Entrevista
Jordi Sánchez (OBK): "Desde mi humilde habitación pretendí imitar a Umberto Tozzi y a Depeche Mode, y funcionó"
La marca artística del cantante y compositor de Sant Feliu de Llobregat, que atesora hitos de los años 90 y primeros 2000 como 'Historias de amor', 'De qué me sirve llorar' o 'El cielo no entiende', reaparece con un álbum, 'Vértigo', y una gira que le llevará el 30 de diciembre al Sant Jordi Club

El líder de OBK, Jordi Sánchez. / FERRAN NADEU

'Vértigo' es el primer álbum de OBK con canciones nuevas en 12 años. ¿Qué ha pasado en todo este tiempo?
No he querido sacar discos por sacarlos y manchar la carrera de OBK. Este nuevo tiene la esencia de OBK. Yo quiero emocionarme con lo que haga. Ha sido siempre así, desde que con 13, 14 años empecé a toquetear un sintetizador. Es sentirte un niño.
OBK sí que ha estado activo en los escenarios.
Fue cumplir los 50 y de repente aparecieron esos festivales tipo 'Love the 90s', en el Palau Sant Jordi o en el Fòrum. Me han permitido redescubrirme a mí mismo en el escenario, y llegar a gente joven: muchos padres que pusieron las canciones de OBK en casa. Y los padres estamos ahora celebrando la vida en plan disfrutón. Piensa que Fangoria grabó 'Historias de amor' y sigue tocándola en sus directos. Yo nunca había hecho tantos conciertos como ahora, 80 al año.
¿No le causaba ninguna reserva entrar en el circuito del 'revival'?
Soy un currante, lo mío es pico y pala. Pensé: "es trabajo, al final estás cantando tus canciones, tienes que defenderlas". Mi actitud siempre ha sido de intentar enamorar. Cada vez que me subo a un escenario tengo esa oportunidad.
¿Qué representan los 90 para usted?
Un cambio generacional a través de la música electrónica, que entonces era vista con un poco de recelo, y mira dónde está ahora, lo que ha supuesto. Todo el mundo hace electrónica.

Jordi Sánchez, durante la entrevista con EL PERIÓDICO. / FERRAN NADEU
Su música siempre ha sido una mezcla de frialdad maquinal y mucho sentimiento en textos y melodías.
Me gusta decir que mi primera influencia fue Umberto Tozzi con 'Ti amo'. Y luego, el italo-disco, juntado con todo lo que salía del Reino Unido: Nick Kershaw, Ultravox, George Michael... Y Depeche Mode, que eran dioses. Gente que hacía 'hits', joyas de cuatro minutos. Desde mi humilde habitación, pretendía imitar eso, a Tozzi y a Depeche, y funcionó.
OBK eran Miguel Arjona y usted. En 2012, él se bajó del tren y dejó la música profesional. ¿Qué ocurrió?
Cuando ves que, en una pareja, de amistad en este caso, ya no va a una... Para mí, esto es mi vida, compartida con Miguel y con toda la pasión, y después de 20 años hubo un punto en que me dije que no quería compartir mi sueño si no estábamos al 100%. Tuvimos una conversación y ya está. Cortamos. Las cosas se hicieron de una manera muy justa.
¿A él no le pareció mal que siguiera usted con el nombre de OBK?
No, no. OBK es un sueño mío, compartido con Miguel. La historia de OBK es así. Mi mejor amigo era él, y yo le daba la chapa cada fin de semana, enseñándole las canciones que hacía. Le decía: "tranquilo, como Pet Shop Boys, tú con los teclados y yo cantando". Miguel me escribió una carta y yo la adapté y de ahí salió 'De qué me sirve llorar'. Y dije: "perfecto, tú te encargas de la mayoría de las letras, yo me guardaré tres en cada disco", y así repartimos un poco el trabajo. Miguel era introvertido, y yo, extrovertido. Necesitaba ese equilibrio. Ahora puede quedar pretencioso decirlo, pero OBK morirá conmigo.
Vendieron 400.000 ejemplares de su primer álbum, 'Llámalo sueño' (1991), que los proyectó como un fenómeno de fans. Ese éxito propulsó una ola de dúos de pop electrónico, como Viceversa o Ray, con los que compartían páginas en 'Super Pop'. Entonces daba la impresión de que estaban incómodos en aquella situación.
Todas las compañías quisieron un OBK y no les importaba la calidad. Al final, te confunden y no te gusta lo que está pasando. Ocurre con todos los fenómenos de fans. Le pasó a Alejandro (Sanz). Hubo un momento en que dijimos "ya está, hasta aquí". Lo de grupo de fans parece que te condena hasta que pasas de nivel. Pero, como 'Llámalo sueño' triunfó desde el minuto uno, eso nos dio libertad. Hicimos 'Momentos de fe' (1993), tratando de hacer un pop electrónico digno, sin buscar el éxito fácil, introduciendo guitarras y mezclándolo en Real World. 'Dicen' era difícil para la radio. Duraba casi cinco minutos.
¿No se veía como ídolo de fans?
Para nada. Es incómodo eso. La gran suerte de Daft Punk es que nadie los reconoce y eso es lo mejor que te puede pasar. Tanto Miguel como yo hemos estado aquí por la música, no para vender nuestras vidas. Venimos de familias de currantes y me gusta recordarlo.
Se bautizaron inicialmente en honor a una canción de Depeche Mode, 'Oberkorn', nombre reducido luego a OBK. ¿Cómo consiguieron abrirse paso?
Yo trabajaba en una tienda de Mango en la calle Bruc. Un día le propuse a Isak Andic una idea loca: que las canciones de Oberkorn solo sonaran en las tiendas Mango y que la gente tuviera que ir allí a comprar las entradas y el 'merchandising'. A Isaac le flipó la idea. Bueno, me dijo que ni de coña iba a hacer eso, pero que le había gustado la pasión que yo le había puesto, así que me dio 75.000 pesetas, con las que compramos nuestro primer secuenciador. Gracias a él pudimos empezar a crear la línea de bajo y la de batería en un multipistas. Por eso, en 'Llámalo sueño' sale en los créditos de agradecimiento.
Tuvieron a un cómplice decisivo en la radio.
Un cliente de la tienda conocía a Manel Ortiz, 'dj' de 'Los 40 Principales'. Le hice llegar nuestra primera maqueta, le gustó y estuvo dos años moviéndola hasta que Blanco y Negro nos ofreció grabar un mes de agosto, cuando tenían el estudio cerrado. El primer sencillo era ‘Déjame comerte’, pero en la cara B estaba ‘Oculta realidad’, donde Miguel hizo una letra en la que planteaba qué pasaría si fuéramos gays. En ‘Los 40’ comenzaron a pincharla y al colectivo le encantó. Luego llegaron ‘De qué me sirve llorar’ e ‘Historias de amor’. Era techno romántico. En el verano de 1992 sonaban en todas las discotecas.

El cantante y actual único ingregrante de OBK, Jordi Sánchez. / Ferran Nadeu / EPC
La 'OBKmanía'.
La primera que lo dijo fue Nieves Herrero en televisión: 'OBKmanía'. Ahí sí que noté que mi vida había cambiado. Cuando hacíamos las canciones siempre tuve la sensación de que iban a gustar. Y eso que la discográfica, Blanco y Negro, no apostó nada: no nos pagaron ni los bocadillos de la preproducción del disco. Tuvimos muchas peleas. No estuvieron a la altura. Yo quería ir a México y no hubo manera. Fuimos en 1995, cuando ya estábamos en EMI.
¿De qué álbum está más orgulloso?
De 'Donde el corazón nos lleve' (1996). El disco más fallido de mi carrera. Pero todo está bien. No cambiaría ni una coma de la historia de OBK. 'El cielo no entiende', del álbum 'Antropop' (2000), es tan importante como 'Historias de amor'. Fue la sintonía de la Vuelta Ciclista. Somos el único grupo de España que puede decir que ha hecho 14 videos con J. A. Bayona. Siempre digo que OBK ha tenido una buena mala suerte. OBK es un gran desconocido.
¿Por qué lo dice?
En 2005 hice una canción llamada 'Yo no soy cool'. No voy de ingeniero, ni de ser el más vanguardista. Mis canciones son pop: buscar buenas melodías y letras que lleguen. Mecano, para mí, fue un gran referente.
Y ahora llega 'Vértigo', un disco en el que colabora su hijo pequeño David, conocido como apollovice.
Tiene 27 años, es productor y compositor. Yo estoy siempre muy metido en la producción y soy muy obsesivo, pero me gusta estar con gente que me ofrezca ideas. Pero, después de todo, OBK es mi vida, es mi juguete y yo siempre tengo que estar ahí dando el toque final.
El primer sencillo ha sido 'Maldita mujer', con un video en el que parecen reivindicar a la mujer madura.
Es una canción sobre las dependencias emocionales y lo compleja que es la pareja. Yo siempre me he regodeado en los porqués de las relaciones. Los dramas tienen tanta verdad... En el video sale la actriz y modelo Pino Montesdeoca. Está ahí para visibilizar a las mujeres de más de 50 años. Me pareció interesante para transmitir lo que quiero decir en la canción.
Es muy melódica, mientras que 'En Berlín' representa la otra cara, más dura y electrónica.
En los primeros Depeche Mode, me gustaba mucho Vince Clarke, que luego creó Yazoo y era muy pop, y también Martin Gore, mucho más oscuro. 'Maldita mujer' sería Vince Clarke, y 'En Berlín', Martin Gore.
Su gira de este año la cerrará en plazas como el Sant Jordi Club (30 de diciembre). ¿Y después?
No pienso en nada. Que fluya. He llegado hasta aquí porque no he pensado mucho en eso. Me voy a enfrentar al Sant Jordi Club y al Movistar Arena. Me gusta la frase de Lorca: "No vamos a llegar, pero vamos a ir". Estoy feliz. Son 35 años viviendo de la música. Con un perfil bajo, pero suficiente como para mantenerme haciendo lo que más me gusta, y se trata de seguir jugando, como el chaval de hace 35 años.
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