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Estrenos de series

'La casa de los espíritus' (Prime Video): la novela de Isabel Allende regresa a la pantalla con "un sabor más latino"

Hablamos con Allende, la 'showrunner' Francisca Alegría, Nicole Wallace y Alfonso Herrera sobre una miniserie que corrige problemas de la adaptación al cine de 1993

Isabel Allende: "Me honra que se prohíba 'La casa de los espíritus' en Estados Unidos; quiere decir que la consideran peligrosa"

Alfonso Herrera (Esteban Trueba) y Nicole Wallace (Clara del Valle) en la serie 'La casa de los espíritus'

Alfonso Herrera (Esteban Trueba) y Nicole Wallace (Clara del Valle) en la serie 'La casa de los espíritus' / Prime Video

Juan Manuel Freire

Juan Manuel Freire

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'La casa de los espíritus', el asalto al patriarcado capitalista latinoamericano que supuso el debut en la novela de Isabel Allende, se podía sentir necesario y urgente en 1982, pero sigue resultando relevante en pleno 2026. "En los 70 y 80, la mayor parte de Latinoamérica vivía bajo una dictadura", cuenta su propia autora en mesa redonda virtual. "Las circunstancias políticas han cambiado, pero la violencia, la explotación y la discriminación siguen ahí. Y por supuesto, Estados Unidos ha virado hacia la ultraderecha, con su racismo y su misoginia y todas esas cosas que creíamos haber superado".

En otras palabras, la adaptación del libro como miniserie parece llegar en el momento correcto, cuando algunos vuelven a empeñarse en perpetuar estereotipos de género. Esta nueva 'La casa de los espíritus' (Prime Video, desde el miércoles, día 29) pone especialmente el foco en tres mujeres de otras tantas generaciones: la vidente Clara del Valle, su hija Blanca y su nieta Alba. Conocemos primero a la tercera (Rochi Hernández), adentrada en la vieja casa familiar para rescatar, a través de su abuela Clara, o del fantasma de aquella, un puñado de cuadernos que le permitirán viajar al pasado y guiarnos por la historia de su familia y de ese país anónimo en camino hacia el cambio social y político. Desde el principio sabemos quién es la narradora, algo que en el libro no sabíamos hasta el epílogo. 

El país donde se desarrolla la historia estaba claramente inspirado en Chile, pero el casting de la serie es diverso en nacionalidades y reivindica una identidad iberoamericana. La española Nicole Wallace y la argentina Dolores Fonzi encarnan a Clara en distintas épocas de su vida. El mejicano Alfonso Herrera es Esteban Trueba, casado con Clara tras haber pretendido a Rosa, hermana mayor de Clara; otra argentina, Chiara Parravicini. Blanca, hija de Clara y Esteban, es la (ella sí) chilena Fernanda Urrejola, también 'showrunner' y guionista. El catalán Eduard Fernández es el patriarca de la familia del Valle, abogado metido a senador liberal. 

Unos abuelos más guapos

Los contrastes con la versión en largo de 1993 son claros y profundos. Aquella fue dirigida en inglés por el danés Bille August y tuvo a Meryl Streep y Jeremy Irons en los papeles de Clara y Esteban Trueba. "Esa película no representa la idiosincrasia chilena ni latinoamericana, no entra en el ADN de nuestra cultura", recuerda la 'showrunner', guionista y directora Francisca Alegría ('La vaca que cantó una canción hacia el futuro') en entrevista con EL PERIÓDICO. "Por otro lado, con el tiempo he aprendido a verla con algo más de compasión. Respeto que a Isabel Allende y a mi país les gustara porque significa un hito para nuestra cultura. Que a partir de una novela chilena se rodara una película con los actores más 'hot' del momento es un logro que hay que celebrar". 

Para Allende, sea como sea, fue un choque ver a Irons y Streep haciendo de personajes que eran básicamente sus abuelos. "Esos actores no tenían nada de ellos. Eran mucho más guapos, desde luego", recuerda la escritora. "Me parece estupendo que haya podido hacerse esta nueva interpretación con un sabor más latino". 

Ocho horas también son pocas

Condensar quinientas páginas de historia en dos horas era un desafío. Y, de hecho, ni siquiera con ocho iba a ser más fácil la misión. "Hubo que decidir qué funciona dramáticamente y qué funciona en la literatura", dice Alegría. "Dramáticamente, tenemos que seguir a nuestros personajes y entender arcos emocionales de principio a fin. Hubo que ir limpiando, priorizando… Mientras tanto, van cayendo lágrimas por las cosas que dejas en el camino". 

Durante todo el proceso contaron con la bendición de Isabel Allende, que les dejó cortar personajes, matar a alguno u olvidar a otros. Según la escritora, supieron tomar lo esencial de la historia. "Mucho de lo que no era esencial quedó fuera, y eso ha hecho bien a la serie. Por supuesto, me parece bien que hayan cortado una generación entera". Pero lo que más admira es cómo se ha abordado el elemento del realismo mágico: "Es algo que no suele funcionar en cine. Siempre queda extraño. Recuerdo que cuando hicieron la película, Bille August me dijo que no podían poner a una persona con el pelo verde en la película. Porque el lector podía imaginar ese pelo de mil maneras, pero en pantalla siempre iba a ser una peluca verde. En la serie lo resuelven usando reflejos de verde; es casi verde y no lo es. Han hecho igual con todos los aspectos de realismo mágico; todo es muy sutil e inteligente".

Lectura obligatoria

El libro de Allende está ahora mismo prohibido en varios estados de Estados Unidos, pero en México y muchos otros países de habla hispana ha sido de lectura obligatoria. "Yo lo descubrí porque me lo exigió la Secretaría de Educación Pública", recuerda Alfonso Herrera. "Pero me lo pasé muy bien con él. No lo sentía como una tarea".

Nicole Wallace conocía bien el libro porque es el favorito de su madre, pero no lo cogió entre sus manos hasta que supo realmente que iba a hacer la serie. A la hora de componer su Clara, tuvo como referencia su propio yo infantil: "Hice bastante trabajo de niña interior", explica. "Sigo siendo muy espiritual, pero cuando tenía 6, 7 u 8 años estaba obsesionada con la magia, las hadas y lo místico. Eso me ayudó a conectar con Clara desde un sitio muy honesto y real". 

Por su parte, Herrera prefirió buscar respuestas en los guiones de la serie y en la novela de Allende, pero desde el principio tomó una determinación personal: "Que no debía juzgar a Esteban. Esta primera mirada puede posicionar a Esteban como un villano. Creo que es importante conocer sus traumas y así entender de dónde vienen esas reacciones, por qué explota de la forma que explota". 

Cuatro décadas y media después, Allende todavía parece sentirse culpable por haber convertido a su abuelo en ese personaje violento. "Era arisco, autoritario, patriarcal, pero también el hombre más decente que se pueda imaginar, y nunca habría violado a una mujer ni matado a nadie. No sé qué pasó con el Esteban Trueba del libro. Empezó como mi abuelo y luego se convirtió en un villano. No era mi intención, pero es lo que pasa con los personajes: se convierten en lo que necesitan ser". 

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