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Entrevista

Física y metafísica de Marco Mezquida, el pianista decidió que "no solo quería ser músico de jazz"

El menorquín abre este sábado en L'Auditori el 58º Festival de Jazz de Barcelona con el cuarto disco de su trío

El pianista Marco Mezquida, en una imagen promocional de 'Táctil'.

El pianista Marco Mezquida, en una imagen promocional de 'Táctil'. / Mireia Miralles

Carlos Pérez Cruz

Carlos Pérez Cruz

Barcelona
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A muchos músicos de jazz les gustaría ser Marco Mezquida (Maó, 1987) o, cuando menos, poder disfrutar del reconocimiento y exposición de los que goza el menorquín. No es habitual concitar tanta atención desde un ámbito creativo tan marginado, del que el pianista comenzó a vislumbrar un camino de salida el día en que decidió que "no solo quería ser músico de jazz".

Sin abandonar el estilo, Mezquida se propuso buscar "músicos que no fueran solo del mundo del jazz". Encontró al chelista Martín Meléndez y al percusionista Aleix Tobias, improvisadores con sonoridades más próximas al folk y a la clásica. Con ellos formó una de sus "pequeñas familias", relaciones de larga duración como la que también mantiene con el guitarrista Chicuelo, y que contribuyen a diluir las fronteras que imponen las etiquetas. Con ellos inaugura este sábado en L'Auditori la edición número 58 del Festival de Jazz de Barcelona, que celebra ya sesenta años de historia.

Tan perfecta es la unión del trío que lleva ya una década en marcha y cuatros discos publicados, lo que la convierte en la formación más longeva y productiva de la trayectoria de Marco Mezquida. El último es 'Táctil', una grabación con la que reivindica la cualidad física de la música.

El pianista Marco Mezquida, en una imagen promocional de 'Táctil'.

El pianista Marco Mezquida, en una imagen promocional de 'Táctil'. / Mireia Miralles

"Cada vez más la siento, la percibo, la recibo y la emito como energía sonora", explica Mezquida a EL PERIÓDICO, "y la energía sonora es un fenómeno físico". Uno en el que "las ondas nos tocan, nos invaden, nos penetran, nos hacen sentir". En el camino entre la emisión del sonido y su llegada al espectador el músico busca transformar la física en metafísica. "De lo etéreo a lo tangible, de lo más superficial y básico, a lo más profundo, emocional y espiritual". Tal y como los describe el menorquín, sus conciertos van de un extremo a otro. Pocos administran tan magistralmente "el misterio del poder del sonido".

'Táctil', que se abre juguetón y ligero, se adentra a medio camino en aguas más introspectivas y dolorosas. El mundo, y muy particularmente el genocidio palestino, se interpuso en el deseo de Marco Mezquida de hacer un disco más lúdico, en la línea de 'Talismán', el segundo de la serie. "He sentido cosas muy desgarradoras", comparte el pianista, lo que se ha traducido en un compromiso público con la causa palestina y también en "canciones profundas y emotivas" que le sirven tanto de denuncia como de "revulsivo para superar los momentos bajos, tristes, desmoralizados". Una de ellas, 'Tempus Fugit (Lamento por Palestina)', la escribió originalmente para Silvia Pérez Cruz y Salvador Sobral, dos voces con las que ha tocado a dúo.

Lo personal y lo colectivo, lo culto y lo popular, se funden en un proyecto que lo mismo celebra la figura de la activista Greta Thunberg que a dos de sus ídolos musicales, Keith Jarrett y Elton John, a los que ha tenido ocasión de escuchar en directo. También imagina pisar la arena descalzo como lo hacía la cantante caboverdiana Cesária Évora, de la que recrea su tema 'Pe di boi' y dice que "siempre me ha acompañado mucho y me ha emocionado por esa verdad, por ese contacto con la tierra".

Además, en 'Táctil' recuerda al maestro brasileño Hermeto Pascoal, fallecido el año pasado, a quien dedica un merengue que bebe de 'La cosquillita' de Juan Luis Guerra, una de las canciones favoritas de Marco Mezquida del repertorio de un cantante al que define como "un bote de salvación cuando estoy un poquito bajo". De sus propios temas, Mezquida se queda con la sencillez desarmante de 'Fraternitat', que contiene "momentos que son como mi caricia, lo más táctil, lo más sincero".

"La música es mi manera de canalizarlo todo", reconoce el pianista, tanto si es para celebrar como para llorar, "porque me permite indagar en ese instante y sentimiento", e incluso ir hacia atrás en el tiempo, a "ese niño que era, soy y querré ser". Un niño que está muy presente en su manera de crear la música y vivir los directos. Una celebración de la vida con claroscuros en los que se acaba imponiendo siempre la joie de vivre, ese placer hedonista que es parte esencial de su motor de vida.

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