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Semana de la moda catalana

"Quiero que no puedas mirar hacia otro lado": la moda combativa de la palestina Sylwia Nazzal llega a la 080 Barcelona Fashion

La fundadora de Nazzal Studio, afincada en Jordania, se estrena en la pasarela barcelonesa con 'Al-Najah | النجاة', una colección creada junto al artista experimental Jad Maq que convierte la herencia beduina y la memoria cultural en una declaración de presente

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La diseñadora Sylwia Nazzal junto al artista jJad Maq, artífices de la colección ‘Al-Najah | النجاة’.

La diseñadora Sylwia Nazzal junto al artista jJad Maq, artífices de la colección ‘Al-Najah | النجاة’. / NAZZAL STUDIO

Laura Estirado

Laura Estirado

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A Sylwia Nazzal Barcelona le interesa por lo mismo que le interesa la moda: porque no es neutra. La diseñadora palestina, fundadora en 2023 de Nazzal Studio, debuta en la 080 Barcelona Fashion con 'Al-Najah | النجاة', una colección junto al artista experimental Jad Maq que convierte la herencia beduina, la artesanía y la identidad en algo más que una estética.

"Barcelona es una ciudad con una identidad cultural fuerte, y eso me importa. No me interesa presentar el trabajo en espacios neutros. Quiero que el contexto tenga historia, tensión y carácter", explica a este diario. También ve en la 080 una energía distinta a la de otras plataformas: "No es como las grandes casas. No hay tendencias marcando el paso y la creatividad se siente nueva e innovadora. Siento que aquí la gente puede entender mi trabajo".

Ser entendida no es baladí. El universo de Nazzal Studio, con base en Jordania, se mueve entre la confección, la 'performance' y la investigación material, pero lo sostiene una idea concreta: la ropa como lenguaje político, cultural y emocional. En su trabajo, ese lenguaje está atravesado por la historia de Palestina, la resistencia y la negativa a separar identidad y creación. Cuando se le pregunta si alguna vez contempló desligar la moda de su postura política para abrirse camino con menos fricción, responde sin rodeos que "No". "Eso -insiste- requeriría desconectarme de mí misma, y entonces el trabajo se vuelve vacío. Si es más fácil, probablemente es menos honesto".

Uno de los diseños de Sylwia Nazzal.

Uno de los diseños de Sylwia Nazzal. / NAZZAL STUDIO

El precio de contar la verdad

Nazzal conoce el precio de hablar claro en una industria que todavía premia más la cautela que la verdad. Reconoce que posicionarse abiertamente sobre Palestina le ha cerrado puertas, restado oportunidades y apartado de ciertos entornos donde el silencio resulta más rentable que el conflicto. "He perdido acceso a ciertos lugares, oportunidades y personas que prefieren el silencio", admite. Especialmente después del 7 de octubre de 2023 [cuando el ataque de Hamás y otras milicias palestinas contra Israel que desencadenó en el genocidio en Gaza por parte de Israel contra la población civil palestina]. Desde ese día su trabajo empezó a leerse de forma todavía más evidente. Eso la acercó al público adecuado, dice, pero también tensó su relación con una parte del sistema de la moda, más cómodo con la estética de la rebeldía que con la incomodidad de la política real.

Su lectura de la industria es seca y afinada. Cree que la moda sigue recompensando determinadas causas cuando ya han sido lo bastante empaquetadas como para no molestar demasiado. "Hay una política 'apropiada' de la que sí se puede hablar. Pero cuando empujas esa caja, ya no están preparados". Lo dice sin victimismo, con la lucidez de quien ya ha entendido el mecanismo: se celebra la diferencia siempre que no altere demasiado el decorado.

Uno de los diseños de 'Al-Najah | النجاة'.

Uno de los diseños de 'Al-Najah | النجاة'. / NAZZAL STUDIO

Quizá por eso sus piezas no están hechas para pedir permiso. Hay en ellas volumen, presencia, una rotundidad visual que obliga a levantar la mirada. No es solo una decisión formal; también es una posición. "Quiero estar tan delante de ti que no puedas apartar la vista, que no puedas seguir silenciándolo", explica. En su universo, la visibilidad no puede ser sutil porque tampoco lo son el borrado, la negación o la desaparición cultural con los que dialoga su trabajo.

Tribu y resistencia

Ahí encaja 'Al-Najah | النجاة', la colección con la que aterriza en Barcelona. Nazzal la plantea como un regreso a lo esencial, a lo que queda cuando se apartan el ruido, la aceleración y la lógica de la producción constante. "¿Qué nos queda en el núcleo? ¿Qué seguimos necesitando como seres humanos?", se pregunta. La respuesta la encuentra en la vida beduina de Bilad al-Sham: en la tribu, la generosidad, los materiales naturales, el cuidado, en la intuición de que sobrevivir nunca ha sido una tarea individual. De todas las formas de resistencia, la que más le interesa es la resistencia comunitaria.

La colección se construye con cuero, látex, seda, metal y pigmentos naturales extraídos de rocas del desierto, henna, índigo o sangre de ciervo en polvo. Cada silueta remite a un gesto nacido de la necesidad: una cuerda que asegura una tienda, el fuego como protección, las estrellas como orientación. También las referencias culturales están tratadas desde ese lugar. Los tatuajes faciales beduinos de Jordania y el tatreez palestino y jordano no aparecen como adorno ni como guiño superficial. "No los trato como decoración. Vienen de realidades vividas, de personas, de historias", subraya.

Capucha inspirada en rituales beduinos, símbolos y tradiciones de tatuajes junto a los tátreez palestinos.

Capucha inspirada en rituales beduinos, símbolos y tradiciones de tatuajes junto a los tátreez palestinos. / NAZZAL STUDIO

Prendas tradicionales actualizadas

Ese cuidado por no vaciar de sentido los símbolos también se aprecia en su forma de mirar los detalles. Cita, por ejemplo, las mangas en punta del 'thob' tradicional, pensadas para poder atarse a la espalda y facilitar el trabajo agrícola con las manos libres. Ahí está una de sus claves creativas: tomar un elemento funcional, heredado, casi doméstico, y convertirlo en código contemporáneo sin desactivarlo.

En esa conversación entre memoria y presente son fundamentales las artesanas con las que trabaja en Jordania, mujeres refugiadas y locales de las que ha aprendido paciencia, respeto por el proceso y otra relación con el tiempo. Frente a una industria obsesionada con producir deprisa, Nazzal Studio reivindica otra escala: pequeñas cantidades, a veces piezas únicas, y una forma de hacer en la que la artesanía no es nostalgia, sino posición.

Su clienta -o su cliente- tampoco responde al retrato clásico del consumo aspiracional. "Es alguien que no consume moda de forma pasiva. Alguien emocional y políticamente consciente, que entiende la ropa como lenguaje", explica. No busca solo una prenda, sino una historia, una intención, una toma de postura. En esa defensa de un imaginario visual con raíces, Nazzal menciona también a Rosalía, a quien admira por construir un lenguaje reconocible alrededor de la identidad, las referencias culturales y la performance sin perder el vínculo con su origen.

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