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Gira 'Una historia importante'

Eros Ramazzotti, carisma y canciones que perduran en un emocionante concierto en el Palau Sant Jordi

El cantante romano ofreció un pulcro recorrido por más de cuatro décadas de carrera, arropado por una banda de doce integrantes, en la cita barcelonesa de la gira 'Una historia importante'

Jordi Bianciotto

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Barcelona
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La cita periódica de Eros Ramazzotti en Barcelona, siempre en el Palau Sant Jordi (sala que casi estrenó, en noviembre de 1990), es un clásico que no falla y que, este sábado, deparó una compacta, agradecida y elegante sesión a cuenta del paseo panorámico por su repertorio, con énfasis en las canciones fechadas en los años 80 y 90. Sala rozando el lleno (16.000 asistentes, según la organización), con una audiencia que, en buena parte, había crecido con las sentidas inflexiones de su voz nasal y con su gusto por la melodía distinguida, la balada honda y la cadencia de sedoso soul-funk.

Esta es una gira de reafirmación de su catálogo y ni siquiera sonó ninguna de las canciones nuevas de su reciente antología con duetos (esa jugada tan audaz), titulada en castellano 'Una historia importante'. Pero cuando se tienen 'hits', toca lucirlos, hoy más que nunca, y Ramazzotti tiene un buen número de ellos, que defendió sin escatimar medios: pantalla gigante, doble pasarela y banda extralarga, con nueve instrumentistas y tres coristas mimando los originales arreglos discográficos. Él siempre ha situado en la base músicos de fuste filo-rockero, y en uno de los dos 'sets' de percusión se sentó ese as del metal con 'groove' llamado Eric Moore, ex-batería de Suicidal Tendencies.

Arrancó con varios números 'up-tempo', caso de ‘Taxi story’ o la tenuemente ‘funky’ ‘Un cuore con le ali’, tras lo cual nos recordó que es hombre de pocas palabras: se limitó a saludar en catalán (“com esteu? Tot bé? T’estimo, Barcelona”) sin mayores parlamentos, lo cual puede parecer un reproche pero no lo es. Versiones en italiano con injertos en castellano y duetos con las coristas, suplantando a Anastacia en ‘I belong to you’.

Ramazzotti dejó que hablaran por él sus canciones, y sus letras, y los mensajes impresos en las pantallas: “No creo en el futuro, el futuro es hoy”. Tras tantos años, el romanticismo sigue ahí, pero cruzándose con la lírica humanista y el ‘carpe diem’. El fondo de melodista a la italiana es lo que hizo estremecer la sala, cuando irrumpieron los clásicos, llenando las gradas de puntos de luz en ‘Adesso tu’ y la imperial ‘Se bastasse una canzone’, que cosechó gran solidaridad entre los corazones “enamorados” y “desesperados” del lugar, y que Eros culminó propinando un arisco solo de guitarra eléctrica.

Otro momento remarcable fue ‘Musica è’, una canción de 11 minutos que, en su día, 1988, abrió el álbum del mismo título (hoy sería suicida) y que desplegó sus giros casi sinfónicos. Quizá para compensar, Ramazzotti se marcó un reggae, ‘No woman, no cry’, con la guitarra acústica. En su faceta más soul, cayó demasiado cerca del ‘easy listening’ en ‘Terra promessa’, que cantó entre el público (de la zona premium), pero hablamos del tema más antiguo (1984), algo desfasado. Caso distinto de piezas sólidas, que sobreviven al paso del tiempo, como las aquí conocidas como ‘Cosas de la vida’ y ‘La cosa más bella’, catedrales de la canción melódica que cerraron la sesión en lo más alto.

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