Opinión | Mirada a la anfitriona

Periodista. Principalmente, escribo sobre música.
Rosalía, una emoción barcelonesa contagiosa en su regreso a casa: "Barcelona, t'estimo amb bogeria"
La artista de Sant Esteve Sesrovires estuvo cercana, atenta a los detalles y repartió cariño a símbolos como Peret, Estopa, el Taller de Músics o los vinos catalanes
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Rosalía maravilla en el Palau Sant Jordi con la inventiva, la mística y la fiesta del ‘Lux tour’

Rosalía se emociona en el primer concierto del 'Lux Tour' en el Sant Jordi hablando de Barcelona: "T'estimo molt" / VÍDEO: EL PERIÓDICO
Hay gritos de "¡Barcelona!" que a uno le resuenan en la cabeza tanto o más que algunas canciones. Aunque con el tiempo su eco gana dimensión, no importa que sea la primera vez que lo escuches en un concierto. Es una manera, un gesto, el del saludo al público local, que -¡qué menos!- estrellas de todo tipo practican como antesala al masivo ritual de apareamiento que ahí está a punto de acontecer. Al menos para quien escribe, pasa, eso de que una frase viaje retumbando de un lado del cerebro a otro, siempre con el obligatorio "Bona nit, Barcelona!" de Bruce Springsteen y su acento catalán de New Jersey cuando pasa por aquí. O puede suceder cuando la voz suena mucho más cercana, por ejemplo de Sant Esteve Sesrovires, como anoche en el Palau Sant Jordi, cuando Rosalía, esperada anfitriona de la fiesta, saludó una y otra vez a "Barcelona", así o también con el coloquial "Barna".
Por si no se habían dado cuenta, era el día del regreso de la artista catalana a casa, en el primero de sus cuatro conciertos, y ayer "el corazón le iba a mil" porque tras Lyon, París, Zúrich, Milán, Madrid y Lisboa le tocaba, dijo ella, cantar en su ciudad. Lo notó Rosalía cuando, en la segunda canción del repertorio del 'Lux Tour', 'Reliquia', dice eso de "y el descaro lo aprendí; por ahí por Barcelona", verso que sonó atronador con todo el Sant Jordi esperando para soltar al unísono las últimas cuatro sílabas a modo de bienvenida. La cantante guiñó un ojo al público antes de la euforia barcelonesa. Pronto las estrofas en catalán de 'Divinize' (el público pudo seguir todas las letras en este idioma a través de una pantalla situada sobre el escenario) y sus ramas electrónicas animaron la reunión de vecinos.
Peret, símbolo y maestro
De ahí venía cuando, en seco, vació la emoción del regreso a casa en un discurso de un par de minutos que aprovechó para compartir unos instantes de aprendizaje que tuvo con Peret, "el pare de la rumba", antes de una actuación que compartieron en Barcelona. Vaya, una anécdota con un símbolo barcelonés, héroe de la calle de la Cera, ni hecho a propósito. "¿Por qué te pones nerviosa? Yo en mi vida me he puesto nervioso", le aseguró. "Ahí entendí que Peret amaba tanto a su ciudad, y la celebraba tanto, que con aquella alegría que le invadía no le quedaba energía para ponerse nervioso. Quién sabe si yo algún día llegaré a este nivel de calma, sin ponerme nerviosa... Pero una cosa te diré, Barcelona...T'estimo amb bogeria", proclamó ella, afirmando las ansias que tenía de volver, siempre en catalán.

Peret, fotografiado en 2010. / JOAN CORTADELLAS
Con las lágrimas asomando, Rosalía, cercana y encantadora como estuvo (anoche solo mantuvo distancia con los fotoperiodistas, a quienes no se les dejó cubrir el concierto), continuó justificando la lógica emoción de quien da vueltas por el mundo pero nunca se siente en casa. "Es el sitio que te ha visto crecer, empezar, forjar un camino, y es el sitio en el que confrontas quien eras y en quien te has convertido. Es el sitio del que no se puede huir. Este no es un escenario cualquiera, esta no es una noche cualquiera. Así que, gracias, Barcelona, te quiero mucho. Gracias por sostenerme", subrayó, ya con las mejillas húmedas, antes del celestial 'Mio Cristo Piange Diamanti' y su punto final energético.
Izaro, Estopa y el Taller de Músics
Casualidades de la vida, de Peret pasó a Estopa, relevo de fantasía, en una improvisada charla de Rosalía con una niña vasca de 13 años, Izaro, que sujetaba una cartulina en las primeras filas afirmando que ese era su primer concierto. Y la catalana aprovechó para recordar su primer día como espectadora en el recinto de Montjuïc: "Vine con mis padres a ver a Estopa, me acuerdo muy bien. Espero que te lo pases tan bien como yo ese día”.

Julián Argüelles, Meïa, José Carrasco Vázquez y Rosalía, en el 31 Seminari Internacional de Jazz, en Barcelona en 2011, en una imagen que incluye el libro del 45 aniversario del Taller de Músics. / Taller de Músics
La conexión de Rosalía con Barcelona (también comentó en el confesionario con Yolanda Ramos sus noches traviesas por la plaza Reial) se entiende, en gran parte, por su formación musical, por las horas en las aulas del Taller de Músics o en la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC). El Taller le abrió las puertas, con el propio Lluís Cabrera guiando a una muchacha llamada Rosalía Vila Tobella hasta la secretaría del centro tras un encuentro fortuito en la plaza del Dubte, y anoche ella lució su paso académico por la escuela barcelonesa con honor. Sobre el escenario, por ejemplo, le acompaña durante un número del 'Lux Tour' un excompañero y amigo, el pianista de Manacor Llorenç Barceló, con quien coincidió en esas aulas. Una amistad que se celebró con un "¡visca el Taller de Músics!". Eso era antes de ‘Sauvignon blanc’, y, claro, estando en Catalunya, Rosalía, inteligente y sin dejar pasar ningún detalle, dijo: "Me gusta el Sauvignon blanc, pero… ¿y un Penedès, un Empordà, un Priorat...? ¡Aquí hay cosa buena!". Tchin-tchin.
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