Cine
‘Cahiers du cinéma’, la revista que lo cambió casi todo en el cine, cumple 75 años
En su primera época colaboraron Jean-Luc Godard, François Truffaut, Éric Rohmer y otros críticos que pasaron después a la dirección con la Nouvelle Vague y sentaron las bases del cine moderno

Dos de los cachorros de la revista que acabarían siendo directores de cine, Jean-Luc Godard y François Truffaut. / EPC

A mediados de abril de 1951 aparecía el primer número de ‘Cahiers du cinéma’, la revista francesa de crítica cinematográfica que lo cambiaría todo, o casi todo, en cuanto al análisis del cine. La aparición de esta publicación mensual editada por Les Éditions de l’Étoile, alumbrada por el humanista André Bazin y vinculada a la Cinemateca Francesa que dirigía Henri Langlois, supuso el nacimiento de la crítica de cine moderna en paralelo al inicio del cine moderno representado por cineastas como Roberto Rossellini y Michelangelo Antonioni, aunque la tendencia natural es considerar que esa modernidad del cinematógrafo empieza con la Nouvelle Vague y otros nuevos cines de finales de los 50. Precisamente las cabezas visibles de aquella nueva ola francesa fueron los directores que antes habían ejercido como críticos en ‘Cahiers du cinéma’.
Fue una época en el que las revistas resultarían fundamentales en la evolución del cine. Ocurrió también en el Reino Unido, cuando algunos de los colaboradores de ‘Sequence’ se convertirían en los principales directores del Free Cinema (Lindsay Anderson, Karel Reisz), o en España unos años después: de ‘Nuestro Cine’ surgirían cineastas como Víctor Erice y Antxon Eceiza.

Portadas de la revista. / EPC
La guerra abierta –muchas veces con puyas lacerantes– que ‘Nuestro Cine’ mantuvo con ‘Film Ideal’ en la primera mitad de los años 60 fue similar a la que ocurrió en Francia en los 50 entre ‘Cahiers du cinéma’ y ‘Positif’, dos revistas virulentamente enfrentadas; solo un crítico y después director, Bertrand Tavernier, llegó a colaborar en ambas. Y de todo ello se benefició el lector/espectador cinéfilo, a quien le allanaron el camino para entender tanto el cine del pasado como lo que se estaba cociendo en aquella década de cambio y replanteamiento absoluto.
La portada del número 1 de ‘Cahiers du cinéma’ –conocidos hasta 1964, por la configuración de la cubierta y el diseño, como los ‘Cahiers’ amarillos– estaba ilustrada con una fotografía de ‘El crepúsculo de los dioses’ de Billy Wilder, y en su interior aparecían textos sobre un director vinculado a la caza de brujas como Edward Dmytryk, otro de Bazin en torno a la profundidad de campo, un análisis de la industria del cine italiano y extensas críticas sobre filmes de Wilder, Rossellini y Robert Bresson.

Portadas de la mítica cabecera. / EPC
Una aún tímida declaración de principios, ya que Rossellini y Bresson se convirtieron en dos de los caballos de batalla de esa nueva crítica que capitalizarían Jean-Luc Godard, François Truffaut, Éric Rohmer, Jacques Rivette y Claude Chabrol, es decir, el futuro repóquer de ases de la Nouvelle Vague. Rohmer, con su nombre original –Maurice Schérer– sería el primero en colaborar con un texto magistral sobre F. W. Murnau titulado ‘Vanité que la peinture’ y publicado en el número tres.
Rivette debutó en el número 20, en febrero de 1953. Truffaut desembarcó en la revista un mes después. Chabrol lo hizo en el 28 con la crítica del musical ‘Cantando bajo la lluvia’. Godard fue el más tardío, y el más influyente: su primer texto apareció en el número 62 (agosto-septiembre de 1956, solo tres años antes de rodar ‘Al final de la escapada’), y era una crítica de ‘Artistas y modelos’, comedia interpretada por Jerry Lewis.

El primer número de la revista. / EPC
A este cineasta y comediante, a Nicholas Ray, Rossellini y Anthony Mann, dedicó Godard sus más encendidos textos en la revista, algunos convertidos con el paso del tiempo en ‘boutades’ citadas una y otra vez, como cuando, refiriéndose a un filme de Ray, escribió en 1958: “Había el teatro (Griffith), la poesía (Murnau), la pintura (Rossellini), la danza (Eisenstein), la música (Renoir). Pero desde ahora hay el cine. Y el cine es Nicholas Ray”. Los cinco se quedaron en ‘Cahiers du cinéma’ incluso cuando ya habían debutado en el campo del largometraje, realizando entrevistas, ensayos o análisis de determinados cineastas tanto de su tiempo como del pretérito. La película de Richard Linklater ‘Nouvelle vague’, estrenada el pasado enero y centrada en la gestación de ‘Al final de la escapada’, muestra en una de sus secuencias el funcionamiento de la redacción de la revista.
Los ‘cahieristas’ desarrollaron dos ideas básicas. Una era la de la ‘mise en scène’, pero con un sentido distinto al que se aplica a la puesta en escena en el teatro. Rivette, principal teórico de este concepto, argumentó años después que lo habían propuesto para estimular deliberadamente la controversia, y que la ‘mise en scène’ no solo era aplicable al trabajo de dirección, sino que incluía la elección del tema y la escritura del guion y proseguía en el montaje.

Portada dedicada a 'Un verano con Mónica'. / EPC
La otra idea, ligada a esta, fue la de la política de los autores. Reivindicaban al director como autor absoluto de una película, y les sirvió de base para poner sobre el tapete la obra de Howard Hawks, Alfred Hitchcock, Sam Fuller, Luis Buñuel o Vincente Minnelli, y para estipular un canon en torno al cine francés en el que cargaban furibundamente contra los filmes de posguerra y las películas de ‘qualitté’ para defender la obra de Jean Renoir, Jean Vigo, Jean Cocteau, Jacques Tati, Robert Bresson, Jean-Pierre Melville y Jacques Becker. El texto fundacional de esta corriente lo escribió Truffaut en el número de enero de 1954 con el título de ‘Una cierta tendencia del cine francés’, y socavó los cimientos de la industria francesa. Años después se supo que también lo había escrito para encender la polémica y hacerse un nombre: en 1959 realizó ‘Los 400 golpes’. Pura y simple agitación.
Otro hito fue la consagración de un número entero –el 39, octubre de 1954– a la figura de Alfred Hitchcock. Gracias a los ‘cahiers’, el director de ‘La ventana indiscreta’ empezó a ser reconocido como un ‘autor con mundo propio’ y no solo el maestro del suspense. Curiosamente, Hitchcock no gustaba mucho a Bazin, el protector de estos cachorros de la crítica francesa, los denominados ‘jóvenes turcos’. Durante una estancia posterior en Estados Unidos, algunos críticos norteamericanos se acercaron a Truffaut para confesarle que la crítica francesa les había abierto los ojos en cuanto a la apreciación de Hitchcock.

Escena de la película 'Nouvelle Vague' de Richard Linklater. / EPC
La publicación vivió tiempos distintos y convulsos. En 1968, a partir de las corrientes contestarias del mes de mayo, ‘Cahiers du cinéma’ abrazó la línea maoísta y se desvinculó de la actualidad. Volvió al modelo clásico a mediados de los 70 y por sus filas seguirían desfilando futuros directores como André Téchiné, Luc Moullet, Pascal Bonitzer, Olivier Assayas y Mia Hansen-Love. La editorial Paidós recopiló entre 2003 y 2006 textos esenciales de la revista en cuatro volúmenes bajo el epígrafe de ‘Pequeña antología de Cahiers du cinéma’. En el número 500, coordinado por Martin Scorsese, el director de ‘Uno de los nuestros’ definió muy bien la importancia de la revista y el estilo de sus colaboradores: “Estos jóvenes eran ya cineastas cuando empezaron a escribir y siguieron siendo críticos cuando lograron llevar a la pantalla sus películas”. ‘Cahiers du cinéma’ continúa publicándose. Ya son 831 números.
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