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Crítica

El nuevo 'Werther' liceísta, puro teatro

Christof Loy propone una renovada lectura de la obra maestra de Massenet profundizando en los personajes, con un aclamado Xabier Anduaga como protagonista y una dirección de escena plena de buenas ideas

Xabier Anduaga (Werther), Kristina Stanek (Charlotte) y Sofía Esparza (Sophie), en la obra 'Werther' en el Liceu de Barcelona el 4 de mayo de 2026

Xabier Anduaga (Werther), Kristina Stanek (Charlotte) y Sofía Esparza (Sophie), en la obra 'Werther' en el Liceu de Barcelona el 4 de mayo de 2026 / Sergi Panizo

Pablo Meléndez-Haddad

Pablo Meléndez-Haddad

Barcelona
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En España cada año se producen unos 4.000 suicidios, reflejo del fracaso en el tratamiento de la salud mental. Los fatídicos datos se alejan de cómo se muestra esta problemática en las tramas operísticas, siempre rodeada de un aura heroica: en sus muchos ejemplos prima más que nada la pena de amor.

El joven Werther, el protagonista de la novela de Goethe que inspiró a Massenet para su ópera (una de las grandes obras maestras del repertorio francés), se quita la vida porque para él no tiene sentido continuar viviendo sin su amada Charlotte. Y así de claro lo explica Christof Loy, quien traslada la trama a la década de 1940 según revela el vestuario de Robby Duiveman. En un único espacio escénico de Johannes Leiacker, desolador y hasta agobiante, con una gran pared tras la que se intuye la casa de Charlotte e iluminado por Roland Edrich, Loy concentra su trabajo en la dirección de actores, consiguiendo atrapar la atención, emocionando con esa Charlotte abatida una vez casada con Albert, cuando bebe, cuando le tira las cartas a su marido para que las lea y se entere mientras Loy une los dos últimos actos con los disparos como telón de fondo. Así cobra sentido que en la escena final, tan íntima, estén presentes Albert y Sophie.

Xabier Anduaga debutaba el icónico rol titular con la seguridad que brinda una voz luminosa, en plenitud por juventud y dominio, con agudos pletóricos. Bien guiado, su Werther reveló cuidado en el fraseo, una dicción correcta y profundidad psicológica más evidente a partir del comienzo de su drama, pero en su primera aproximación humedeció pocos lagrimales. La excelente Charlotte de Kristina Stanek, con agudos y graves seguros, aportó una gran implicación dramática a un personaje aquí sofisticado, nada pueblerino y muy torturado.

Como un Albert nervioso David Oller se mostró algo inestable en la emisión y con una dicción francesa muy mejorable, a distancia de la adulta Sophie de Sofia Esparza, de voz perfecta para el celoso personaje de Loy, mostrando talento y carácter. Stefano Palatchi defendió al Bailli con frescura y humanidad, y muy adecuados el resto del reparto y los figurantes.

La Simfònica del Liceu y un virtuoso grupo del Cor Vivaldi-Petits Cantors de Catalunya tuvieron asimismo una noche inspirada bajo la concertación del maestro Henrik Nánási, también atento con los solistas.

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