Estreno de cine
Fatih Akin, director de cine: "Goethe dijo que la educación es lo que determina la patria, así que mi alma es alemana aunque mis genes no lo sean"
El cineasta turcoalemán retoma 'La isla de Amrum', un proyecto de su colega Hark Bohm, fallecido el pasado noviembre, centrado en la Alemania de posguerra
La película, que reflexiona sobre la culpa colectiva, el nazismo y el auge de la extrema derecha, se inspira en los años de infancia de Bohm
Crítica de 'La isla de Amrum': El final del nazismo y de la segunda guerra mundial a partir de la mirada de un niño alemán que debe aprender y endurecerse

El director alemán Fatih Akin, en una imagen de archivo. / FOCKE STRANGMANN / EFE

Dado que en sus primeros compases aparece acreditada como “una película de Hark Bohm dirigida por Fatih Akin”, la autoría de ‘La isla de Amrum’ -recién coronada en el BCN Film Fest- requiere una explicación. Está inspirada en los años de infancia de Bohm, en su día miembro del movimiento conocido como Nuevo Cine Alemán, que entre principios de los 60 y principios de los 80 confrontó a la sociedad alemana con traumas no resueltos y aglutinó a autores como Rainer Werner Fassbinder, Werner Herzog y Alexander Kluge.
“Cuando le animé a escribir una película sobre su propia vida, no imaginaba que sus problemas de salud le impedirían dirigirla él mismo”, recuerda Akin sobre su veterano colega, que falleció en noviembre del año pasado a los 86 años y con quien había contado como coguionista en algunos de sus largometrajes más recientes, ‘Goodbye Berlín’ (2016) y ‘En la sombra’ (2017). “Inicialmente, sentí que yo no era la persona adecuada para tomar el liderazgo creativo del proyecto”, añade el turcoalemán.
Patria, idioma, genes e identidad
“Hark creció en un pedazo de tierra remoto y muy germánico a finales de la Segunda Guerra Mundial, y yo lo hice en los años 70 y 80 entre el ajetreo urbano de Hamburgo y en el seno de una familia de inmigrantes. Son mundos muy distintos”. Sintió que sería un error aceptar el encargo simplemente para hacer un favor a su amigo y antiguo mentor. “Dirigir una película no es como ayudar a bajar un mueble al sótano; requiere mucho tiempo de tu vida y mucho dinero, y es algo que quedará registrado para siempre en tu página de la Wikipedia. No supe qué hacer”.
Hay quien dice que deberíamos tratar de entender por qué los ultras son ultras pero, ¿por qué tenemos que entender a quienes no nos quieren entender a nosotros?
Las reticencias de Akin se disiparon cuando comprendió que ‘La isla de Amrum’ habla de la búsqueda de una identidad propia o, en otras palabras, el mismo asunto que él ha abordado a lo largo de su carrera en películas como ‘Contra la pared’ (2004) -por la que ganó el Oso de Oro en la Berlinale- y ‘Al otro lado’ (2007), y por el que siente especial inclinación a causa de sus propias vivencias.
“Hasta principios de los 90, era imposible obtener la ciudadanía alemana a menos que se tuviera ascendencia alemana, por lo que a mí se me consideraba turco pese a que nací en territorio germano, aprendí a leer y escribir en alemán, vi mis primeras películas en alemán y fui a una escuela de cine alemana”, explica. “Pero Goethe dijo que la educación es lo que determina la patria, así que mi alma es alemana aunque mis genes no lo sean; por tanto, me siento legitimado para cuestionar el Holocausto pese a que no forma parte de la historia de mi familia. Además, aquella fue una barbarie perpetrada por personas contra otras personas, y eso nos concierne a todos”.

Una escena de la película. / EPC
Adiós a la inocencia
Ambientada en el último año de la Segunda Guerra Mundial en el pedazo de tierra que le da título, la nueva película cuenta la historia de un niño de 12 años educado de acuerdo con los valores del nazismo por su fanática madre mientras su padre combate en el frente. Cuando la mujer sucumbe a una depresión posparto exacerbada por la muerte de Hitler, él decide levantarle el ánimo preparándole su comida favorita: pan blanco, mantequilla y miel. A partir de entonces, conseguir esos alimentos básicos en tiempos de estricto racionamiento se convierte en una odisea durante la que dejará atrás la inocencia infantil.
Es evidente que el gobierno alemán debería definir los crímenes de guerra en Gaza como genocidio, y dejar de proveer de armas a los israelíes
Para acompañarlo en el viaje, Akin adopta un ritmo pausado y una austeridad formal que contrastan con su habitual tendencia a la pirotecnia estilística. “La propia historia exigía sencillez”, explica el director, que diseñó la película inspirándose en clásicos del neorrealismo como ‘Ladrón de bicicletas’ (1948), de Vittorio De Sica, y ‘Alemania, año cero’ (1948), de Roberto Rossellini. “La isla misma también nos impuso ciertas restricciones”, aclara. “Es una reserva natural, por lo que al rodar allí no se nos permitió usar grúas ni ningún equipo complejo; tampoco pudimos manejar una Steadicam porque, en caso de hacerlo, los fuertes vientos habrían hecho que la imagen temblara. En realidad, tuvimos filmar como se filmaba en 1945”.
Un pasado infame y la culpa
Para el director, ese escenario funciona a modo de microcosmos desde el que un sentimiento de culpa colectivo que considera plenamente vigente. “Alemania está paralizada por sus traumas, y por el peso de los crímenes del nazismo”, asegura. “En mi país no hubo resistencia a Hitler; no estoy diciendo que toda la población simpatizara con él, pero el régimen fue mayormente aceptado”. Ese pasado infame, opina el director, es clave para entender el apoyo incondicional de Alemania a Israel. “Es evidente que el gobierno alemán debería definir los crímenes de guerra en Gaza como genocidio, y dejar de proveer de armas a los israelíes”.
Y esa, añade, no es la única consecuencia derivada de no haber aprendido las lecciones adecuadas del pedazo de Historia que ‘La isla de Amum’ recrea. “Hace tres décadas, los nazis eran tipos que iban con la cabeza rapada y vestían chaquetas ‘bomber’, pero hoy la extrema derecha está por todos lados, infiltrada en nuestros amigos, nuestros vecinos, incluso nuestros parientes”, lamenta.
“Hay quien dice que deberíamos tratar de entender por qué los ultras son ultras pero, ¿por qué tenemos que entender a quienes no nos quieren entender a nosotros?”. Ante la amenaza de un retorno del fascismo, que en su país encarna el auge del partido Alternativa para Alemania (AfD), Akin es rotundo. “Tengo amigos que están pensando en hacer las maletas y huir, pero para mí no es una opción. Mi postura no es heroica, sino algo a la vez pragmático y existencial. Si los nazis quieren tomar el control, hay que impedírselo”.
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