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20º aniversario

Netflix recupera el clásico de la comedia '30 Rock' en su desbordante integridad

Entre 2006 y 2013, la serie creada y protagonizada por Tina Fey salvó vidas con su hilarante exploración metaficcional del humor televisivo y toda clase de temáticas del momento

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De izquierda a derecha, Jack McBrayer, Tina Fey, Alec Baldwin, Jane Krakowski y Tracy Morgan en una imagen promocional de '30 Rock'

De izquierda a derecha, Jack McBrayer, Tina Fey, Alec Baldwin, Jane Krakowski y Tracy Morgan en una imagen promocional de '30 Rock' / Archivo

Juan Manuel Freire

Juan Manuel Freire

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El 11 de octubre se cumplirán dos décadas del estreno de '30 Rock' (o 'Rockefeller Plaza' en su versión española), célebre comedia de la NBC que entre 2006 y 2013 salvó vidas con sus diálogos intrincados, sus brotes surrealistas, su comedia física de primera y sus reflexiones meta sobre el humor televisivo. Parece así un año especialmente apropiado para recuperar o descubrir una producción que, todo y haber acaparado premios, no es todo lo conocida que merece. Desde hoy viernes, día 1, se puede ver en su integridad en Netflix. 

En el mismo año en que dejó de ser guionista jefe de 'Saturday Night Live' (fue la primera mujer en el puesto), Tina Fey presentaba al mundo una serie basada en su experiencia en el mítico programa de humor en vivo de la tele estadounidense. '30 Rock' es, recordemos, una abreviatura del famoso número 30 de Rockefeller Plaza en Nueva York, sede de los NBC Studios, donde se escribe, produce y pone en escena el 'SNL'. 

El trasunto de la propia Fey, interpretado por ella misma, era Liz Lemon, atribulada guionista jefe y 'showrunner' del programa de sketches 'TGS with Tracy Jordan' (antes 'The Girlie Show'), producido en el Studio 6H del 30 de Rockefeller Plaza. Su trabajo incluye lidiar con dos estrellas impredecibles, el especialmente volátil Tracy Morgan (Tracy Jordan) y la ególatra (sin tantos, tantos motivos) Jenna Maroney (Jane Krakowski), a pesar de todo, mejor amiga de Liz. Otro desafío para la salud mental de nuestra heroína es el ejecutivo corporativo Jack Donaghy (Alec Baldwin, antes de que simplemente ver su rostro evocara tragedia), republicano conservador con una extraña capacidad para interferir en el buen funcionamiento del programa. El optimismo irredento lo sirve en bandeja, día tras día, el inmortal paje de la NBC Kenneth (Jack McBrayer), hombre entregado a la causa de la cadena y la televisión en general. 

Cuando no está trabajando o pensando en trabajo, que es muy pocas veces, Liz intenta tener una vida personal y, a ser posible, incluso romántica. Entre los hombres graciosos que le han tirado los trastos encontramos a Jason Sudeikis, Matt Damon (como un piloto comercial llamado, curiosamente, Carol Burnett), Jon Hamm o James Marsden (Crisstopher Chros, quizá demasiado aficionado a componer canciones románticas, pero un buen partido en cualquier caso). 

La lista de estrellas invitadas y cameos de la serie es, en su conjunto, bastante apabullante; se convenció para hacer de sí mismos a Robert De Niro, Nancy Pelosi, Buzz Aldrin, Condoleezza Rice, Al Gore u Oprah Winfrey, que se aparece ante Liz como alucinación producto de la medicación para aplacar el miedo a volar.

La tele y todo lo demás

En un principio, la idea de Fey era hacer una comedia sobre noticias de tele por cable, pero Kevin Reilly, el que fuera presidente de NBC Entertainment, la animó a escribir sobre lo que conocía. De ahí surgió ese retrato a la vez dulce y amargo de la vida creativa, de la adicción al trabajo y la necesidad de priorizarse a uno mismo, de las dificultades de hacerse oír siendo mujer en un entorno hipermasculino, de la cultura de la celebridad y los comportamientos de las estrellas de cine. 

Por el camino, '30 Rock' dejaba un puñado de películas, series y programas totalmente ficticios para el recuerdo. Aquella versión negra de 'Frasier'. Esa peli indie de Jenna de título simplemente impronunciable, 'The rural juror', basada en una novela de… Kevin Grisham. O, también con Jenna, 'Take my hand', comedia romántica con Reese Witherspoon y Patrick Dempsey finalmente convertida en película 'torture porn' estilo 'Saw'. O cierta parodia de la telerrealidad estilo MTV, 'MILF Island', creación de Jack, claro, con sinopsis simplemente lunática: "25 madres superbuenorras, 50 chavales de 2º ESO, no hay normas"

Más pronto que tarde, sea como sea, '30 Rock' se alejó del componente roman à clef y el metacomentario para convertirse en otra cosa: una oportunidad para hablar, además, sobre política identitaria, consumismo, urbanismo y todo lo que preocupara mínimamente a su creadora en cada momento particular. 

'Grand finale'

'30 Rock' empezó (y, bueno, en realidad también acabó) siendo más una favorita de la crítica que un gran éxito de audiencia. Cuando, en 2007, Fey recogió un merecido Emmy a mejor comedia por la primera temporada de la serie (también la segunda y tercera obtuvieron esa distinción), quiso dar las gracias a sus "docenas y docenas de espectadores". Si duró seis años más, fue antes por su buena reputación que por una audiencia bastante modesta, sobre todo entre 2010 y 2012. 

Eso a pesar de que, cuando debía estar decayendo, lo que hacía era ofrecer episodios históricos, caso de 'Programa en directo para el este y el oeste', como indica el título, emitido en vivo, algo así como el vástago soñado de '30 Rock' y 'Saturday Night Live'; 'Brooklyn sin límites', parodia de la lucha entre demócratas y republicanos en el auge del Tea Party, o 'Toda mi vida es un trueno', relato de una de las bodas más desastrosas de la historia de la tele. Sin olvidar su gran final de dos partes, considerado uno de los mejores de la historia de la tele, cargado de adioses emotivos. Pero no nos avancemos y, antes que nada, recibamos (quizá de nuevo) a '30 Rock' en nuestras vidas. 

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