Entrevista | Marc Colell Escritor
Marc Colell: "Muchos años antes de escribir ya me sentía escritor. En la vida, quizás solo hace falta estar convencido de algo"
El autor, que vive en L'Escala desde hace más de veinte años, publica su segunda novela, 'Las crines', ganadora del premio Café Gijón 2025, uno de los más prestigiosos del Estado español.

El escritor Marc Colell, fotografiado en la Rambla de Figueres / EDUARD MARTÍ
Marc Colell (Barcelona, 1975) trabaja como profesor en el instituto El Pedró de L'Escala, donde vive con su familia desde hace más de dos décadas, con una «pausa» de cinco años en Argentina, país de donde es su mujer, concretamente, de La Pampa. Este es también el escenario de la novela 'Las crines' (Siruela) con la que Colell ha ganado el premio Café Gijón 2025, uno de los más antiguos y prestigiosos del Estado español, creado en el año 1949 por Fernando Fernán Gómez. Cuando hablamos para esta entrevista, el escritor explica que justo acaba de recibir un ejemplar de la segunda edición de su libro. Se le ve feliz. No es para menos, ya que hace poco menos de dos meses que 'Las crines' aterrizó en las librerías y la acogida entre los lectores realmente ha sido muy buena.
¿Haber ganado un premio como el Café Gijón puede darle alas a 'Las crines' y a su carrera como escritor?
El premio te da mucha visibilidad de golpe, claro. Hay mucha gente que quiere leer el libro, que se interesa.
Tengo entendido que optaban más de seiscientos candidatos. ¿Usted presentó el original?
Sí, envié el libro, pero llevaba tres años seguidos enviándolo.
¿El mismo original?
Sí, y el jurado, en la intimidad, me comentó que llevaba dos años llegando a los últimos tres finalistas. Ahora ya no lo hago, porque ya tengo editorial, pero he estado unos diez años enviando a concursos todos los libros que tenía.
Hasta el momento ha publicado la novela 'Reino vegetal' (2023), la colección de relatos 'El bozal' (2025) y ahora 'Las crines' (2026).
Una cada año. De hecho, las tenía las tres escritas cuando empecé a publicar y no había manera, porque el mundo del libro es muy difícil, sobre todo para entrar. Y ahora que he entrado, pues ya está. Es decir, ya no envío más a concursos (sonríe).
Terminar con el premio Café Gijón está muy bien, es un premio muy importante.
Sí. Lo fundó Fernando Fernán Gómez y lo han ganado personas como Leonardo Padura (1995), Carmen Martín Gaite (1954)... Es muy prestigioso y, respecto a otros premios que están muy arreglados, como el Nadal, este es de los que se mantiene con mucha categoría, porque todo el mundo sabe que es un premio que otorga un jurado de prestigio y punto. Yo no lo sabía. De hecho, estaba paseando por L'Escala y me llamaron, me lo dieron, y al día siguiente a las 9 tenía que estar en Siruela para una rueda de prensa, en el Café Gijón.
También le da solidez y confianza como escritor.
Sí, porque los otros dos libros se publicaron con una editorial muy buena, pero más pequeña, y siempre piensas que le han gustado al editor, a la correctora y han tenido muy buenas críticas, pero este jurado es de lujo total.
Vive en L'Escala, pero en el Empordà se le conoce poco.
A veces, uno nunca es profeta en su tierra.
¿Escribir en castellano puede incrementar esa sensación?
En Cataluña, con el tema del catalán, pasa un poco. Pero yo escribo en castellano porque me siento más cómodo y punto. Esta es una pregunta que a veces me hacen aquí, en Cataluña únicamente, y me cuesta contestar porque realmente no sé la respuesta. Me encuentro más a gusto; aunque mi lengua es el catalán, el castellano también lo es a nivel literario. De hecho, la lengua literaria no deja de ser un artificio, es como una técnica, como si fuese pintura al óleo. Y con la lengua, no sé por qué me ha venido el castellano. A veces escribo en catalán, pero poesía, para mí, porque es una lengua que me encanta también, pero no la domino a nivel literario. No me hallo en ella.
Abre la novela 'Las crines' con una cita de un autor clásico argentino, Ricardo Güiraldes, de su libro 'Don Segundo Sombra'.
Un libro que a mí me fascinó cuando lo leí. La literatura gauchesca, pues, me ayuda también a tomar el pulso del paisaje, en profundidad. Es una literatura a la que me he acercado y me hizo entrar también en un léxico y en una esencia de campo muy interesante.
Parecería que con la cita tiende un puente entre dos tiempos y dos estilos.
Se crea como un puente con una literatura que, en realidad, no desaparece a lo largo del tiempo. Podría haber puesto una cita de un autor argentino más actual, porque me gusta mucho la literatura argentina, es muy rica. Hay escritores de ciudad, de Buenos Aires, que son quizá los más famosos, pero después hay autores de la gran provincia de Buenos Aires que me han encantado y que sigo leyendo.
¿De dónde nace su relación con La Pampa, donde sucede la acción?
Mi mujer es argentina, pero nos conocimos en Flaçà. De eso hace veinte años. En L'Escala tuvimos dos hijos y después estuvimos cinco años viviendo en Argentina.
El protagonista, de quien no sabemos el nombre, también vive en el Empordà y viaja a La Pampa. No es exactamente como hizo usted, pero...
Sí, menciono el Empordà en la novela y esa diferencia con el paisaje de La Pampa, que es distinto; donde hay pueblos, evidentemente, pero entre pueblo y pueblo hay algo deshabitado y gigante que aquí no existe. Por eso hay momentos en la novela que hablan de esa diferencia: que aquí todo está poblado, de alguna manera, aunque haya naturaleza y bosques, mientras que allí es una inmensidad que se abre entre las casas.
¿Le pasó como al protagonista, que llega a La Pampa para instalarse en la quinta que le deja una amiga y recorre aquel lugar a partir de las descripciones y los recuerdos de ella?
Es verdad, puede que mi amiga sea mi mujer. En mi caso, sin embargo, cuando nos conocimos enseguida hicimos un viaje. O sea, que no fue tan así, pero sí que durante los meses que estuvimos como pareja al principio, sin haber ido nunca a Argentina, es verdad que ella me empezó a hablar mucho o que yo empecé a tomar mate, a leer, a escuchar música... como toda una red cultural que uno tiene antes de ir a un lugar.
¿Y su relación personal con aquel sitio?
Tengo una vinculación muy grande, sobre todo de carácter emocional, porque tengo a mucha gente querida allí; es un lugar que sigo queriendo mucho y que, para mí, representa muchas cosas a nivel personal. Hice que este hombre se moviera hacia allá en un viaje de descubrimiento con el que, al principio, quizás espera encontrarse solo y, poco a poco, ve que tiene que vincularse con gente que conoce, unos vecinos que van surgiendo. Es un viaje, al final, de descubrimiento y de personas, de compañía. Hay un paisaje que él descubre como un territorio nuevo a explorar. A veces se siente como un explorador porque va solo, también, pero, finalmente, encuentra personas. Las novelas siempre van de personas y de comunicación entre personas.
Hablando de explorar, hay un momento en que el protagonista tiene dos caminos para elegir y él elige el difícil. He llegado a pensar que, tal vez, quería perderse en él.
Cierto, porque hay una pérdida que siempre implica un encontrar, encontrar cosas cuando uno viaja. Es verdad que este es un territorio que no es turístico. Yo viví allí muchos años y no vi nunca a ningún turista. Sí algún turista de Buenos Aires, porque el lugar donde está ambientado el libro, que es un pueblo real o una recreación de un pueblo, tiene un río, por allí pasa el río Salado. Y, a veces, hay turistas de Buenos Aires, porteños, que van a pescar. Era el único turismo que había. Es un territorio que realmente, si tú vas, tienes esa doble sensación de descubrimiento, porque no es un lugar pisado, sino que es un lugar donde realmente sientes que estás descubriendo que eres la única persona extranjera que hay.
Hay una pérdida que siempre implica un encontrar, encontrar cosas cuando uno viaja
Qué sensación tan especial y difícil de vivir.
Es un lugar muy bonito, muy exuberante, con una naturaleza todavía muy poco pisada. A veces la gente, cuando escucha la palabra La Pampa, la confunde con la Patagonia, y La Pampa es un lugar muy fértil, muy verde y no es desértico, como se dice. En la literatura gauchesca lo llaman el desierto, pero no es tal, porque es absolutamente fértil, lleno de animales y con una vegetación exuberante.
Quizás, al principio es un paisaje que abruma, incluso angustia, pero al final se acostumbra aunque no sé si acaba sintiéndose a gusto.
Es como que le quiere y le duele. Es un paisaje que le impresiona mucho, lo busca, porque sale a caminar, a ver cosas, y las va descubriendo paulatinamente. No quería hacer un libro como una guía turística y tampoco un libro folclórico, sino que quería que el personaje se fuera encontrando con cosas y a veces, incluso, no supiera explicarlas o nombrarlas. Así, quizás ve un pájaro que le encanta y no sabe cómo se llama. Y lo quise dejar así, aunque yo, como escritor, conociera ese nombre. Era una manera de acompañar al personaje, de que pasara por la novela y fuera descubriendo cosas y quedaran algunas incompletas. A mí me interesa mucho eso en literatura. Trabajar la elipsis, que haya detalles que no se explican, que no se pueden explicar, que ni siquiera el narrador lo sabe o el protagonista.
En la literatura gauchesca llaman La Pampa al desierto, pero no es tal, porque es absolutamente fértil, lleno de animales y con una vegetación exuberante
Este viaje lo narra el personaje central a través de cartas que escribe a su amiga. Aquí no aparecen los móviles.
Quizás cuando la escribí, unos diez años atrás, no tenía teléfono inteligente todavía, solo el de botoncitos. Así que es una época indefinida; no se dice cuándo ocurre la acción, el tiempo externo no se menciona. Da la sensación de bajar la velocidad. Que él le escriba una colección de cartas a la amiga que le ha dejado la casa supone un retorno a una intimidad y quizás también a una lentitud, porque tenemos la sensación, los lectores —así me lo han dicho— o quizás era un propósito mío, de ponernos al lado del protagonista y ver prácticamente cómo está escribiendo esas cartas y meternos dentro de su ritmo interno.
En este recorrido, va encontrando a todo un elenco de personajes extraordinarios.
Lo que me interesaba es que fuesen verdaderos, que tuviesen como una entidad en sí, que no fuesen arquetípicos ni planos, sino personajes con una vida propia. Hay un pastor medio enloquecido; la hija de un pastor que vive recluida; un chico que es más potentado, el hijo de un estanciero… Él se los va encontrando y, poco a poco, tiene que vincularse con ellos y, de alguna manera, tiene que cuidarlos también. Entonces es una novela que habla del cuidado, del acompañamiento, a veces incompleto o fallido, pero un acompañamiento que se va dando.
Podríamos decir que es un personaje herido.
Él arrastra una orfandad, una soledad y un duelo muy profundos y, entonces, practica este cuidado, a veces con quien puede, como puede, de manera incompleta, huyendo, acercándose, las dos cosas. Es verdad que recuerda una infancia dolorosa donde hubiese querido quizás tener un amor más exclusivo que no tuvo. Se encuentra bamboleándose en la vida, a trompicones.
Leyendo uno de los capítulos, la celebración de un asado en una gran finca, me ha hecho pensar en una escena de una película de Berlanga.
Es el capítulo más divertido, quizás. Al menos recuerdo que me divertí escribiéndolo, y a veces eso también se nota a la hora de leer. Es un libro oscuro, pero que alterna también entre la oscuridad —a veces representada por los espacios cerrados como la quinta o la cueva— y una luminosidad y una apertura que también representa ese conocer a la gente, poderse divertir en algún momento o vivir la vida con una cierta distancia, con una cierta ironía. Y este capítulo concreto es un poco más pintoresco.

'Las crines'
Autor: Marc Colell
Editorial: Siruela
Páginas: 156
Precio: 17,95 euros
En la novela aparecen un montón de animales, pero destaca un viejo caballo llamado Potricox.
Él le pide un caballo a este chico que conoce, Alfonso, para cuidarlo. Pero no pide un caballo joven, que es lo que se espera cuando alguien quiere un caballo. Ni el gaucho lo acaba de entender y primero le trae un caballo joven, de estos muy briosos, y él se lo hace cambiar porque dice que necesita un caballo viejo, tranquilo, pacífico, de estos tan mansos. Entonces le trae este caballo que se llama Potricox y pasan cosas. Él, sin embargo, solo lo quiere para tenerlo y quizá para deshacerse de otro caballo que forma parte también de sus pesadillas y que sale también en la novela.
También aparecen muchos perros.
En mi libro anterior, 'El bozal', también salen muchos. Me voy dando cuenta poco a poco de esto porque no es que quiera escribir tanto sobre perros —me gustan, tengo uno—, pero sobre todo lo que quiero escribir es siempre sobre personas, y cuando salen animales en mis libros siempre son metáfora de alguna persona, de algún tipo de vinculación.
Sobre su manera de escribir, el lenguaje que emplea, algún crítico lo ha descrito como belleza austera. ¿Usted también la siente así?
Sí, mi obsesión a la hora de escribir es la oración. Me trae de cabeza el uso de la palabra, de la frase, de la oración, de la cadencia, la musicalidad. Ciertamente busco una calidad muy esmerada con el lenguaje. No me importa tanto explicar una gran historia como escribir cada día y escribir prácticamente como una cuestión de artesanía, de un acabado musical poético, aunque sea prosa. No es una prosa poética exactamente porque es una prosa narrativa, es decir, explico cosas constantemente, pero sí que me gusta mucho que las palabras lleguen con una suavidad y con unos recursos literarios que permitan intentar hablar de una prosa con una calidad buscada.
No me importa tanto explicar una gran historia como escribir cada día y escribir prácticamente como una cuestión de artesanía, de un acabado musical poético, aunque sea prosa"
Escribir, ¿por qué?
No lo sé. En mi caso se trata de una necesidad y no sé exactamente de dónde sale. Hay escritores que escriben por muchos motivos. Unos, por disfrute, y otros lo hacen como una especie de oficio o de distracción, quizá porque han idealizado mucho a otros escritores. Mi vinculación con la palabra es más bien de una necesidad absoluta. Yo necesito escribir cada día y, si no escribo durante unos días, siento un malestar profundo como si me faltase algo; entonces tengo que volver a engancharme a la palabra. Por eso escribo por las esquinas. Ahora he pensado: tengo una hora y media y, si la entrevista dura cincuenta minutos, me quedarán veinte para escribir; y si voy al súper y veo que aún tengo una hora para hacer la cena, me quedo en el garaje del súper escribiendo diez minutos.
Veo que araña todo el tiempo que puede.
Lo llevo así. En mi caso es por una necesidad, pero no sé muy bien de dónde proviene, es un misterio también para mí.
Entiendo que se siente escritor desde mucho antes de publicar.
Muchos años antes de escribir. Me recuerdo a mí mismo cuando era adolescente leyendo libros que, en aquel momento, me fascinaron. Era una cuestión prácticamente física. Yo leía libros y decía que no había nada más importante en la vida que poder hacer aquello. Estaba convencido de que me dedicaría a esto y que podría escribir libros, y no sé muy bien por qué pensaba que lo podría hacer, porque es algo difícil, pero estaba convencido. Y quizá, a veces, en la vida solo hace falta estar convencido de algo.
Trabaja en el instituto de L'Escala.
He trabajado muchos años en escuelas concertadas y hace un par de años saqué las oposiciones de la pública y tuve la suerte de entrar en L'Escala. No tengo plaza definitiva, pero de momento llevo dos años y estoy muy bien.
Al menos tiene una cierta garantía, porque vivir de la escritura es muy complejo.
Los escritores, en general, no viven de los libros. Este año y punto, yo diría que lo hubiera podido hacer porque gané un premio que estaba bien dotado y porque ahora me salieron bolos. Así que este año sería el único en que hubiera podido sobrevivir de los libros, pero los años anteriores no, y los años futuros no lo creo tampoco, porque esto va como va.
¿Lo lamenta?
No, pienso que el hecho de tener un trabajo fijo, ser profesor, por ejemplo, te permite también cierta libertad. Yo escribo lo que quiero y punto. Y pienso que si he llegado aquí también es por no haber tenido tampoco tanta prisa o tanta obsesión; simplemente escribir, desarrollar tu literatura y poder vivir de otro trabajo. Hay gente que piensa que el hecho de trabajar de otra cosa te quita todo el tiempo para escribir. Yo pienso un poco al revés. Evidentemente, el hecho de trabajar te quita ocho horas cada día o lo que sea, pero después, con el tiempo que tienes, puedes escribir lo que realmente quieres porque tu sueldo o tu día a día no depende de ello.
¿Hacerlo desde el Empordà lo pone fácil? Quizá no le permite estar conectado con algunos círculos literarios que le interesarían.
Escribí mucho, tres libros enteros, sin haber conocido nunca ni a un escritor, ni a un editor, ni a un agente literario, prácticamente a nadie. Después di el salto porque realmente pensaba que tenía que salir, creía que estaba escribiendo bien y ya me pesaban mucho los libros en el cajón. Realmente, en los últimos años he conocido a un montón de gente y estoy conociendo a muchísimas personas del mundo de la escritura y de la edición.
Escribí mucho, tres libros enteros, sin haber conocido nunca ni a un escritor, ni a un editor, ni a un agente literario, prácticamente a nadie"
¿Y cómo ha ido?
Me he llevado una gran sorpresa porque, aunque es un mundo donde hay, a veces, algo de mal rollo y celos, el 99% de la gente que he conocido es muy maja, muy abierta y muy generosa. Mi editorial anterior, Ya lo dijo Casimiro Parker, que es de Madrid, es gente maravillosa. En Siruela, que es una editorial más grande e importante, la gente es muy maja y cálida. Y, después, otros escritores que me han ayudado mucho o escritoras que yo tenía como muy lejos. Es el caso de Marta Sanz, que me hizo la frase para el libro, pero es que con cada libro que he escrito me ha enviado una carta diciéndome cuánto le había gustado analizarlos. Para mí, ella era, y sigue siendo, una súper escritora. También he encontrado gente que ha tenido gestos de generosidad muy grandes que no tenían por qué tener, porque yo no era nadie ni tengo contactos —los contactos son ellos— ni ninguna empresa ni ninguna editorial. Son personas que me han presentado libros y que han sido muy cálidas conmigo. También el mundo de los libreros. En Madrid presento siempre en la librería Alberti y en Barcelona en la NoLlegiu, y me he encontrado con gente muy generosa.
Este libro quizá también podría llegar hasta Argentina.
Va llegando, aunque Argentina está en un momento muy difícil en el ámbito político y económico, y el libro es un objeto que es muy caro e implica un gasto mayor. Aunque es verdad que existe la versión e-book y la gente también lo puede comprar más fácilmente.
¿La Pampa que usted retrata en la novela es tal como la ha vivido?
Cada mirada es distinta, pero me gusta mucho tener esta mirada. La lectura de los lectores y lectoras argentinos que me va llegando es muy importante también, porque es gente que vive allí y, aunque sean de Buenos Aires, conocen, han viajado. Me interesa su mirada porque se reconocen en el libro, esa aproximación sensorial, la luz, los colores. Me interesa que los libros sean muy plásticos, que la mirada sea muy real, como vivir en una película. Muchos lectores me dicen que ven las imágenes, que se encuentran en ellas, que realmente viven dentro del libro.
El primer libro fue una novela, el segundo relatos cortos y este tercero otra novela. ¿Le gusta alternar ambos géneros?
Mucho. El relato me parece un género muy prestigioso y muy difícil porque tiene una particularidad: cada uno implica un gasto narrativo muy grande, ya que cada vez tienes que escoger un punto de vista, una voz, que es lo que más cuesta conseguir. Con la novela, una vez has encontrado el punto de vista, es difícil mantenerlo, pero no es como en un relato, donde te lo juegas todo como en una pincelada. Las novelas implican, sobre todo, otra inversión mental. A veces escribo relatos para descansar de escribir novela, porque sé que en dos o tres días o en una semana lo culmino; es como una explosión. La novela implica un viaje que te exige mucho más y que tienes que ir cuidando.
Suscríbete para seguir leyendo
Fuente: Empordà
- Javier Ruiz deja TVE para dirigir La Séptima, la nueva cadena de televisión, y Cintora asume 'Mañaneros
- 3Cat emite este sábado el triangular del Barça contra Udinese y Nottingham Forest
- Muertos S.L.' se despide en Netflix con una cuarta y última temporada
- Muere a los 68 años el bajista Felipe Lipe, el gafotas de Tequila
- La cantante argentina La Joaqui comparte con Rosalía y el público su dolorosa propuesta de separación
- Cinco películas en salas y cinco en plataformas que no puedes perderte este agosto
- Aitziber Garmendia ('Muertos SL'): 'Trabajé en la limpieza. Esa etapa me sirvió para relativizar y reafirmarme en que quería ser actriz
- Joc de cartes estiu' busca el mejor restaurante en primera línea de mar de Badalona