La presencia sorprendente del 'tour'
El Último de la Fila y la enigmática guitarrista Sara García
La aparición, en los conciertos de esta gira, como guitarrista, de la hasta hoy desconocida Sara García, hija de Manolo García (aunque él no llegue a confirmarlo y se deleite jugando al despiste), ilustra el grado de celo que el dúo ha aplicado a la protección de su vida privada en tiempos en que mandan la fascinación por la fama y la exposición pública

La guitarrista Sara García, durante un concierto de Manolo García en el Auditori del Fòrum, el 4 de diciembre de 2025 en Barcelona. / Cedida / Josep Maria Palou

El pasado domingo, en el Estadi Olímpic, cuando el primero de sendos conciertos de El Último de la Fila en Barcelona encaraba su tramo final, una presencia juvenil se apoderó discretamente de los teclados para deslizar las armonías iniciales de ‘Lápiz y tinta’. Incorporada así a la banda, luego se pasó a la guitarra eléctrica y ahí se quedó el resto del recital. Manolo García presentó ‘Sara’ jugando a las adivinanzas: “Alguien me dijo el otro día: ‘yo le puse a mi hija el nombre de Sara por la canción’. ¿Cuántas ‘saras’ hay aquí esta noche, a ver?”, preguntó, en una demostración de cómo caminar por el filo entre la vida privada y la pública sin resbalar (y eso que invitaba a ello aquel suelo mojado por la lluvia).
El Último de la Fila fue siempre un dúo, una “sociedad”, como ellos dicen, en la que prevaleció la posición de artistas, músicos, señores que hacen canciones y las cantan, ni más ni menos que eso, sin que ese rol deba significar una elevación al estatus de celebridades sometidas a la lupa social. No se esconden, no son Greta Garbo, ni cabe aquí hablar de misterio, sino de un afán de normalidad, de protección de la esfera íntima respecto al escrutinio público. Es posible que la naturaleza de los barceloneses y catalanes ayude a preservarla. Manolo García vive en Barcelona y, Quimi Portet, en Vic, y más o menos todo aquel que quiera saberlo, lo sabe, y no pasa nada.
Esa fama traicionera
Pero hoy ser famoso suele ser el objetivo, y el medio es una excusa, una herramienta. Eso es perceptible en el mundo de la música, por mucho que Rosalía advierta que la fama es una amante “mala” y “traicionera”. Viendo la de contorsiones que se hacen para salir en la foto, y como se exhiben ligues, novios y separaciones (para luego lamentar la ansiedad y los desórdenes psíquicos que genera tal exposición), por comparación puede descolocar el celo de los ‘últimos’. Pero su biografía ya ha dado señales de que la popularidad 'per se' no es la meta: el rechazo al ‘minuto de oro’ en Barcelona-92, el desinterés por peinar Latinoamérica para multiplicar mercados, la separación del dúo cuando su negocio estaba en lo alto.

Manolo GarcÍa y Quimi Portet durante el concierto de El Ultimo de la Fila en el Estadi Olimpic. / FERRAN SENDRA
Manolo García es un ciudadano ausente de las redes, que dice (y habrá que creerle) que no lee la prensa ni ve la tele. Es posible que cultive la idea, respetable, de que no es necesario saberlo todo de un artista para disfrutar de su obra. Durante bastantes años, ni siquiera se sabía su edad, una incógnita ya despejada hace mucho en la Red. Nacido en una familia procedente de Férez (Albacete), siempre situó su infancia en Poble Nou, y no fue hasta el año pasado que, en un encuentro con este diario de tono informal, fuera de agenda, habló de un entorno mucho más duro, el del Somorrostro.
Guitarrista seria
La vida privada y/o familiar del cantante ha quedado siempre fuera de la incumbencia de la prensa musical, y la del corazón tampoco se ha entrometido porque no se le ha dado juego. Los interiores de Portet son algo más diáfanos: él ha mencionado alguna que otra vez a su única hija, Eugènia, nacida en 1993. Y respecto a Sara García, sabemos que ya tocó la guitarra en público en algunos conciertos de Manolo, en la gira de 2024, y el pasado diciembre en el Auditori del Fòrum.
En el Estadi, Sara estuvo muy visible y se le dispensaron planos generosos en las pantallas, seria y aplicada con la guitarra. Preguntado al respecto, Manolo García ríe y se hace un poco el loco, el artista que no sabe, no contesta. “Hay otro componente del grupo que se llama Juan Carlos García”, despejaba el otro día a este diario. “Yo qué sé, yo no he dicho nada”. Pero lo decía todo, a su libre manera, la de quien siempre suspiró por vivir “lejos de las leyes de los hombres, donde se diluye el horizonte”.
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