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Arte

Femen y Pussy Riot irrumpen en la Bienal de Cultura de Venecia en plena polémica por la reincorporación de Rusia

La protesta ha tenido lugar durante la presentación a la prensa, en vísperas de la apertura oficial

Un miembro de las activistas Pussy Riot con la bandera ucraniana delante del pabellon ruso de la Biennal de Venecia.

Un miembro de las activistas Pussy Riot con la bandera ucraniana delante del pabellon ruso de la Biennal de Venecia. / MARCO BERTORELLO / AFP

Irene Savio

Irene Savio

Roma
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Con pasamontañas y bengalas rosas y el torso desnudo como consigna, el colectivo feminista Femen y el grupo ruso Pussy Riot han irrumpido este miércoles en ocasión de la presentación a la prensa de la 61.ª edición de la Bienal de Cultura de Venecia. No ha sido un gesto aislado ni una provocación más: ha sido una escena pensada para incomodar en un contexto ya de por sí cargado. La polémica viene de antes. La reincorporación del pabellón ruso —ausente desde la invasión a gran escala de Ucrania— y la presencia de Israel han tensado en las últimas semanas el ambiente hasta hacerlo casi irrespirable.

Las activistas no han suavizado el mensaje. "Estamos aquí para recordar que la única cultura rusa hoy es sangre", ha dicho Inna Shevchenko. Otra frase, lanzada como una acusación directa: "Este pabellón se alza sobre fosas comunes ucranianas".

Desde que se anunció, a principios de marzo, la vuelta de Rusia ha generado una oleada de rechazo en círculos culturales y políticos europeos. Tanto el Gobierno italiano como la Unión Europea han mostrado su incomodidad: la segunda, hasta el punto de amenazar con retirar una subvención de dos millones de euros. La crisis ha ido escalando. La semana pasada, el jurado de la Bienal dimitió en bloque tras la decisión de excluir a Rusia e Israel de los premios, en medio del ruido por las órdenes de arresto por crímenes de guerra emitidas por la Corte Penal Internacional contra sus dirigentes.

El enojo

El pabellón ruso, de momento, no abrirá sus puertas al público. Permanecerá cerrado durante la inauguración oficial, del 9 de mayo al 22 de noviembre, a la espera de una autorización que no llega. Pero eso no significa silencio. Las actuaciones musicales grabadas en su interior durante los días de prensa —consideradas un acto privado— se proyectarán en pantallas gigantes en el exterior. Una presencia a medias, casi espectral.

La exposición, titulada El árbol enraizado en el cielo, reúne a una treintena de jóvenes músicos, filósofos y poetas. La mayoría son rusos, aunque también participan creadores de México, Mali o Brasil. "Quiero agradecer a la Bienal su apoyo a la idea de que todos los países estén representados aquí", ha dicho la comisaria, Anastasia Karneeva, señalada incluso por supuestos vínculos con la hija del actual ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.

El presidente de la Bienal, Pietrangelo Buttafuoco, también ha vuelto a defender su postura. "Aquí el único veto es la exclusión preventiva. Me preocupa la censura anticipada, las declaraciones que llueven de todas partes construyendo un veredicto antes del debate. La Bienal no es un tribunal. Es un jardín de paz. A las instituciones les pedimos diálogo, no papeles que circulan. Intentemos juntos mirar la luna", ha dicho.

Decisión ya tomada

Buttafuoco se ha reafirmado así en una decisión ya tomada. A principios de marzo, 22 ministros europeos de Cultura y Asuntos Exteriores le enviaron una carta en la que pedían reconsiderar la participación de Rusia, que consideraban "inaceptable en las circunstancias actuales". La Comisión Europea fue más allá a mediados de abril, al advertir de que podría congelar o cancelar la subvención concedida a la Bienal. "Los eventos culturales financiados con dinero de los contribuyentes europeos deben defender los valores democráticos, promover el diálogo abierto, la diversidad y la libertad de expresión; valores que no se respetan en Rusia hoy en día", argumentó.

La presión no ha remitido. La semana pasada, la Unión Europea volvió a dirigirse al Gobierno italiano para pedir aclaraciones sobre las condiciones en que se acoge a la delegación rusa, ante el temor de que se puedan vulnerar las sanciones europeas contra Moscú. Pero Buttafuoco no ha dado marcha atrás.

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