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Joaquín Verdú: "El hombre puede divertirse con la moda igual que la mujer"

El diseñador Joaquín Verdú.

El diseñador Joaquín Verdú. / Cedida

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Anna R. Alós

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Joaquín Verdú ha vestido a famosas, a esposas de políticos, a la muñeca Barbie, y ha exhibido sus modelos en el Museo Reina Sofía. Lo suyo no es el corte preciso ni el patrón rígido, y el proceso es lento por lo que tiene de artesano. La moda en género de punto es un territorio que muy pocos profesionales de la moda han explorado. En España es el único en lo que se refiere a concepto global, algo que lo convierte en un diseñador de culto que este año 2026 cumple sus 50 años con sus colecciones. Su absoluto dominio del dibujo pone la guinda a prendas que se mueven al mismo ritmo del que las usa. Hay historias con algunas clientas que son más que mencionables. Las recuerda desde Logroño, ciudad en la que vive con su pareja y en la que da clases de técnicas textiles como ingeniero textil que es.

-¿Qué hace usted en Logroño?

-Pues vivir. Mi pareja es riojano, y esta ciudad es increíble. Es bonita, tiene un tamaño controlable, doy clases a gente joven, lo cual me encanta. En Barcelona tenía poco recorrido. ¿Qué le pasa a esa ciudad? Está como dormida. También es cierto que he tenido el privilegio de vivir allí mis mejores años y presentar mis colecciones.

-Ha diseñado punto para mujer y para hombre, y en ambos casos ha sido muy transgresor.

-Porque el género de punto, de lana, de algodón, de lo que sea natural, permite crear volúmenes, texturas y estructuras imposibles con otros tejidos. Y, a la vez, se pueden conseguir formas por las que nadie apostaba. El punto no corta, construye cada línea, cada curva, y eso abre un campo creativo enorme. Creo que he logrado mostrar prendas que han sorprendido porque se alejan de la idea de “la rebequita”. Son prendas sofisticadas, algunas muy provocadoras, y provocativas, con escotes infinitos. Lo mío ha sido sacar el punto de la zona de confort ‘dominguera’. Y en cuanto al hombre, hay que ir abandonando la idea de un aspecto lineal. El hombre puede divertirse con la moda igual que la mujer.

-Muchas esposas de políticos de primera fila se vistieron de Verdú. ¿Qué me cuenta de ellas?

-Pues sí, muchas. Ha habido de todo, pero le contaré que Helena Rakosnik, esposa de Artur Mas, es educada y muy agradable, nunca me causó un problema. Marta Ferrusola, por el contrario, me instó a servirle un vestido en horas. Le dije que era imposible hacer eso en punto. No es cortar y coser una tela, hay que poner en marcha la maquinaria.

-¿Lo entendió?

-Qué va. Yo presentaba entonces mi colección en la Pasarela Gaudí. Pues tuve que poner el taller en marcha y trabajar toda la noche porque me amenazó con echarme de las pasarelas. “Si no hay vestido, no hay desfile”, me dijo. La Gaudí dependía de la Generalitat, tocaba hacer lo que ella pedía. Le aseguro, conociéndola, que yo no hubiera desfilado más.

-Aunque es feo hablar de dinero, ¿las señoras de los políticos abonaban la cuenta?

-Sí, es feo hablar de dinero, pero ya que estamos no, no pagaban. Suponían que era un gesto de promoción. Quizás tenían razón, no lo sé. Pero también se han vestido en Verdú, y pagado, Maribel Verdú, Aitana Sánchez Gijón, Carmen Maura, Silvia Marsó.

-El punto, ¿es la fórmula más olvidada de la moda?

-Olvidado no, pero sí mal entendido. Hay mucho oficio en el diseño de punto. Las máquinas, los hilados, las tensiones, todo cuenta. Pero ojo, la tecnología no sustituye la sensibilidad, eso nunca. Además, el punto es más sostenible que cualquier otro tejido porque puedes producir con menos desperdicio, ajustar mejor los patrones y trabajar con fibras naturales, o sea responsables.

-Usted ha conseguido llegar a prendas de punto que parecían imposibles, como los godets, por ejemplo.

-Ahí está lo que le decía, la técnica. En punto se puede hacer casi todo, es un universo infinito y al final se puede tratar como la alta costura. Tiene, cómo le diría… Algo muy cercano a la piel, y esa cercanía lo convierte en algo muy íntimo y sensual. Por eso me interesó dedicarme a estudiarlo, a perfeccionarlo. El punto se mueve contigo, respira contigo.

-¿Cómo es su proceso creativo?

-De entrada mi curiosidad es constante, y la calle me muestra lo que necesita y lo que yo quiero contar a las personas surge. Lo interesante en la creatividad es el proceso, desde el dibujo hasta la prenda final. La arquitectura, la música, el cine, todo influye en un diseñador. La moda es un comportamiento y eso hay que entenderlo como un proceso global.

-¿Qué prenda en punto considera imprescindible?

-Un buen jersey es lo más versátil, pero no cualquiera, como le he dicho, uno de calidad. Aunque solo tenga uno, que sea bueno, que esté bien construido, con un hilo de calidad y una estructura que favorezca el cuerpo. Es una de esas piezas que, si está bien hecha, puede acompañar durante años sin perder interés.

-Pensar en una prenda de punto conduce a pensar que engorda.

-¡Falso! Si está bien hecha sienta estupendamente, pero muchos diseñadores parece que le tienen miedo. Además, conecta con algo esencial: el confort, la identidad y la emoción. El punto tiene memoria, y eso nunca pasa de moda. Y le diré que una prenda a veces puede no ser cómoda, pero la indumentaria no siempre ha de complacer, a veces una persona se decide por el impacto visual, ¿por qué no?

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