Novedad editorial
Carles Rebassa, ganador del Premi Sant Jordi: "La política es inherente a la literatura; escribir es posicionarse"
El narrador y poeta palmesano relata en la novela 'Prometeu de mil maneres' una historia de pasiones atravesadas por las relaciones de poder y la distancia de clase en un entorno laboral "salvaje"
Carles Rebassa y Antònia Carré-Pons coronan la primera gran Nit de les Lletres Catalanes

Carles Rebassa, flamante ganador del Premi Sant Jordi, retratado en la Casa Abacus, en el Raval. / Marta Pérez / EFE

El mito de Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres y fue castigado por ello, ha tenido interpretaciones diversas, y contrapuestas, a lo largo de la historia: por un lado es visto como una figura benéfica que, con su desobediencia, hace posible el progreso de la humanidad; por otro, es un antihéroe cuyo acto de rebeldía desata la ira de Zeus, que arroja todo tipo de males y desgracias sobre los hombres.
Prometeu Dolors, el protagonista de 'Prometeu de mil maneres' (Univers), la novela con la que el narrador y poeta Carles Rebassa (Palma, 1977) ganó la última edición del Premi Sant Jordi, es una combinación de esas dos visiones. "Es un personaje que, por un lado, se enfrenta a sus iguales, e incluso a sus superiores, para complacer a los que no son como él -apunta el autor-. Y, por otro, siguiendo los fundamentos del héroe clásico de la tragedia griega, actúa con la conciencia de que, haga lo que haga, acabará en catástrofe, tanto si acepta la situación como si se rebela contra ella".
El Prometeu de la novela es un joven perteneciente a una familia de clase media acomodada que empieza a trabajar como camarero en un restaurante y entabla una tortuosa relación sentimental con el hijo de la propietaria del local, un cachorro de la alta burguesía palmesana que arrastra un trauma y que traduce su desorientación en actos de crueldad. Todo ello acontece ante la mirada de una quincena de personajes, desde el prócer local hasta la última sirvienta, infelices cada uno a su manera
Distancia de clase
Pocas novelas contemporáneas retratan de una manera tan cruda el modo en que la vida íntima de las personas está atravesada y condicionada por las relaciones de poder y la distancia entre clases. "El tema de las clases está tan poco presente en la literatura actual porque hay un discurso general que nos quiere hacer creer que la desigualdad social es algo que ya no existe y que todo el mundo tiene las mismas oportunidades, lo que es evidentemente mentira -señala Rebassa-. Además, es un tema que políticamente te posiciona y a muchos escritores no les gusta eso de posicionarse politicamente a través de la literatura. Yo pienso, en cambio, que la política es inherente a la literatura; escribir es posicionarse".
"En los trabajos en los que existe una verticalidad radical, se crea un ambiente muy salvaje"
En 'Prometeu de mil maneres', esa desigualdad social convierte las relaciones laborales en una fábrica de resentimientos. "La organización del concepto del trabajo está propuesta de este manera: o aceptas lo que hay o te vas a la calle, y detrás de ti hay una cola que llega a la otra punta de la calle para entrar -explica el autor-. A partir de esa necesidad, los trabajadores aceptan que la obediencia forma parte de su rol, y por eso hay tanta violencia verbal y de pensamiento. Yo estuve unos años trabajando de mozo de almacén, de camarero, de cocinero..., trabajos en los que existía una verticalidad muy radical, y eso creaba un ambiente muy salvaje".
Palma, "un cáncer y un oasis"
Las peripecias de Prometeu y el resto de personajes transcurren en una Palma que Carles Rebassa, que lleva años viviendo en Barcelona, retrata en un tono casi elegiaco, con una mezcla de afecto y pesadumbre. "Como dice uno de los personajes, yo veo la ciudad como 'un cáncer y un oasis'. Hay espacios concretos que para mí siguen intactos o están muy impregnados de una experiencia determinada, pero en el ámbito general es como un lugar diferente al que yo conocía. Hay calles que antes eran de comerciantes y en las que ahora solo hay cafeterías salvajes que cambian cada dos años, franquicias luminosas que destrozan un local precioso y lo dejan devastado y hacen que la gente que vive allí cambie. Siento que se está produciendo una transformación hacia el suburbio".

Carles Rebassa, después de ganar el 66 Premi Sant Jordi, el pasado 14 de marzo. / Jordi Cotrina
Ese proceso, tan similar al que experimentan numerosos barrios de Barcelona, no es irreversible, asegura Rebassa. "Si el pueblo lo quiere, se puede frenar y revertir, claro que sí". Y añade: "Esta instalación en el pesimismo general es una tendencia que no es espontánea, sino que está bien dirigida, porque mientras tú dejas de actuar porque llegas a la conclusión de que no hay nada que hacer, hay otros que sí saben perfectamente lo que tienen que hacer".
Una lengua "bombardeada"
También en lo que respecta al uso de la lengua catalana el autor considera necesario hacer frente al discurso catastrofista imperante y adoptar un papel proactivo. "La lengua está constantemente bombardeada por los ataques habituales del mundo españolista y catalanófobo y también por esas encuestas que, sin un mapa para interpretarlas, ofrecen unos datos que parece que son un desastre pero que no se corresponden con la realidad: que una persona diga que la mayor parte del día no habla en catalán no quiere decir que no hable catalán, sino que buena parte del día se encuentra en un contexto -escolar, por ejemplo- en el que se fomenta el castellano. Esos datos lo único que hacen es desanimarnos, llevarnos a pensar que ya está todo perdido. Yo pienso que debemos intentar revertir ese pesimismo e ir hacia el optimismo de ver qué es posible hacer, que son muchas cosas".
Existe una norma no escrita que dice que la novela ganadora del Premi Sant Jordi tiene muchos números para estar entre los libros más vendidos en la 'diada' homónima. ¿Cómo se prepara Rebassa para el gran día? "Es una fiesta cívica que siempre me ha gustado mucho y que hasta ahora casi siempre he podido vivir en intimidad. Como autor de poesía, ya te haces la idea. Este año supongo que será diferente y lo único que espero es dar la talla". Nada que ver, seguro, con la experiencia que vivió en 2019. "Fui a firmar un libro de poemas y me tocó al lado de Gemma Nierga, que iba con el libro aquel de conversaciones con Jordi Cuixart ['Tres días en la cárcel: un diálogo sin muros']. Ella tenía una cola que llegaba a la otra punta del mundo y yo tenía a tres personas allí bebiendo cerveza y dándome conversación toda la tarde. Estuvo bien".
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