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"Gira 25 p*t*s años"

Dani Martín, una orgullosa regresión a la inocencia juvenil en el Palau Sant Jordi

El cantante madrileño recorrió con intensidad los hitos de El Canto del Loco y presentó su álbum más reciente, 'El último día de nuestras vidas', en el primero de sus tres conciertos de este año en el escenario olímpico

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Concierto de Dani Martin en el Palau Sant Jordi

Concierto de Dani Martin en el Palau Sant Jordi / FERRAN SENDRA

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

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A Dani Martín no le ha hecho falta jugar la carta, hoy tan recurrente, de reunir a su antiguo grupo famoso, El Canto del Loco, para bañarse en multitudes en esta 'Gira 25 pts años', que se anotó diez noches en el Movistar Arena meses atrás y que este sábado llenó el Palau Sant Jordi (y le seguirán otros dos, el 23 y 24 de octubre). Conciertos en los que el madrileño invoca su yo más juvenil (17 de las 27 canciones del repertorio proceden de aquella banda, disuelta en 2010), haciendo así media con la línea emocional del público, hambriento de efecto ‘remember’ y de fundirse con una versión quizá más inocente y pura de sí mismo.

Sus viejos colegas ya no estaban ahí, pero sí una formación de efectivos redoblados, con dos teclistas y, en primera línea, tres guitarristas, escuadra que entró en escena de modo aparatoso con 'Zapatillas', entre llamaradas y mientras unas gigantescas Converse irrumpían como atrezo al fondo del escenario. En 'Volverá', las guitarras fueron cuatro, ya que se sumó el muy tierno Oli Gutiérrez, hijo de Rulo (el que fuera líder de La Fuga), muy puesto en su papel de rockero malote a la edad de ocho años.

El Canto del Loco fue aquel grupo que en su día no pidió perdón por cantar al amor, la diversión y las expansiones eróticofestivas, sin coartadas intelectuales, y Martín confió en aquellas canciones para prender la mecha en el Sant Jordi, con diez clásicos seguidos que revivieron notables perfiles power-pop, caso de esa disfrutable cursilada llamada 'Besos'. Funcionó la tralla guitarrera de 'Son sueños', y la sección de baladas fue puro karaoke con 'Tal como eres' y un 'Puede ser' sustentado en el piano.

La nostalgia es dulce y reconfortante, y Martín tiró de ella a conciencia. Luego recordó cuando se presentó al mundo como sentido baladista (en su álbum en solitario homónimo de 2013) e invitó a escena a un cuarteto de cuerda para perfumar un poco más 'Qué bonita la vida'. Cuando tomó la palabra, celebró poder llenar el Sant Jordi, y tres veces, pasados los años ("aunque ya no estemos de moda"), y recordó cuando El Canto del Loco vino por primera vez a Barcelona, como "cinco paletos absolutos, pero con la pinta de los Rolling Stones".

Las canciones de 'El último día de nuestras vidas' (2024) bien podrían haber sido compuestas en tiempos de su antigua banda, dado el recuperado brío guitarrero, arrollador en 'Me vuelves puto loco', con su tonada expeditiva. Las letras son otra cuestión: ese lamento desfasado porque "ya no se va a los bares a ligar", el corte de mangas gamberrete a "la música actual", poblado de clichés (y de superioridad moral), de 'Novedades viernes'.

Bueno, Dani Martín no lleva bien cómo evolucionan ciertas cosas y tal vez sea mejor eso que verlo haciéndose el moderno. En el tramo final, el Sant Jordi fue suyo, su voz aguantó la presión y temas como 'Una foto en blanco y negro' y 'Ya nada volverá a ser como antes' recordaron con renovada contundencia los tiempos en que un grupo dominó las listas de ventas manejando guitarras eléctricas.

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