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Teatro

Crítica de 'Èdip & Antígona': Carlota Subirós se pierde en una acumulación de tragedias griegas

El montaje del TNC parte de una intuición poderosa con la actriz Kathy Sey en el centro del relato, pero se acaba imponiendo la solemnidad.

Babou Cham, como Edipo.

Babou Cham, como Edipo. / EPC

Manuel Pérez i Muñoz

Manuel Pérez i Muñoz

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¿Qué hacemos con los clásicos teatrales griegos? Es una pregunta que la escena responde de forma habitual y no siempre con acierto. Hablamos de textos con casi veinticinco siglos de historia, con estructuras muy codificadas –como el coro– y un componente moralizador que coquetea con la religión. La idea de partida de 'Èdip & Antígona' era clara: poner a Kathy Sey en el centro de la Sala Gran del TNC, una mujer negra en un papel fundacional de la cultura occidental.

Antígona, la insurrecta que se enfrenta a la justicia de los hombres para defender una obediencia más honda que la ley. La directora Carlota Subirós no se detuvo ahí y, en un arrebato de audacia, decidió amontonar dentro del proyecto dos tragedias más de Sófocles –'Edipo rey' y la extraña 'Edipo en Colono'– siguiendo, además, la traducción de Carles Riba ya algo acartonada, aunque con el apoyo en la dramaturgia de Ferran Dordal.

Si en 'La plaça del Diamant', Subirós supo proyectar las múltiples interpretaciones y voces que admite un mismo texto, en su trilogía tebana ha caído en las trampas habituales de este tipo de adaptaciones: exceso de afectación, tono trágico monocorde y la lejanía que se desprende de unos códigos mitificados. Con su pizca de didactismo, como si se acabara de estrenar en Mérida, la sombra “new age” de Peter Brook se invoca constantemente –arenal escenográfico y vestuario atemporal–, pero sin llegar a alcanzar el hechizo telúrico de la simpleza ritual. El 'déjà-vue' se impone.

El reparto racializado adquiere significado cuando lo miramos desde el privilegio y cierta distancia, aunque nos gustaría también leerlo desde una normalidad aún por consolidar. Kathy Sey encarna una Antígona de convicciones inquebrantables y presencia icónica. No obstante, el añadido de las otras dos piezas nos hace llegar agotados a la mejor de las tragedias, también por un error de casting. Subirós no consigue aportar los recursos adecuados para que Babou Cham afronte su doble registro como Edipo rey primero y hombre ciego después. La falta de un protagonista adecuado provoca que la función llegue al clímax sin la combustión necesaria.

Recomponen el nivel actoral las intervenciones de Vicenta Ndongo, profunda y punzante en los monólogos que sustituyen al coro; también la solvencia, dentro del tono afectado, de Moha Amazian, Lurdes Barba y Jordi Martínez. La música de Clara Aguilar destaca especialmente en la parte vocal, una dosis de organicidad que la función agradece. 'Èdip & Antígona' nace de una intuición potente, pero por acumulación se pierde en la solemnidad y el clásico acaba convertido en una estatua.

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