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Crítica

'Los estunmen' llenan de violencia el Lliure

La ‘ópera’ de Nao Albet y Marcel Borràs, con música de Fernando Velázquez, reflexiona sobre la figura del héroe en una olla a presión de ideas que une lírica con la acción de especialistas de cine

'Los estunmen', el 15 de abril de 2026 en el Teatre Lliure. En la imagen, Vicenç Esteve, Sandra Ferrández y Núria Lloansi

'Los estunmen', el 15 de abril de 2026 en el Teatre Lliure. En la imagen, Vicenç Esteve, Sandra Ferrández y Núria Lloansi / Marta Mas Girones

Pablo Meléndez-Haddad

Pablo Meléndez-Haddad

Barcelona
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El teatro musical extiende sus raíces por múltiples formatos y sus fronteras se desdibujan cuando se mezclan diálogos hablados con canto lírico. Pero el teatro tiene esa fuerza aglutinadora y la ópera unos límites suficientemente flexibles como para acoger todo tipo de experimentación. Y bienvenida sea: la creación lírica contemporánea hay que alimentarla como sea, aunque el uso del micrófono siga atentando contra su propia esencia.

En medio de este magma nace ‘Los estunmen’, una carísima y compleja coproducción del Teatre Lliure –donde se estrenó el miércoles–, el Liceu, los Teatros del Canal y el Teatro Real. El espectáculo imaginado, escrito y dirigido por los actores Nao Albet y Marcel Borràs, con música de Fernando Velázquez, reflexiona sobre la violencia, el patriarcado y la figura del machote como sinónimo de héroe encarnado en diversos especialistas de cine —los ‘stunts’—, reflejo actual de un modelo latente desde la Antigüedad y hoy salpicado por el capitalismo: el antónimo del ‘looser’.

En una lluvia de ideas agotadora y perfectamente coreografiada, especialistas se mezclan con cantantes de ópera como fantasmas que toman vida propia y se transforman en protagonistas. Una formación instrumental de la Simfònica del Gran Teatre articula una partitura incidental, ambientadora, juguetona y sencilla que por momentos coge vuelo y se ríe de la ópera tirando de un aria en un intento de dar vida a diálogos y reflexiones difíciles de ilustrar. Para ello a ratos mira al Barroco, a Wagner, a Weill o a Puccini, intentando mantener la ironía y el sarcasmo que respira el libreto.

Nao Albet y Marcel Borràs ejercen de narradores y de hacedores, comentando y ‘haciendo cosas’ sin parar. La mezzo Sandra Ferrández y el tenor Vicenç Esteve aportaron excelencia desde sus roles coprotagonistas, bien secundados por José Ansaldi, Gabriel Diaz y Josep Ferrer, quienes dan la réplica a la camaleónica actriz Núria Lloansi que encarna el alma de la trama. Le aconseja con ejemplos una ‘troupe’ de especialistas integrada por Óscar Dorta, Marc Padró, Óscar Pérez y Carlos Robles apoyados por un ejército de figurantes. Entre todos consiguen que toda la lluvia de ideas se concrete en interpretaciones a ratos violentas y divertidas, sarcásticas y pasadas de vuelta, cansinas y hasta aburridas. El montaje no da tregua, con escenografía de Max Glaenzel, vestuario de Sílvia Delagneau, caracterización de Toni Santos, iluminación de Andreu Fàbregas, efectos especiales de In Extremis y diseño sonoro de Igor Pinto.

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