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'Hangar rojo', cuando el terror fascista robó a Chile su color: "Deberían verla los militares. Sería de gran ayuda para generar debate"

Un fotograma de 'Hangar rojo'.

Cuando el levantamiento militar del 11 de septiembre de 1973 culminó con el asesinato del presidente de Chile, Salvador Allende, y el ascenso al poder del general Augusto Pinochet —que sumió al país en una dictadura que se prolongaría durante casi dos décadas y durante la que más de 3.000 personas fueron asesinadas y hasta 40.000 sufrieron torturas—, debía ser imposible imaginar hasta qué punto sus efectos traumáticos seguirían siendo palpables hoy, más de medio siglo después. "En mi país hay heridas que siguen muy abiertas todavía", confirma el director Juan Pablo Sallato, cuyo primer largometraje de ficción rememora lo sucedido entonces. "Diría que es la primera película chilena que aborda el asunto desde el punto de vista del ejército, y eso deja claro que el tema sigue generando una incomodidad extraordinaria".
En los cines españoles desde este viernes tras ganar cuatro premios en el Festival de Málaga el pasado marzo, ‘Hangar rojo’ no trata de abordar el golpe en su totalidad, sino que se centra en sus primeras 36 horas para contemplar la construcción de la maquinaria de opresión en un mundo que ha cambiado literalmente de la noche a la mañana. Adoptando formas de 'thriller' político, en concreto, acompaña a un hombre atrapado en el caos del colapso institucional, contrario al golpe pero incapaz de oponerse a él, y que trata de obedecer órdenes sin convertirse en cómplice o, dicho de otro modo, de mantenerse fiel a sus convicciones sin sacrificar su vida. Para ello, permanece pegada a su protagonista a lo largo de pasillos y dentro de vehículos, oficinas y conversaciones apresuradas, y se envuelve de una atmósfera cada vez más espesa de tensión y amenaza a través de una narración concisa y un estricto control formal.
Inspirada en la autobiografía ‘Disparen a la bandada’ (2002), en la que Fernando Villagrán explora la dictadura a través de su propia experiencia como prisionero, ‘Hangar rojo’ se sitúa en la academia de entrenamiento para pilotos y paracaidistas de Santiago en la que el capitán Jorge Silva (Nicolás Zárate), antiguo jefe de Inteligencia de la Fuerza Aérea, comanda la instrucción de los cadetes. Cuando los golpistas reconvierten el lugar en un centro de interrogatorio y tortura, el oficial se resiste discretamente a implicarse, pero Sallato deja clara la estrechez de su margen de maniobra cuando se le exige que colabore activamente en la represión.
Silva no es una construcción ficticia; existió realmente y, tras interrogar a Villagrán y a otros detenidos, los salvó de ser ejecutados. A causa de ello fue arrestado, torturado y encarcelado durante años, antes de exiliarse en Londres. Allí murió en 2024, antes de que empezara el rodaje de la película. “No lo veo como un héroe clásico, y no fue alguien que pudiera definirse como de izquierdas”, matiza Juan Pablo Sallato, que evita idealizar al personaje o erigirlo en mártir. “Pero hizo algo de enorme valor: seguir los dictados de su conciencia en lugar de las órdenes de su institución, unas órdenes ilegales”.
A través de su protagonista, ‘Hangar rojo’ recuerda que los sistemas fascistas suelen funcionar gracias a personas que insisten en que solo están haciendo su trabajo. “En buena medida, lo que los hace posibles es aquello a lo que Hannah Arendt se refería al hablar de ‘la banalidad del mal’, comenta el director. “Cómo personas corrientes llegan a cometer atrocidades no por motivos ideológicos o por una maldad intrínseca, sino simplemente por el impulso de obedecer órdenes ciegamente. Cuando el individuo abandona el pensamiento crítico, se convierte en alguien muy peligroso, y por eso la película es una invitación a pensar”.
Relato cargado de violencia
Pese a que el suyo es un relato cargado de violencia, ‘Hangar rojo’ renuncia a representarla de forma explícita para limitarse a insinuarla; deja ver y oír lo justo para que entendamos lo que está ocurriendo, y así ilustra la precisión mecánica y la rutina burocrática con las que operan las estructuras del totalitarismo. Como el cine de género nos ha enseñado, al fin y al cabo, “muchas veces la sensación de terror se transmite mejor no a través de lo que se muestra, sino de aquello que apenas se sugiere”, señala Juan Pablo Sallato, que asimismo añade densidad atmosférica a la narración mediante una fotografía monocromática que despoja a la película de toda calidez en pos de una imaginería clínica. “El blanco y negro nos ayuda a adentrar al espectador en una zona moral llena de grises, a transmitir el dilema moral que siente el capitán”, explica. “Además, en su libro Villagrán describe cómo, desde el mismo momento del golpe, Santiago se convirtió en una ciudad en blanco y negro”.
Desde entonces, Chile creyó haber recuperado para siempre el color. Pero no. ‘Hangar rojo’ fue rodada en buena medida en Mendoza debido a la negativa de la Fuerza Aérea de Chile a colaborar con su producción. Y su presentación mundial en la Berlinale a principios de año coincidió con el ascenso político en el país de José Antonio Kast, líder ultraconservador cuyo padre fue militante nazi y que se ha declarado admirador de Pinochet. “Tenemos una capacidad increíble para seguir cometiendo los mismos errores una y otra vez”, lamenta su director al referirse al proceso de negacionismo y supresión de la memoria en el que, afirma, está inmerso su país. “Hay una reacción en contra de recordar lo sucedido durante los años de Augusto Pinochet. Las generaciones más jóvenes dicen estar cansadas de oír hablar de ello. Pero lo que cuenta la película no solo es relevante para mi país”.
Conviene no olvidar, en ese sentido, que la dictadura chilena formó parte del Plan Cóndor, la campaña de represión política respaldada por Estados Unidos con el fin de erradicar toda actividad socialista o comunista de América Latina, región actualmente amenazada por los abusos del actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump. “En todo el mundo se está normalizando el ascenso del autoritarismo y la erosión tanto de los derechos humanos como de los acuerdos internacionales, y esas vulneraciones no solo son aceptadas sino incluso apoyadas por ciertos sectores de la sociedad; vivimos un momento de impunidad alarmante”, sentencia Sallato, que en cualquier caso se muestra esperanzado ante el estreno de su película en Chile, previsto para el próximo octubre. “Creo que deberían verla los militares. Sería de gran ayuda para generar debate y cumplir con el objetivo con el que fue creada: ayudarnos a entender que es importante pensarnos como sociedad. Y pensar, sin más”.
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