Estrenos de cine
'Yo no moriré de amor', la película que mira al alzhéimer a la cara: "Falsear la realidad sería como escupir a las víctimas"
La ópera prima de Marta Matute, que parte de una experiencia propia, ha entrado ya en la carrera de los Goya después de triunfar por todo lo alto en el Festival de Málaga

Marta Matute (izquierda) y Júlia Mascort, directora y protagonista de 'Yo no moriré de amor', en Barcelona. / Zowy Voeten

Poco después de que Marta Matute (Valdemoro, 1988) alcanzara la mayoría de edad, su vida se vio arrasada por la demencia frontotemporal que sufrió su madre a una edad trágicamente joven. En muy poco tiempo, los roles familiares cambiaron por completo y Marta y sus hermanas tuvieron que combinar los estudios con los cuidados de una persona dependiente. "Recuerdo que, estando mi madre enferma, yo pensaba: 'Algún día haré algo con esto' -explica Matute-. Veía que a mi alrededor nadie de mi edad estaba pasando por algo parecido y sentía que esa era una historia que tenía un valor, que debía contarse de alguna manera". Le ha llevado años, pero al final Marta Matute ha podido contar la historia en una película, 'Yo no moriré de amor', que este fin de semana ha llegado a los cines después de haber triunfado a lo grande en la última edición del Festival de Málaga, donde ganó la Biznaga de Oro al mejor filme español y los premios a la mejor actriz (Júlia Mascort) y al mejor actor de reparto (Tomás del Estal).
Cuando la directora envió el proyecto al programa de residencias de la Academia de Cine en busca de ayuda para poder desarrollarlo, tuvo que redactar una carta de motivación. "Se trataba de decir por qué era importante contar esta historia. Y expliqué que en su día yo me había sentido muy sola y quería acompañar de alguna manera a las personas que están pasando por esto; mostrarles las partes menos bonitas y enseñarles que es totalmente normal pasar por momentos de frustración e incluso de rabia. A mí me habría gustado ver una película que reflejara eso, que me hiciera entender que no era una mala persona por sentir lo que sentía".
En 'Yo no moriré de amor', la existencia de la joven Claudia (Júlia Mascort) sufre un vuelco cuando su madre (Sonia Almarcha) empieza a mostrar síntomas de un alzhéimer precoz y ella debe repartirse los cuidados con un padre inescrutable (Tomás del Estal)y una hermana con la vida montada en otra parte (Laura Weissmahr). "Cuando empecé a escribir el guion a partir de mis experiencias, pensaba que iba a ser algo traumático -apunta Matute-. Pero yo guardo muy pocos recuerdos de esa época, los he borrado todos. Lo que recuerdo son las emociones. Así que fui dejando que entrara la ficción y eso hizo que esta dejara de ser solo mi historia y empezara a ser la historia de muchas más personas. Al final, aunque no lo buscaba, ha sido un proceso inevitablemente terapéutico".
Una película "honesta"
Marta Matute insiste mucho en que su principal propósito era hacer una película "honesta" que pudiera "mirar a la cara" a la enfermedad y a quienes sufren con ella. Aquí los personajes no son seres de luz que salen reforzados de la dura experiencia sino unas personas con problemas de comunicación que simplemente hacen lo que pueden. "Caer en lo melodramático nunca fue una opción -dice la directora-. Por eso la película ni siquiera tiene música. Si nos metíamos en ese camino de honestidad, teníamos que ir con todo. Aun así, yo pienso que nos ha quedado una cosa humana y tierna, pero que no maquilla la realidad".
En el camino, ha habido quien ha creído que esa búsqueda de la honestidad podía derivar en una dureza algo incómoda. "Llegaba a ser un poco frustrante -relata Matute-. Íbamos a un mercado de películas y había agentes de ventas que se interesaban por la película y la acababan rechazando diciendo que la propuesta era estupenda pero dura. Se te cae un poco el alma a los pies. ¿No la quieres porque es dura? Entonces, ¿qué películas tenemos que hacer? ¿Solo las que terminan bien? ¿Las que no son reales? Por suerte, después hemos visto que la gente conecta precisamente por eso, porque no huye de la realidad. Y vienen personas que también están pasando por esto y nos dicen: "Gracias, porque es tal cual". A esta gente no la puedes engañar. Sería como escupirles a la cara".
Una disociación
Antes de ponerse a dirigir, Marta Matute ha sido actriz y ha impartido clases de actuación. Y esa experiencia se nota en el fenomenal desempeño de los intérpretes, que brillan desde la contención de unos personajes incapaces de conectar con sus vidas, secuestrados mentalmente por la situación que están atravesando. "En estos casos, se produce una disociación -cuenta la cineasta-. No puedes participar al 100% en ningún aspecto de la vida que llevas. Y tampoco te puedes detener en la emoción de lo que estás pasando, porque, si lo haces, te vas a la mierda. A mí me ha costado muchísimo quitarme la movida de mi madre de la cabeza. Yo recuerdo estar en todo el mogollón y no poder desconectar nunca. Todo te habla de tu situación. Estás con amigos y, si ves que uno lleva un táper con comida hecha, ya piensas: 'Mi madre no me hace un táper'. Cosas así todo el rato. No te puedes librar de eso".

Júlia Mascort y Marta Matute, en Barcelona / Zowy Voeten
Al frente del reparto está Júlia Mascort, una joven actriz barcelonesa que debuta en el largometraje con una interpretación de las que causan impacto después de haber llegado a la película a través de un cásting abierto. "En las pruebas yo estaba abierta a dejarme sorprender -explica la directora-.Entonces apareció esta rubia medio nórdica y me dio algo diferente a la Claudia que yo había escrito. Y pensé: 'Esta es una versión mejorada que va a coger la peli y la va a llevar por un lado que creo que me va a interesar mucho'. Y no me equivoqué". A su lado, Mascort sonríe agradecida y confiesa que cuando acudió al cásting tenía pocas esperanzas de hacerse con el papel. "Pero fui ahí con todo, porque sabía que el proyecto era muy potente -agrega-. Después, en el rodaje, al ser una historia real, y encima de Marta, sí sentí un poco de presión, porque quería estar a la altura. Me preguntaba mucho: '¿Por qué yo?'. Pero como en el resto de las decisiones veía que ella demostraba mucho criterio, me tranquilizaba diciéndome a mí misma: 'No te preocupes, que no se ha equivocado'".
El paso triunfal por el Festival de Málaga ha situado ya a la película, a la directora y a la protagonista en posiciones destacadas en la carrera de los premios Goya 2027, algo que ellas prefieren tomar con cautela. "Los premios de Málaga me han dado una paz que llevaba muchos meses sin tener -dice Matute-, porque son la confirmación de que la película se está entendiendo. Y es verdad que de cara a los Goya se posiciona la peli super guay, pero yo prefiero no pensar en eso. Estoy superagradecida por la recepción que hemos tenido hasta ahora y si luego me nominan, fantástico, pero de momento sigamos adelante con la vida y a currar".
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