Entrevista
Valeria Luiselli: "En momentos de autoritarismo las artes también florecen en lugares raros"
La escritora mexicana regresa, siete años después de 'Desierto sonoro', con la novela 'Principio, medio, fin'
Feltrinelli desembarca en España de la mano de Anagrama

La escritora mexicana Valeria Luiselli, fotografiada en Caixaforum Barcelona / Ferran Nadeu

Siete años después de publicar 'Desierto sonoro', artefacto de ficción que la consagró como exquisita cronista de las fracturas familiares y una de las grandes voces transfronterizas, Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983) regresa a la narrativa con 'Principio, medio, fin' (Feltrinelli; Angle en catalán) novela que sigue a una madre y su hija en un viaje por la volcánica y ventosa Sicilia. "Hay libros cuya trama misma quizás es lo que sostiene el libro, pero para mí la trama es una consecuencia de explorar los núcleos de preguntas que me interesan", apunta la autora, embarcada aquí en una historia que orbita alrededor de los clásicos grecolatinos, los nuevos comienzos y todas las maneras imaginables de explicarnos a través de la memoria y la imaginación. "La ficción no equivale a la no verdad, sino a darle una forma particular a lo que tenemos", defiende Luiselli, recién llegada de Nueva York, ciudad en la que vive desde hace dos décadas, para participar en el festival En Otras Palabras con una charla con Enrique Vila-Matas.
Una madre, una hija y un viaje que bien podría ser su propia 'Odisea'. ¿Qué es lo que están buscando?
Hay dos grandes formas de épica: el viaje de los héroes griegos que ganan una guerra, se pierden un rato y vuelven a casa, y luego la otra gran épica virgiliana, en la que los héroes no ganaron ninguna guerra, sino que más bien la pierden y no tienen a dónde volver. Por supuesto, es una gran épica canónica que sirve para contar la historia de la fundación de Roma, pero también, pensándolo a escala, es la historia de muchas madres e hijas, padres e hijos, pequeñas familias que por una u otra razón tienen o deciden o deben irse y volver a empezar y volver a entender dónde está casa.
La protagonista busca nuevas maneras de ser madre, de ser escritora. ¿Es también cada nuevo libro una manera de volver a empezar?
Para mí sí, siempre. Es como volver a aprender a escribir. Siempre empiezo diciendo cómo carajo escribí un libro y lo termino pensando cómo carajo lo hice. No es que no haya claridad, pero tengo mucha más confianza en las intuiciones que voy teniendo sin tener nunca claro a dónde voy a llegar.
No siento los clásicos como un escape, sino como una manera de reaprender a mirar y prestar atención"
Con ‘Principio, medio, fin’ viaja a Sicilia, al origen de las historias, al hogar de los clásicos.
Sicilia para mí es la gran frontera de este lado del mundo. Es un archipiélago volcánico de una actividad intensísima, donde todo el tiempo se siente como si fuera a acabar el mundo, todo está explotando siempre. Luego, por supuesto, es una frontera histórica mitologizada a lo largo de siglos. Y hoy en día también es una frontera geopolítica, un puerto de llegada donde confluyen distintas poblaciones. Esa condición fronteriza siempre me ha dejado perpleja.
¿Se ve entonces como escritora fronteriza? ¿Se encuentra cómoda en ese terreno?
No me considero nada en particular. Preferiría tener la libertad de no ser nada. ¿Que me ha obsesionado el espacio fronterizo ya muchos años? Sí, es cierto. Pero, una vez más, todo es cuestión de escala. La frontera también la conceptualizo así. Podemos hablar de las grandes fronteras tectónicas entre un continente y otro, pero también a nivel minúsculo, individual, la frontera es un punto de vista, un lugar desde donde miras a un lado y a otro y no estás en ninguno de los dos en particular.

Valeria Luiselli publica 'Principio, medio, fin' / Ferran Nadeu
¿'Principio, medio, fin' es también una manera de escapar, de darse un respiro de la realidad que se vive ahora mismo en Estados Unidos?
No sé si es tanto un escape como una zambullida más profunda en las preguntas que me atañen. Es Sicilia, pero realmente es un viaje también a través de los clásicos, y no siento los clásicos como un escape, sino como una manera de reaprender a mirar y prestar atención. Observar y tomar prestados los ojos y oídos de alguien como Plinio, que documentó un mundo todavía muy poco escrito y poco entendido. Es ahí donde nos tenemos que colocar en este momento de la historia, porque estamos ante un mundo muy desconocido que se nos va de las manos.
¿Ayudan entonces los clásicos a poner orden?
No todos los clásicos solo por el hecho de serlo, claro, pero los fantasmas que me caen mejor a mí sí; Plinio, Hesíodo y Empédocles, que está poco presente en la novela pero que en el fondo creo que es de mis favoritos.
Lo único que tenemos en nuestras manos es cómo organizamos los eventos para contar la historia de un modo que haga que la vida se sienta como un lugar en el que queremos estar"
En el libro la protagonista escribe, la abuela traduce y la hija acaba adoptando el rol de narradora. ¿Es la escritura un asunto esencialmente de familia?
Claro. La trama y la entretrama se tejen entre las generaciones. Escuchamos las historias del pasado y las volvemos a trenzar a nuestro modo, con mayor o menor imaginación, con mayor o menor libertad, pero heredamos lo que heredamos en términos del léxico familiar y las historias familiares. La pregunta siempre es cómo volvemos a armar una trama con eso. Porque a todos nos pasan cosas, la vida es cabrona con todos: perdemos a la gente que queremos, enfermamos y moriremos eventualmente. Lo único que tenemos en nuestras manos es cómo organizamos los eventos para contar la historia de un modo que haga que la vida se sienta como un lugar en el que queremos estar.
A la protagonista le preocupa, pensando en su hija, que imaginación y memoria se estén mezclando más de la cuenta.
Se preocupa por la dimensión ética de las consecuencias de la escritura en su propia hija, pero al mismo tiempo es más que consciente de que la escritura es eso: la manera que tenemos de enlazar los muy fragmentarios recuerdos que nos componen. La manera en que contamos las historias es ficción. Es una fantasía un poco loca pensar que lo que recordamos es exactamente lo que pasó.
No hay que edulcorarlo: es un momento espantoso en Estados Unidos. Espantoso, confuso y donde la única esperanza que queda es que se acabe pronto"
A diferencia de 'Desierto sonoro', escrito en inglés y traducido después al español, 'Principio, medio, fin' está escrito directamente en español. ¿Cómo condiciona el lenguaje la propia escritura?
Me es imposible saberlo. Nunca sabré si escribí un párrafo en español como hubiera sido escribirlo por primera vez en inglés y no en español, porque ya lo he escrito en español. Oscilar entre los dos idiomas me permite una apertura de visión. Cuando me atoro en una lengua, voy a la otra. Ni siquiera lo pienso como traducción, son simplemente escrituras y reescrituras.

La escritora mexicana Valeria Luiselli participa el jueves en el festival En Otras Palabras / EFE
¿Cómo es vivir ahora mismo en Estados Unidos?
No hay que edulcorarlo: es un momento espantoso. Espantoso, confuso y donde la única esperanza que queda es que se acabe pronto. Tampoco se sabe qué viene cuando acabe esto, qué cola de destrucción va a dejar este meteoro y cuánto va a tomar reconstruir y cuándo vamos a poder empezar a reconstruir. Pero es tan grande, se siente como tan aplastante y avasallador, que es también un momento de mucha sensación de una rendición forzada. Intentamos un 'impeachment', una protesta, otra protesta y nada parece estar funcionando. Es preocupante, porque la chispa interna de los seres humanos se apaga cuando lo intentamos una y otra vez y no pasa nada.
¿Afecta ese desánimo a la escritura?
No creo que la sofoque. Por supuesto va a afectar y está afectando la forma en que pensamos la escritura, pero no necesariamente para mal. En momentos de autoritarismo, y lo hemos visto en la historia una y otra vez, las creatividades y las artes también florecen en lugares raros.
¿Qué viene después de 'Principio, medio, fin'?
Tengo semillas de ideas, pero sin prisa para poder explorarlas con calma. Entre 'Desierto sonoro' y este, además, escribí otro libro que está enterrado en un lugar en Noruega.
¿Y eso?
Es un proyecto hermoso que se llama Biblioteca del Futuro. Plantaron un bosque en Noruega hace ya más de diez años y la idea es que en cien años, cuando ese bosque esté ya crecido, parte de los árboles se van a convertir en manuscritos de ficción. Esos manuscritos los vamos entregando un escritor por año. Empezó hace doce años Margaret Atwood. Mi manuscrito estará enterrado noventa años antes de que se publique.
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