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Opinión | La caja de resonancia

Barcelona

Rosalía y el veto a los fotoperiodistas: el afán de control total

La negativa a acreditar fotógrafos de prensa en el ‘Lux tour’ ya no constituye una anomalía, porque hoy la practican muchas grandes figuras del pop internacional, pero revela inseguridad, perjudica al público y empobrece la proyección de la obra artística

Rosalía durante su concierto en Lyon (Francia).

Rosalía durante su concierto en Lyon (Francia). / Gareth Cattermole / EPC

La leyenda de que, en España, los artistas que triunfan fuera no son profetas en su tierra derrapa con Rosalía: los elogios hacia ella son norma en la prensa. Pero el veto a los fotoperiodistas en los conciertos del ‘Lux tour’ ha abierto una fisura. Se le afea que impida el paso a los fotógrafos y que imponga las imágenes tomadas por una agencia y que su equipo selecciona y suministra a los medios.

Así fue hace dos semanas en Lyon, inicio de la gira, donde los diarios hicimos lo que pudimos para ilustrar las reseñas: tirar de fotos hechas con el móvil desde el público, o bien recicladas (de los Brit Awards) y, finalmente, las que fueron aprobadas ya de madrugada (en un horario impracticable para la edición en papel). Protocolo, por llamarlo de algún modo, repetido en Madrid y que no augura nada bueno de cara a los conciertos en el Sant Jordi, del 13 al 18 de abril.

Por desgracia, esta manera de hacer ya no es una novedad ni una anomalía. En 2025, la sufrimos en la mayoría de los conciertos de grandes figuras, caso de Billie Eilish, Guns n’Roses, Kendrick Lamar, Blackpink, Lady Gaga… Y en los festivales. Que ahora, con Rosalía, se oigan más protestas será porque a ella la percibimos como ‘nuestra’, cuando ya no lo es, sino que se trata de una figura internacional que aplica a España el régimen general.

El periodista no debe ser noticia, pero es pertinente explicarle al lector por qué las fotos que acompañan la crónica quizá no sean el fruto de una labor periodística, sino promocional. Lo que no dejamos de preguntarnos es la razón del veto, mientras miles de imágenes y videos hechos por el público campan por la red. Es por el ansia del control total del relato: una cosa son las fotos ‘amateur’ y otra las hechas por profesionales con equipos de alta precisión.

Hay una tendencia a la autoflagelación en el gremio: se nos trata así porque no nos necesitan, se oye decir. Y es distinto. Más bien molestamos, porque las crónicas tienen muchos lectores y ponen en tensión el relato oficial. Pero la validación de la prensa es crucial en la construcción de ese relato, muy visible, hasta ahora, con Rosalía. Y el celo protector, además de perjudicar a su audiencia (que desea disfrutar de buenas coberturas, sin fotos chapuceras o idénticas de un medio a otro), revela inseguridad y va encaminado a deslucir la proyección de su obra. ¿Un gran artista cuya hemeroteca futura se base en videos de TikTok y en galerías a la carta y uniformizadas? No es lo que ella y su arte se merecen.

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