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Entrevista

John Irving: "Esther es la huérfana más inadoptable del orfanato St. Cloud's porque es judía"

El autor de 'Hasta que te encuentre' publica 'La reina Esther' (Tusquets / Edicions 62), novela en la que encamina su arsenal de rasgos autorales hacia una defensa del sionismo primigenio

John Irving, en una imagen promocional

John Irving, en una imagen promocional / Katherine Holland

Ramón Vendrell

Ramón Vendrell

Barcelona
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Si hay una familia diferente y amorosa que da que hablar a su entorno, hermanas que duermen amontonadas con sus niñeras y a la vez hermanas adoptivas, una mujer asexual para la que otra engendra un hijo, lucha libre, ambiente académico, tatuajes, hombres bajos, mujeres altas, conversaciones e indagaciones sobre el pene (especialmente sobre la circuncisión, en este caso), una película de sensualidad sobre todo el texto, un estudiante en Viena que quiere ser escritor, un hijo que busca a su madre biológica y citas de Dickens, las hermanas Charlotte y Emily Brontë y Tolstói; bien, si hay todo esto solo puede tratarse de una novela de John Irving (New Hampshire, 1942).

Las armonías recurrentes de Irving compiten en 'La Reina Esther' (Tusquets; 'Reina Esther' en la edición en catalán de Edicions 62) con la melodía principal: una niña de tres años es abandonada en el porche del orfanato St. Cloud's de Maine en 1908. Su padre murió en el viaje desde Viena y su madre fue asesinada en Maine por el antisemitismo del que huían. Adoptada por la citada familia diferente y amorosa, los Winslow, será una vez haya cumplido de sobras con ella una persona destacada (y fantasmal) en la fundación del Estado de Israel. Es Esther, "el huérfano más inadoptable de todos porque es judía", dice Irving en rueda de prensa por Zoom desde su casa en Toronto. "En cuanto la conoces, sabes que tienes que ir con cuidado con ella, como con la Esther bíblica -prosigue el escritor-. También comparte con ella la tenacidad y la ferocidad".

Por el final

Irving, cuenta, siempre sabe cuándo, cómo y dónde quiere que desemboquen sus novelas. El resto se construye a partir del final. "Por primera vez sabía tanto del principio como del final", señala, en referencia a que dónde mejor que en el orfanato St. Cloud's dirigido por el doctor Larch iba a ser abandonada Esther. Es el escenario de su novela 'Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra', y con retroceder un poco encajaba en el arco temporal.

Quizá no sea el momento más oportuno para hacer una defensa del sionismo primigenio, se le plantea a Irving. "En el momento en que acaba la novela, en 1981, estuve en Israel y tenía toda la simpatía por los primeros sionistas que vieron la necesidad de fundar el Estado de Israel -expone-. A la vez, judíos no practicantes y de izquierda ya eran críticos con la presencia de judíos en Gaza y Cisjordania y con cómo eso podía anular la posibilidad de la solucion de los dos estados. Cuando volví a Israel en el verano de 2024, ya era evidente que el conflicto permanente que se intuye al final de la novela era una realidad. Hay momentos en los que no te sientes precisamente feliz de tener razón".

Palestina no tiene voz

Es ficción histórica, no periodismo contemporáneo, así que no pasa nada por que Irving contrastara datos solo con israelíes y no mantuviera ninguna entrevista con palestinos, como admite. "La novela se explica a sí misma -considera-. La vida de Esther está construida por el antisemitismo a partir de los tres años, y vuelve a su ciudad de nacimiento, Viena, en los años 30, cuando muchos judíos ya habian huido y a los que seguían ahí se les aconsejaba que huyeran. Mi personaje va en el sentido erróneo, pero es que quiere saber de dónde viene. Es una historia sobre la procedencia y la pertenencia".

Madre, hermanos, padrastro

Irving desliza detalles relevantes para entender algunas de las fijaciones que surcan su obra. Su madre trabajó en un servicio de salud de New Hampshiere como asesora de chicas embarazadas solteras, antes de que el aborto fuera legal y después de que fuera legal. "Fue una defensora del derecho al aborto antes de que yo hubiera oído hablar del derecho al aborto", dice. Su hermano y su hermana pequeños, mellizos, son un gay y una lesbiana que "salieron del armario muy temprano". Irving conoció de primera mano "los problemas de discriminación" a los que se enfrentaban. Su padrastro, profesor en el internado en el que estuvo el autor de 'El mundo según Garb', fue "un padrastro ideal, un pensador liberal, una persona muy informada" que le marcó "muchísimo". Formar parte de equipos de competición de lucha libre durante 12 años le enseñó la vida de otras personas "menos afortunadas".

Intolerancia

"No es la primera de mis novelas que sugiere que si quieres ser intolerante mejor lo seas frente a la intolerancia. La intolerancia puede ser buena en el sentido de no tolerar ciertas cosas", remarca Irving.

'La reina Esther' acaba en 1981, con funestos y cumplidos augurios. Viajemos al presente, señor Irving. "Trump es un fascista -empieza-. Igual hay gente en mi país de origen que no está lo suficientemente formada como para reconocer el fascismo. Estados Unidos ya no es un país democrático sino autoritario en manos de Trump". Un "torpe" cuya habilidad para "meter la pata" ha aprovechado Netanyahu en "su beneficio".

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