuentra con muchas contradicciones y se desorienta mucho. Tampoco sabemos muy bien hacia dónde tirará: si aprovechará su acceso directo a las ruinas para hacer expolio de antigüedades o se decantará por la defensa del patrimonio, como parece que apunta al principio. Eso lo dejo al aire.
Cierto, hay una cierta incertidumbre. También en el yacimiento.
Sí, me interesaba crear un clima ambiguo.
Juego con la idea de que la propia novela es como un yacimiento donde vas excavando, excavando, y cada vez que bajas vas encontrando otra capa"
Algunos de los escenarios que retrata en aquel 1912 nos son muy presentes ahora, como 'Villa Teresita', el actual 'Hostal Empúries'.
El hostal, originalmente, era 'Villa Teresita', y después ha sufrido múltiples variaciones, intervenciones y ampliaciones, pero si vas al hostal hay colgadas algunas fotografías de Josep Esquirol, que hay alguna que es la misma 'Villa Teresita'. Entonces es muy fácil, hoy en día, incluso, distinguir el perfil de la fachada. Estas fotografías de Josep Esquirol tan buenas de las ruinas me han resultado una gran inspiración, porque viéndolas es muy fácil entrar tú dentro de la fotografía y empezar a oír el ruido del pico y la pala y de las vagonetas sobre los raíles, porque realmente transportan. Esto también ha sido una fuente de inspiración importante.
En su relato no solo se menciona a Esquirol sino que también aparece Caterina Albert y su vinculación con Empúries, que es muy importante.
Sí, me pareció que si la novela estaba ubicada en aquella época y en 'Empúries', pasar por encima de Caterina Albert era como un poco injusto, porque fue una figura importante, que además hizo aportaciones; ella no estaba de paso. Se habla de prohombres, pero ella también era una pro-mujer de la ciudad, su familia, pero ella también. Puig i Cadafalch y Caterina Albert son los dos únicos personajes reales que aparecen con diálogo en la novela, porque de Esquirol se hace mención, pero no aparece como personaje nunca.
En el otro hilo temporal, el 2012, tenemos la trama más policíaca. Es cuando aparecen dos cadáveres: uno actual y el otro de 1912.
Son dos muertos con cien años de diferencia, pero están ligados, de alguna manera.
También encontramos robos de patrimonio en los dos hilos temporales.
Obviamente, robos de piezas valiosas siempre ha habido, pero es una cuestión que continúa vigente. Era una manera de hacer una especie de denuncia social, de enfatizar que son noticias reales, no mentiras, que pasan cada día. Tampoco me estoy inspirando en un hecho concreto.
La Interpol dispone de una web dedicada a delitos contra el patrimonio cultural.
Sí, trabajan en colaboración internacional cuando se trata de expolios que llegan al país, por ejemplo, a través de subastas para ser blanqueadas y que provienen de países en conflicto. Países como el Yemen, donde es muy difícil rastrear las piezas porque tampoco están bien identificadas ni clasificadas, pues hay tráfico y llega hasta Europa, al mundo occidental en general. Después también hay algunos expolios, quizás de menos alcance, como ir con un detector de metales a las proximidades de yacimientos, quizás no entrar en las zonas acotadas, sino en el exterior para buscar monedas antiguas o cosas así. Y eso pasa en España cada día.

'Los malos muertos'
Autora: Elisabeth Anglarill
Editorial: Siruela
Páginas: 368
Precio: 21,95 euros
¿Y robos en museos?
Que yo sepa, aquí eso no pasa. Bueno, pasó en el Louvre, pero no es lo habitual.
¿Cómo ha sido el proceso de escritura de esta primera novela porque tiene una trama compleja?
Sí, con bastantes personajes y con muchas capas. Juego con la idea de que la propia novela es como un yacimiento donde vas excavando, excavando, y cada vez que bajas vas encontrando otra capa y el lector se puede quedar con la lectura de entretenimiento, que es absolutamente válida, divertida y amena, pero si quiere ir profundizando puede ir encontrando otros interrogantes, otras cuestiones, y no hace falta quedarse en la superficie, si no quiere. Esto no se hace así como así, es un ejercicio complejo, he podido dar tiempo a la novela y dejarla reposar un rato. Un rato quiere decir un tiempo y eso te da una distancia que después, cuando la vuelves a retomar, le puedes quitar la grasa que le sobra e ir un poco más a la esencia y hacer que todo ligue bien. En este sentido, me he sentido una privilegiada, he disfrutado mucho de la escritura porque realmente es un lugar donde me encuentro muy cómoda y me gusta, pero eso no quita que también yo misma diga que me he complicado un poco con una trama sofisticada que podría haber hecho más simple.
¿Que sea policíaca es porque le interesa el género o por qué la historia lo pedía?
Soy muy lectora de novela policíaca, pero una cosa es ser lectora y otra, escritora. Fue un reto que me puse a mí misma y además quizás al principio solo inicié la novela policíaca en el tiempo pasado, el 1912, pero sí que noté la sensación de que la quería traer a la época contemporánea, quería añadir un personaje femenino que tuviera mucha fuerza y este es Àlex Sabell. Entonces ya me compliqué con las dos tramas. Tengo algunos referentes de novela policíaca que, en este sentido, no diría que me reflejo en ellos, pero sí que están como resonando dentro de la novela.
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