Óbito
Muere Beatriz de Moura, fundadora de Tusquets y pieza clave de la historia editorial de España
La editora, de 87 años, dio a conocer a autores como Samuel Beckett, John Irving, Milan Kundera y Marguerite Duras
Beatriz de Moura, el vendaval carioca que revolucionó el panorama cultural desde Barcelona

La editora española de origen brasileño, Beatriz de Moura, en Buenos Aires, en 2010. / Cézaro de Luca / EFE

Fue la gran dama de la edición barcelonesa y española, "diosa cariocacatalana" en palabras del siempre sutil Carlos Fuentes y mujer encargada de pilotar durante más de cuatro décadas el catálogo de Tusquets, selló que fundó en el salón de su casa en 1969 y al que le debemos, cojan aire, a Milan Kundera, Haruki Murakami, Marguerite Duras, Henning Mankell, Petros Márkaris, Leonardo Padura, Jorge Semprún y Almudena Grandes, entre muchos otros. También 'Soldados de Salamina', novela con la Javier Cercas pasó de profesor anónimo a superestrella literaria, y 'Relato de un náufrago', de un tal Gabriel García Márquez.
"Ese colombiano que andaba por Barcelona era un chico que decía que era escritor. Entonces le hicimos caso. Yo se lo presenté a Carmen Balcells", le gustaba recordar a Beatriz de Moura, lectora visionaria y pieza clave de la historia editorial de España fallecida este viernes a los 86 años. Su editorial, encargada de dar la noticia, la ha despedido como "mujer brillante, desprejuiciada y cosmopolita". "Beatriz de Moura fue una mujer excepcional con un gusto exquisito y una curiosidad sin límites. Una persona elegante, inteligente, indómita y muy aguerrida en un mundo de hombres que consiguió que esa pequeña editorial, que en principio fue minoritaria y exquisita, fuera progresivamente convirtiéndose en un punto de referencia", ha valorado en declaraciones a EL PERIÓDICO el director editorial de Tusquets, Juan Cerezo, tras conocerse la noticia.

Con Dalí y Oscar Tusquets. / Bcn
Nacida en Río de Janeiro en una familia de padre diplomático y profundísimo desarraigo, Beatriz de Moura creció convencida de los 14 años de ballet que había estudiado habían de convertirla en bailarina, pero en cuanto entró en contacto con la industria editorial, supo que aquello era lo suyo. Su madre la quiso mecanógrafa o ama de casa, pero ella dio un volantazo en cuanto pudo. "Mi padre era diplomático, viajaba siempre con su biblioteca. Yo organizaba la biblioteca de mi padre. En cada lugar donde aterrizábamos, ahí estaba la biblioteca, que se parecía siempre a sí misma. Este fue mi caldo de cultivo", explicó en una ocasión.
A Barcelona llegó en 1956, año en que su padre fue designado cónsul general de Brasil en la ciudad, pero no se instalaría definitivamente hasta 1962, previo paso académico por la escuela de intérpretes en Ginebra y, sobre todo, después de cortar amarras con una familia que la quería convertir en poco más que una costurera. Entre colaboraciones con Gustavo Gili, trabajos para Salvat y traducciones de libros infantiles, empezó a frecuentar a Colita, Xavier Misersachs, Oriol Maspons y Esther Tusquets, quien la fichó para trabajar con ella en la recién creada Lumen. Ahí conoció también al que sería su marido, Óscar Tusquets. "Era atractiva, desinhibida, inconformista, cosmopolita, leída, políglota y de buena familia, hija del cónsul de Brasil en nuestra ciudad, y claro, me enamoré de ella", dijo de ella el arquitecto.

Beatriz de Moura, en primer plano, en una imagen de archivo / Bcn
"Divertida, elegante y de izquierdas"
En plena época dorada de la ‘gauche divine’, con la adinerada bohemia barcelonesa campando a sus anchas y Boccaccio como centro de operaciones, De Moura y Esther Tusquets tuvieron sus más y sus menos -“eran dos mujeres que peleaban por dejar su impronta”, puede leerse en la biografía ‘Una curiosidad sin barreras. Beatriz de Moura y los libros que nos volvieron modernos’, de Carlota Álvarez Maylín- y la brasileña fundó junto a su marido Tusquets Editores. ¿Su intención? Crear una "una editorial divertida, de izquierdas y elegante". Ese mismo año nacía Anagrama y Barcelona se convertía en tumultuosa capital de la edición independiente.

Con Fernando Trueba y Lamadrid. / CECILE CARREZ / Bcn
En poco tiempo, más o menos lo que tardó en ganar un poco de músculo financiero gracias a García Márquez e `Historia secreta de una novela’, de Mario Vargas Llosa, la editora empezó a dejar huella: después de 'Residua', de Samuel Beckett, llegaría la "visión visión vanguardista" y el aire fresco en plano franquismo. Entre sus hallazgos, autores como Sergio Pitol, Carlos Fuentes, Italo Calvino, Georges Bataille, John Updike, Leonardo Sciascia, John Steinbeck... A mediados de los setenta, con la libertad aún con ruedines, impulsó junto a Luis García Berlanga la colección de literatura erótica La sonrisa vertical, con la que recuperó o obras prohibidas o desactualizadas de Jean de Berg, Pierre Louÿs, Alfred de Musset o el Marqués de Sade, entre otros. También impulsó un premio que, antes de su desaparición en 2003, ganaron Almudena Grandes, Mercedes Abad, Eduardo Mendicutti y José Carlos Somoza.
De aquellos años, los últimos y felices 70, una reflexión y un recuerdo. "No había todavía Constitución, y Franco estaba muerto. Se podía hacer de todo. Era la libertad en el sentido en que te la imaginas. No solo lo pasábamos bien, sino que era la felicidad. La felicidad de estar hasta las cuatro de la madrugada sentada en un banco de Gaudí", explicó.
En 2014, a los 75 años, De Moura cedió la dirección de Tusquets a Juan Cerezo y pasó a ser presidenta de honor de la editorial. Dos años antes, en 2012, Tusquets entró en la órbita de Planeta y se mudó al edificio del gigante editorial en la Diagonal de Barcelona. "Quiero descansar un poco", dijo entonces la editora, quien anunció entonces su intención de gestionar el fondo económico Antonio López Lamadrid, creado en recuerdo de quien fuera compañero y junto a quien gestionó Tusquets durante tres décadas
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