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Iain MacGregor, historiador: "Las 12.000 bombas nucleares que existen hoy se podrían cargar todo el planeta"

El historiador británico Iain MacGregor publica un completo ensayo con testimonios de supervivientes donde recorre los nombres clave que rodearon el lanzamiento de la bomba atómica sobre Japón. "Trump hace poco pidió los códigos de acceso nuclear pero el jefe de Estado Mayor no se los dio", alerta

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Supervivientes de la bomba atómica sobre Hiroshima.

Supervivientes de la bomba atómica sobre Hiroshima. / ARCHIVO

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Anna Abella

Anna Abella

Barcelona
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Michiko Kadama, de 7 años, acababa de llegar al colegio la mañana del 6 de agosto de 1945. Miraba por una ventana cuando a las 8.15 el bombardero B-29 Superfortress Enola Gay del Ejército de EEUU lanzó la bomba atómica bautizada Little Boy sobre Hiroshima. Su potencia equivalía a 15.000 toneladas de TNT. 80.000 personas murieron al instante. Muchas más lo harían días, meses y años más tarde a causa de las entonces desconocidas secuelas de la radiación. Eso le ocurrió a la mayoría de la familia de Michiko. Herida, vio cómo su padre consiguió recogerla. Fuera vio "el infierno en la Tierra": "personas calcinadas, muchas muertas, algunas se tambaleaban, una intentaba colocarse los ojos en las órbitas, una madre llevaba un bebé carbonizado, la piel les colgaba, pedían ayuda...". Son retazos del testimonio que esta superviviente relató al historiador británico Iain MacGregor, cuya investigación nutre el completo ensayo ‘Los hombres de Hiroshima’ (Ático de los Libros).

"Lanzar la bomba sobre Nagasaki fue un crimen de guerra"

Michiko es una "hibakusha", como llamaron a los supervivientes que la propia sociedad japonesa discriminó durante décadas. Ella misma vio cómo la familia de un pretendiente la rechazaba porque no querían que les manchara "la sangre del diablo". Con los años se casó con otro hombre y tuvieron una hija que moriría de cáncer. "Nadie entendía que una persona aparentemente sana, de repente tuviera tumores, problemas respiratorios… y murieran. No sabían cómo se transmitía, ni qué era el envenenamiento por la radiación", detalla el también autor de 'El Faro de Stalingrado'.

La explosión de la bomba atómica tras ser lanzada sobre Hiroshima, el 6 de agosto de 1945.

La explosión de la bomba atómica tras ser lanzada sobre Hiroshima, el 6 de agosto de 1945. / PEACE MEMORIAL MUSEUM / EFE

Volviendo atrás, apunta MacGregor, la masacre habría sido inimaginable si hubieran "explotado los 64 kilos de uranio-235 que llevaba la bomba en vez del 2%, como descubrieron después los científicos". "Ni ellos mismos sabían cuáles serían los efectos de aquellas bombas. De hecho, la noche antes decidieron que la prepararían a bordo del avión y ya en el aire y a una hora de lanzarla para evitar los daños de una posible explosión prematura mientras la activaban". Tirarla sobre Hiroshima "podía argumentarse por su componente militar estratégico y diciendo que si seguía la guerra con Japón morirían muchas más personas, pero la bomba sobre Nagasaki [tres días después] fue más allá, fue un crimen de guerra. Querían otro ensayo porque aún no habían visto los efectos de la bomba de plutonio y los comandantes entendieron que podían utilizarla porque Japón aún no se había rendido".

"Si Hitler hubiera apostado por la bomba atómica hoy no estaríamos aquí"

Hiroshima, arrasada por la bomba atómica, fotografiada por el Ejército estadounidense el 6 de agosto de 1945.

Hiroshima, arrasada por la bomba atómica, fotografiada por el Ejército estadounidense el 6 de agosto de 1945. / PEACE MEMORIAL MUSEUM / EFE

En 1938, señala el historiador, "temían que los nazis habían empezado un programa nuclear. Los físicos judíos que abandonaban Alemania advertían de que Hitler estaba en camino de desarrollar uranio-235 para la bomba atómica. Pero en realidad, Hitler daba más importancia al arsenal más tradicional y su programa nuclear no llegó a despegar. Dedicó a su proyecto de cohetes V1 y V2 el mismo dinero que los estadounidenses al Proyecto Manhattan, al que estos destinaron lo que hoy serían 34.000 millones de dólares". Pero, augura, "si Hitler hubiera apostado por la bomba atómica hoy no estaríamos aquí".

"Trump hace poco pidió los códigos de acceso nuclear pero el jefe de Estado Mayor no se los dio"

Fue el general Leslie Groves el auténtico artífice del Proyecto Manhattan que llevaría a Hiroshima. Se ocupó de todo y contrató al físico J. Robert Oppenheimer, que lideró a un ejército de científicos de élite. Y aquí no puede evitar el historiador criticar la película de Christopher Nolan sobre él. "No hay voces japonesas, Groves solo aparece 8 minutos, y ensalza y blanquea la figura de Oppenheimer insinuando que tuvo dudas o sintió culpa. ¿Cómo puede lamentar tener las manos manchadas de sangre si llevaba cuatro años trabajando en el proyecto y solo él y un par de pesonas de su equipo conocían realmente su dimensión?".

El Enola Gay, el bombardero que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima.

El Enola Gay, el bombardero que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima. / ARCHIVO

En cambio, el historiador confiesa su admiración por Harry Truman, "uno de los presidentes de EEUU más eficaces del siglo XX, que de la noche a la mañana, al morir Roosevelt [en abril de 1945], se vio ocupando su lugar y sin apenas información". Firmó el acuerdo de paz en Europa en Postdam con Churchill y Stalin y "vio cómo Alemania había sido destruida por un gobierno fanático. Pensó que podía pasar lo mismo con Japón y que podía evitarlo lanzando la bomba para acelerar la rendición".

Robert Oppenheimer y el general Leslie Groves, artífices del Proyecto Manhattan, en septiembre de 1945.

Robert Oppenheimer y el general Leslie Groves, artífices del Proyecto Manhattan, en septiembre de 1945. / Credit: Digital Photo Archive, Department of Energy / AIP Emilio Segre Visual Archives

Ante la actual escalada bélica global, MacGregor recuerda que además de EEUU, China y Rusia, también tienen arsenal nuclear Corea del Norte, Israel, India, Pakistán… "Buscarlo en Irán no justifica atacar el país. Hoy día hay 12.000 bombas nucleares, 3.000 de ellas activas, que podrían lanzarse ya. Con las bombas existentes se podrían cargar todo el planeta. Me preocupan los EEUU de Trump… hace poco pidió los códigos de acceso nuclear y por suerte el jefe de Estado Mayor no se los dio. Él solo no puede 'apretar el botón' por capricho porque es una decisión conjunta con el Congreso y de hacerlo jodería a las grandes potencias China, Rusia, Francia, que deben mantener la economía bajo control... Además, Trump ha abandonado los tratados de no proliferación nuclear, rechaza las inspecciones de la ONU… el mundo es más peligroso que nunca", lamenta, para añadir que "¿quién nos dice que no desarrollarán un dron capaz de transportar una bomba atómica y lanzarla? El problema no es tanto si un país con arsenal nuclear es peligroso, sino que lo tenga un grupo terrorista o una organización independiente". "Pero no les hace falta lanzar la atómica porque la guerra convencional les funciona perfectamente. Mira Israel. Y el dinero que mueve esta industria", opina MacGregor.

Víctimas de los bombardeos incendiarios con napalm contra Tokio en 1945.

Víctimas de los bombardeos incendiarios con napalm contra Tokio en 1945. / ARCHIVO

Bombardeos con napalm

Y volviendo atrás, también pocos meses antes de Hiroshima, cuantifica: "EEUU destruyó 66 ciudades de Japón, dejó a ocho millones de personas sin hogar y un millón de personas, la mayoría civiles, fueron masacrados. Y lo hizo con armas convencionales, bombardeando con napalm. Solo en Tokio mataron a entre 85.000 y 120.000 personas. Y fue premeditado. Habían hecho ensayos con réplicas de ciudades japonesas en el desierto. El napalm se inventó en Harvard".

"Si Hitler hubiera apostado por la bomba atómica hoy no estaríamos aquí"

Entre esos "hombres" del título del libro, destaca MacGregor al periodista estadounidense John Hersey, "quien sabía que lo que apela al lector son las historias humanas". En 1946, tras entrevistar a más de 30 supervivientes, publicó en ‘The New Yorker’ su reportaje ‘Hiroshima’. Fue el primero en revelar al mundo la magnitud de las secuelas de la radiación enfrentándola al mensaje de su Gobierno: «EEUU ha ganado y lo ha hecho de la forma menos cruel posible».

Los hombres de Hiroshima

Iain MacGregor

Traducción: Gonzalo Torralba

Ático de los Libros

480 páginas. 25,95 €

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