Crónica
Un Palestrina luminoso inauguró el Festival Llums d’Antiga
La Grande Chapelle, dirigida por Albert Recasens, interpretó un monográfico dedicado a uno de los más grandes representantes de la polifonía italiana previa al Barroco

Imágen del concierto inaugural del festival Llums d'Antiga / MAY ZIRCUS

El Festival Llums d’Antiga inauguró su octava edición el jueves en la iglesia de Sant Felip Neri con un monográfico dedicado al fundamental Giovanni Pierluigi da Palestrina (1525-1594), titulado 'Redescubriendo a Palestrina: El maestro moderno'. Y con razón, ya que La Grande Chapelle, dirigida por Albert Recasens, dejó clara la preeminencia y la capacidad inventiva del compositor, maestro de Tomás Luis de Victoria. En la velada se escucharon diversas formas musicales sacras y litúrgicas propias de la época, como salmos, antífonas o secuencias, así como las más populares y profanas, aunque en este caso siempre de contenido dogmático, como el motete y el madrigal. Todas se centraban en la temática religiosa, eje central de la producción de Palestrina, responsable de elevar la polifonía a uno de sus puntos de máximo esplendor desde Roma y el Vaticano.
Todo ello lo tienen muy claro Recasens y sus músicos, que ya desde el salmo a ocho 'Iubilate Deo omnis terra', que abrió la velada, invitaron a los atentos oyentes –que agotaron las localidades– a adentrarse en las atmósferas que crea el autor de la famosa ‘Missa Papae Marcelli’, quizá una de sus obras más difundidas. Transparencia en las líneas de canto, unísonos poderosos, imaginativa y flexible disposición de las voces en diversos lugares del altar y del ábside, y espiritualidad en el sentido de la palabra dicha fueron las cartas de presentación de las piezas de un programa generoso. En este se incluyeron, cómo no, diversas obras de vocación mariana, entre otras, un ‘Salve regina’, un grandioso ‘Stabat mater’ a cappella, dos ‘Stanze sopra la Vergine’ en italiano o el motete ‘Virgo prudentissima’, sin olvidar esa preciosa secuencia ‘Victimae paschali’ que despidió la velada.
Las voces de La Grande Chapelle, afinadas y bien empastadas, estuvieron acompañadas puntualmente por Marta Vicente, en el violone, y Jorge López Escribano, en el órgano, aportando un equilibrio sonoro ideal en las diferentes cuerdas sin desvirtuar el sentido de plegaria del repertorio. Con buen sentido siguieron las directrices de Recasens, quien, sin embargo, no renunció a imprimir expresividad en estas piezas que suelen ofrecerse sin carga dramática. Ese guiño de contenida teatralidad aportó una frescura a un programa que el público agradeció con una cerrada ovación.
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