Opinión | La caja de resonancia

Periodista
Tom Waits y Massive Attack, ¿ya solo los veteranos protestan?
Su entente en una canción, ‘Boots on the ground’, de fuerte signo anti-Trump, se suma a otras manifestaciones críticas de voces históricas del mundo musical, en contraste con la discreción de muchos ídolos juveniles del pop

Imagen de archivo de la banda británica Massive Attack. / EFE/WAEL HAMZEH
Tom Waits ha salido de su larga hibernación musical con esa colaboración con Massive Attack en una canción, ‘Boots on the ground’, grave y de fuerte carga política. Es un sólido artefacto en el que Waits impone su estilo de narrador polvoriento sobre una base rítmica arrastrada y con vestigios de blues, y ahí es posible ver igualmente algún resto del fantasmal y repetitivo trip-hop acuñado en los 90 por el grupo de Bristol.
Un atractivo cruce genético que, ha dicho Waits, fue grabado “hace algunos años” y que ve ahora la luz como protesta ante lo que ambas partes interpretan como actos de “autoritarismo de estado” en la América de Trump y “en el hemisferio occidental”. Ciertamente, la canción es ‘malrollera’ en grado sumo y transmite terror, un efecto conseguido por su propia textura y por el sonido de la respiración agotada de Waits, antes y después, a lo largo de ese video de más de siete minutos, acompañando imágenes y textos que cubren desde el asesinato de George Floyd a los recientes excesos del ICE en Minneapolis.
La actualidad política ha empujado a manifestarse a sendos artistas caracterizados por la bajísima actividad productiva en los últimos tiempos: casi nula en el caso de Waits (que no publica disco desde ‘Bad as me’, 2011) y muy pobre en el de Massive Attack (que, tras ‘Heligoland’, 2010, se ha limitado a sacar dos epés y algunas canciones sueltas). ‘Boots on the ground’ no está en Spotify, en otra señal significativa.
El pop y el rock anglosajones presentan una larga tradición de denuncia y compromiso políticos, si bien en los últimos tiempos parece que esas expresiones se circunscriben, sobre todo, a los veteranos. Viejos hippies como Neil Young, versos libres como Patti Smith, el siempre dispuesto Bruce Springsteen, U2 con el reciente ‘Days of ash’. Taylor Swift demostró que mojarse (por los demócratas) no tenía por qué perjudicar su posición en el mercado pop, pero en su estela abunda la prudencia.
No creo en la superioridad de un artista respecto a otro porque uno se inspire en guerras y debates políticos y el de al lado prefiera cantar al amor, a la cavilación filosófica, a la observación social, a las zozobras identitarias o a la espiritualidad. La gracia del arte es la elección libre, pero es cierto que las figuras musicales de éxito tienen un poder que tal vez estén dejando de ejercer, y que eso puede tener consecuencias en la configuración de la opinión pública. Por ahora, disfrutemos, pese a su amargura, de este imponente ‘Boots on the ground’.
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