Historia
"Llamó Boadella a casa y dijo que tenía una obra que quería hacer en Manresa porque en Barcelona la prohibirían"
La proyección del documental 'De la sala Loyola al teatre Kursaal', en el cual Joan Morros y Ramon Fontdevila repasan los últimos cincuenta años de cultura manresana, llena la platea del Conservatori
La cinta se vuelve a emitir este lunes, 11 de mayo, a partir de las 18 h, y para asistir solo hay que retirar una invitación en las taquillas del Kursaal o en la web del equipamiento

Los protagonistas y responsables del documental en primer plano, en el Teatre Conservatori / MIREIA ARSO
"¿Has oído hablar de Rialles?", le preguntó Joan Morros a Ramon Fontdevila, jóvenes como eran, con toda la vida por delante y más ilusionados que un niño el día de Reyes. "¿Qué te parecería si lleváramos Rialles a Manresa, colaborarías?". Medio siglo después de aquella conversación en la copistería del "señor Morros", como se conocía al padre de Joan, Josep Maria, un activista de piedra picada, los dos amigos se sentaron para recordar viejos tiempos, una época en la que todo estaba por hacer y, como diría el poeta, todo era posible. Unos días que, gracias a proyectos compartidos y a mil y una aventuras, acabaron desembocando muchos años después en el rutilante Kursaal que el año próximo ya hará veinte años que opera, rehabilitado y orgulloso de ser un proyecto de consenso. El encuentro entre los dos futuros profesores, que transitaron caminos insospechados y paralelos, pero separados, tomó forma de documental, 'De la sala Loyola al teatre Kursaal', 1 hora y 40 minutos de memoria que se ha estrenado esta mañana presentado por Sílvia Sanfeliu y con la platea del Teatre Conservatori llena. Este lunes, a las 18 h, segunda sesión: la entrada es libre, pero hay que recoger invitación en las taquillas del Kursaal o bien en la web.
Todo empezó el 18 de diciembre de 1960, cuando abrió sus puertas la Sala Loyola, conocida como Sala Ciutat cuando se hizo cargo de ella el Ajuntament de Manresa. "Desde 1960 hasta 2006, cuando cerró, fue uno de los centros culturales más importantes que tuvo Manresa", rememora Joan Morros en los primeros minutos del documental. En el estreno de hoy han estado presentes muchos de los que formaron parte del mosaico cultural de la ciudad que despertaba a la democracia, un puzle de muchas piezas, personas, entidades e iniciativas que han quedado registradas en el imaginario popular. La cinta convoca nombres cuyo eco aún resuena: Tabola, Bloc, Rialles, ... y el Galliner, que cumple su 30º aniversario conservando las reuniones de los lunes de las cuales tan deudora es la cultura local.
El periodista Xavier Domènech, quien fue subdirector de Regió7, ha destacado que "Joan y Ramon se han explicado cosas que ya saben el uno del otro fingiendo que no para poder decirlas ante la cámara", provocando la sonrisa de los concurrentes, y ha remarcado que "lo hacen justo en el lugar donde estuvo el escenario de la Sala Loyola" y que hoy es uno de los espacios del Museu del Barroc. "¡Y en butacas amarillas!, que ya son ganas en un escenario espectral", ha añadido. El color maldito de las artes escénicas no ha tenido ningún efecto tóxico en esta ocasión. La Sala Loyola hace una década que fue presa fácil de las excavadoras, el Teatre Conservatori salió indemne de un referéndum sobre su existencia en el centro de la ciudad y el Kursaal resucitó de entre los muertos para volver a la vida en contra del pronóstico más optimista.
Como recuerda el documental, Mary Santpere protagonizó la última actuación del equipamiento del Passeig Pere III en 1988 y le pidió a Agustí Soler i Mas que la llamaran si alguna vez lo reabrían. En febrero de 2007, desgraciadamente, ninguno de los dos estaba ya allí, pero los suyos son dos de los incontables nombres propios de un largometraje que no esquiva temas polémicos como el enfrentamiento entre Tabola y el consistorio a causa de la reforma a medias de la Sala Loyola. "Querían que pasáramos de mil butacas a quinientas", explica Morros. Pero las necesidades eran más profundas. Las fotografías de época muestran, por ejemplo, unos lavabos indignos, una indecendia.
'De la sala Loyola al teatre Kursaal' es un interesante ejercicio de memoria hecha desde la vivencia. El documental incluye fotografías antiguas, voces en off y páginas de Regió7, fiel testimonio de un proceso con final feliz. Y, no podía ser de otra manera, no faltan las anécdotas. Como apunta Fontdevila, "no tenía carnet, pero yo también conduje el R5 con el que hacíamos propaganda de los espectáculos". En otro pasaje, recuerdan que el 23 de febrero de 1981 salieron a pegar carteles con la radio en el suelo para escuchar las noticias del golpe de estado. Morros, por su parte, también viaja al pasado para hablar del día que Albert Boadella llamó a su casa: "le dijo a mi padre 'escúcheme, tenemos una obra de teatro que querríamos venir a hacer a Manresa antes de ir a Barcelona, porque cuando lleguemos a Barcelona seguro que la prohibirán'. Era 'La torna', y efectivamente no llegó a Barcelona porque en Reus la Guardia Civil la prohibió, encarcelaron a los Joglars y empezó aquella campaña que muchos recordarán a favor de la libertad de expresión".
Eran otros tiempos, aunque a menudo no lo parezca. Después de la proyección de esta mañana, los asistentes han sido invitados a un refrigerio en la plaza Fius i Palà y a dejar por escrito sus impresiones. Los responsables del documental son Àngels Fusté, Rosa Clarena y Joan Morros (guion), Isabel Casanova (dirección de fotografía y cámara) y Joan Ferrer (sonido directo y montaje). Un trabajo necesario para dejar constancia de unos tiempos lejanos, pero no tanto, en los cuales la participación ciudadana, el compromiso colectivo y la democratización de la cultura eran un horizonte que, día a día, se acercaba a la vida de las manresanas y los manresanos.
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