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Teatro

Natalia Dicenta y Lola Herrera, madre e hija en la vida real, protagonizan ‘Camino a la Meca’ en el Teatre Goya

La pieza teatral, dirigida por Claudio Tolcachir, reivindica la libertad y la lucha contra las injusticias y está ambientada en el contexto del apartheid sudafricano

Los intérpretes de ‘Camino a la Meca’: Lola Herrera, Natalia Dicenta y Carlos Olalla.

Los intérpretes de ‘Camino a la Meca’: Lola Herrera, Natalia Dicenta y Carlos Olalla. / Guillem Roset / ACN / ACN

Dúnia Drudis Picazos

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Helen Martins fue una escultora sudafricana que se rebeló contra todos los estamentos de la sociedad porque encontró su objetivo en la vida, su meca. Martins luchó contra las injusticias con el arte de bandera, especialmente en el contexto del apartheid. Ahora, la actriz Lola Herrera se pone en su piel en la obra ‘Camino a la Meca’, que aterriza en el Teatre Goya de Barcelona del 15 de abril al 24 de mayo.

La pieza teatral cuenta además con la interpretación de Natalia Dicenta, que interpreta el papel de una íntima amiga de la protagonista, y Carlos Olalla, que se pone en la piel de un pastor de una comunidad conservadora. Los tres protagonistas se guían por las indicaciones de Claudio Tolcachir. El director recuperó el texto de Athol Fugard, autor de la obra que se publicó en 1980, como reivindicación de la libertad.

La lucha contra las injusticias y la sororidad son los argumentos principales de la obra: “Me honra poder ponerle voz a Helen Martins. Su fortaleza me acompaña y recibe mucha ayuda del personaje de Natalia”, explica Herrera. Aunque entre ambas amigas haya una brecha generacional, este espacio se estrecha cuando llega el momento de enfrentarse a los problemas. Así, Dicente ratifica la afirmación de Herrera, y asegura que “la una es el refugio de la otra”, por lo que se evidencia una “complicidad maravillosa”.

De hecho, hacía 20 años que ambas actrices —madre e hija fuera del escenario— no actuaban juntas, lo que las llevó a encarar la obra con más ganas: “En el escenario somos dos compañeras. La empatía y complicidad natural que tenemos fuera ha tenido un gran papel”, asegura Dicente. “Cuando admiras a alguien con quien trabajas, hay una conexión extraordinaria”, complementa Herrera en referencia a su hija.

La representación está situada en un marco espacial y temporal muy concreto, pero eso no impide que los espectadores se puedan sentir identificados: “La obra nos pone un espejo delante”, detalla Olalla. El actor señala que el espectáculo induce a hacer preguntas: “Los escenarios tienen que ser de resistencia, el teatro debe tener algo más que entretenimiento”.

En este sentido, el texto tiene un peso político, tanto por el contexto temporal, como por las reivindicaciones que se hacen. La historia se sitúa en el apartheid sudafricano y, aunque no sea el tema principal, “está pincelado a través de la obra”, tal como comenta Dicente. Aquí es donde entra en juego el personaje de Olalla, que representa “el poder racista y xenófobo del momento”, profundiza la actriz. Esto, inevitablemente, lleva a los intérpretes a reflexionar sobre la actualidad: “Me da miedo la extrema derecha y lo que está sucediendo con ella en Europa, en Estados Unidos y en el mundo en general”, opina Herrera.

La importancia de la dirección

Los tres actores coinciden en que les ha “tocado la lotería”, entre otros motivos, por tener la oportunidad de trabajar con Claudio Tolcachir. “Es una maravilla como director y como persona. He tenido la suerte de llegar a tiempo de poder trabajar con él”, explica Herrera. Por su lado, Dicente asegura que fue ella quien se postuló para el papel cuando oyó hablar de la obra, ya que la actriz había sido alumna de Tolcachir: “Yo pensaba: ‘Ojalá algún día pudiera trabajar con él’, y los astros se alinearon”.

Olalla, además, destaca su agradecimiento por poder desarrollar el papel junto a Herrera y Dicente: “Trabajar con Lola y Natalia es uno de los regalos más grandes que me ha dado esta profesión”. En este sentido, tanto Olalla como Dicente destacan la relevancia que tiene Herrera entre el público que acude al teatro. La hija de la actriz describe a Herrera como un “mito vivo”; de hecho, lo ejemplifica con una anécdota que les ha sucedido con esta obra: “Cuando sale Lola al escenario, el público se pone a aplaudir y hay que parar la función. Un día hasta nos abrazamos, porque es un aplauso cerrado y es imposible seguir”, relata.

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