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Institución del mestizaje festivo

La Pegatina recupera su esencia en ‘Fuegos del barrio’, siguiendo un camino que “nada tiene que ver con la industria”

El grupo de Montcada i Reixach reaparece, tras un 2025 en blanco, con un nuevo álbum de sonido crudo, con poca producción y muy enfocado al directo, que presenta en una gira de dos años de duración que incluye cuatro próximos conciertos en Catalunya, entre ellos el que ofrecerá el 29 de mayo en el Poble Espanyol, dentro del festival Empremtes

Retrato del grupo musical La Pegatina, que acaba de publicar un nuevo disco.

Retrato del grupo musical La Pegatina, que acaba de publicar un nuevo disco. / Pau Gracià / EPC

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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Después de dos discos de producción muy elaborada y cargados de duetos, ‘Hacia otra parte’ y el epé en catalán ‘La meva gent’, ambos de 2022), La Pegatina viaja al extremo opuesto en ‘Fuegos del barrio’: un disco crudo, muy pensado en su reproducción literal en el directo, y sin apenas ‘featurings’ (solo dos, del grupo paraguayo Kchiporros y el granadino Eskorzo). La banda suma ya 23 años de andanzas y se siente “un poco fuera de contexto” en la escena actual, dado que “hoy en las radios suena otro tipo de música”.

El fuego del título apunta a “estar reunidos alrededor de la hoguera, a la pirotecnia de las fiestas mayores y a quemar impurezas”, indica el cantante solista Adrià Salas. Venían de hacer discos “muy editados y producidos, con muchos efectos”, y este “es muy fiel al tono que tienen los conciertos”, añade. Eso es cosa, en parte, de Camilo Lara (artífice del Instituto Méxicano del Sonido), que firma la producción. Estirando el significado, su ‘merchandising’ adopta nuevos ingredientes: una salsa picante de chipotle “que te hacer arder la boca” y una caja de cerillas.

Retrato del grupo musical La Pegatina.

Retrato del grupo musical La Pegatina. / Pau Gracià / EPC

Volver a la comunidad

El ascendiente mexicano es, sí, muy visible, desde la misma portada, con sus colores rojo, verde y blanco, y sus calaveras rituales (diseño firmado por el argentino Dr. Alderete, autor de ‘artworks’ para artistas como Los Fabulosos Cadillacs, Andrés Calamaro y Fermin Muguruza), y en los guiños al corrido y la ranchera. El otro concepto dominante es el barrio, al que se acercan después de año y pico sin hacer bolos. “En este tiempo hemos hecho más vida en casa, y sentíamos esa necesidad de rendir un homenaje a la comunidad, a tocar en la calle, a sacar la guitarra en una sobremesa”, cuenta el guitarrista-cantante Rubén Sierra.

En el disco no hay ni una sola balada, ni el menor gesto de recogimiento. Lo han concebido pensando en el directo, y esa cuota (pequeña) de recesos rítmicos ya la tienen cubierta. “En los conciertos pueden entrar tres baladas, que ya son muy emblemáticas y no podemos incorporar más. Para no tocar un tema en vivo, mejor no grabarlo”, señala Adrià Salas. El ska y la rumba son los ingredientes troncales, y todo responde a la “dinámica” y al “rompecabezas” que representan los bolos de La Pegatina, trepidantes por naturaleza. “No podemos dejar de empalmar todas las canciones, hacer coreografías, tirar confeti o meter ‘medleys’ con guiños a versiones”.

Retrato del grupo musical La Pegatina.

Retrato del grupo musical La Pegatina. / Pau Gracià / EPC

Distancias con la industria

Da la impresión de que ‘Fuegos del barrio’ es un álbum más desmarcado de lo habitual de la presión por captar la atención del mercado, como si tuvieran suficiente con cerrar filas con su público de siempre (que no es minúsculo). “Ya llevamos tantos años que todo el mundo sabe lo que hacemos. Ahora nosotros somos unos ‘classic underground’. Nos conocen por vías que no son las mayoritarias. Ya estuvimos ahí hace años y ahora nos conservamos y vamos haciendo lo nuestro. Si seguimos conectando con el público es porque hemos ido por un camino que no tiene nada que ver con la industria, como tocar sencillamente una rumba”, cavila Adrià Salas. Su arraigo en Montcada i Reixach es notorio, como ilustra el enorme mural dedicado al grupo, a cargo del artista El Rey de la Ruina, que luce en la entrada a la localidad por la C-17. “Y seremos pregoneros de la fiesta mayor”, añade Salas con orgullo. Será el 21 de mayo en la plaza de l’Església.

La Pegatina son nueve músicos y representan la ejecución instrumental a la clásica usanza. “Ahora muchas bandas llevan secuencias grabadas. Está sonando un instrumento y no ves a nadie que lo toque. Es otro lenguaje, no es el nuestro”, se limita a observar Salas. Para Rubén Sierra, con los pregrabados impolutos y la IA, “probablemente el futuro esté en la imperfección humana y el error, y lo que nos distinga será equivocarnos”.

Sigue siendo un grupo de intensa actividad internacional: hace poco actuó en Estados Unidos y México (el festival Pa’l Norte, en Monterrey, con cabezas de cartel como Guns n’Roses y Tyler, The Creator), y pronto lo hará en Francia y Holanda (la renombrada sala Paradiso, de Amsterdam). “Esta gira está pensada para durar dos años y poder ir a todas partes”, anuncia Adrià Salas. En España, les esperan festivales como Río Babel y Sonorama Ribera, así como citas en cuatro plazas catalanas, una por provincia: Tàrrega, Salou, La Bisbal y Barcelona (Poble Espanyol, festival Empremtes, 29 de mayo). Momento para desplegar un “‘show’ ambicioso, con una gran pantalla y un cámara en el escenario con realización en directo”.

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