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Novedad editorial

Dolors Miquel, poeta, relata su experiencia con el cáncer: “La locura me ayudó a poder vivir”

La poeta publica 'El pit adormit', donde el viaje al pasado le sirve de refugio ante la enfermedad

La poeta Dolors Miquel

La poeta Dolors Miquel / Nico Tomás

Nico Tomás / ACN

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Un diagnóstico puede hundirte en un pozo muy profundo, hasta el punto de buscar clínicas en el extranjero para poder poner fin a tu vida. Así lo admite la poeta Dolors Miquel (Lleida, 1960), que ironiza con la situación: “Descubrí que incluso morirse te cuesta un dineral”. Acaba de publicar el libro 'El pit adormit' (Grup 62), donde el viaje al pasado le sirve de refugio ante los horizontes difusos que supone un cáncer de mama. En una entrevista con la ACN, la autora asegura que escribió la obra casi desde la demencia: “Me pareció que la locura ayudaba a poder vivir. Sin locura, el ser humano seguramente fracasaría. No podría salir adelante. Siempre dentro de unos límites, claro, porque si los sobrepasas estás perdido”.

En el ensayo literario 'El pit adormit', Dolors Miquel relata de primera mano su propia vivencia del cáncer de mama y del desgastante tratamiento médico. Un testimonio personal que mezcla con la reflexión histórica sobre la visión del pecho de la mujer; política sobre el negocio de las farmacéuticas, y filosófica sobre el plano corporal y espiritual. También se refugia en las memorias de una generación de poetas con muchas luces y también sombras.

En una entrevista con la ACN, Dolors Miquel explica que 'El pit adormit' lo ha estado escribiendo durante los últimos "tres años y pico", casi como una obsesión. "Cada día, cada día, cada día. Y sábado y domingos, claro", señala, y añade en este sentido: "A veces me pregunto cómo lo he podido hacer, por cómo está escrito. Cómo lo he podido hacer cada día, cuando no tenía ningún tipo de fuerza de todas las putadas".

La poeta leridana admite que le pone "negra" que se usen conceptos como "guerra" o "batalla" a la hora de referirse a los pacientes de cáncer, y del miedo y el estigma que lo acompañan. "Te dicen enseguida que te pondrás bien, que hay muchos avances. Pero es una lotería. Durante este libro se han muerto dos amigas mías a pesar de todos los avances", dice. "La gente huye. Les incomoda. Porque hablar del cáncer es hablar de la muerte", remacha. El libro también quiere ser una enmienda parcial al mundo médico y farmacéutico. "El sistema farmacéutico es una mafia terrible. Hay medicamentos que van bien, los sacan de circulación y los vuelven a hacer entrar al triple de precio", denuncia Dolors Miquel, que ve los sistemas médicos "como los propios estados, como si fueran sus ejércitos". "Nosotros tenemos que estar sanos para poder trabajar, que es lo que hacemos en este mundo: trabajar para los capitalistas, para que otros hagan dinero", reflexiona la autora, que exclama: "¡Ay Marx! ¡Ay Engels!".

Una generación patriarcal

Para poder llevar este tratamiento oncológico, Dolors Miquel dice que "te refugias en lo que sea". En su caso, en el pasado, en la historia de su generación de poetas, que empezó hacia 1997. "He encontrado mucha pasión. Quizás cosas que ahora ya no se hacen tanto", lamenta. Y desarrolla: "Las cosas, cuando se repiten, pierden valor. Incluso hacer sexo. Si lo haces cada día durante tres años, no es lo mismo". Preguntada sobre la poesía catalana hoy, usa el mismo símil: "Hacen demasiado sexo". No obstante, la poeta también ve sombras, como la de un sector absolutamente masculinizado, que considera que no ha cambiado. "Siempre son ellos los que dicen lo que es bueno, lo que es malo. Los lugares de poder continúan en manos de hombres", critica la autora. "Yo, incluso ahora que soy vieja casi, muchas veces tengo que defender mi pensamiento. Y quizás algún otro, que ha trabajado la mitad que yo, como es un hombre, pasa tranquilamente", insiste.

La deriva hacia la extrema derecha

Este año hace 10 años de la polémica por el poema 'Mare nostra' que Dolors Miquel recitó en los Premis Ciutat de Barcelona, que le comportaron la persecución judicial por parte de organizaciones ultras. "Empezó con la ley mordaza. Y es una deriva muy peligrosa. Las cosas las tienes que coger al principio. No las tienes que dejar pasar y hacer ver que no pasa nada", sostiene. En la misma línea ve el crecimiento de la extrema derecha de Vox y Aliança Catalana. "A esa mujer de Ripoll, la encuentro fastidiosa. No la soporto", afirma Dolors Miquel, que concluye: "Es muy lista, porque coge argumentos que nadie osa tocar, los pone sobre la mesa y da soluciones bastante nazis y fascistas".