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Estética

Ramones, una de las marcas más perfectas del pop: uniforme barriobajero y emblema poderoso

La estética de los Ramones y el diseño de sus portadas se han convertido en un clásico invencible de la imagen visual de un grupo, y han saltado no solo a camisetas de Zara sino también a firmas de lujo

50 años del primer elepé de los Ramones: "Fueron una especie de entrada a un mundo nuevo"

Joey Ramone, el emblema diseñado por Arturo Vega y la chaqueta Perfecto de Schott que los Ramones recuperaron

Joey Ramone, el emblema diseñado por Arturo Vega y la chaqueta Perfecto de Schott que los Ramones recuperaron / EPC

Ramón Vendrell

Ramón Vendrell

Barcelona
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Parecían la pandilla callejera definitiva, hermanos de sangre, incluso tenían su emblema, como las casas nobles y los Warriors. En realidad, a partir de cierto momento en su carrera, bastante temprano, no se aguantaban entre ellos, estaban amargados por no haber conseguido ningún 'hit' y funcionaban con el piloto automático de escenario en escenario bajo la estricta disciplina de Johnny, reveló el documental 'End of the century. The story of the Ramones' (2003). Pero la imagen de los Ramones era tan potente que tapaba estas y otras disfunciones. Tiene gracia que una de las marcas más perfectas de la historia de la música popular moderna sea la de los inventores del punk tal y como lo conocemos.

Pelo largo (en el caso de Johnny y Dee Dee, con cortes con reminiscencias yeyés y garajeras; en el caso de Joey y Tommy, puro pelaco 'freak'), camiseta (ajustada), chaqueta de cuero (aún más ajustada), tejanos pitillo hechos trizas y zapatillas deportivas mugrientas. No Converse; estas saltarían al estrellato pop en la portada y la contraportada de 'Parallel lines' (1978), el tercer álbum de Blondie. Fieles a la imagen con la que se dieron a conocer en la portada de su primer elepé ('Ramones', 1976) se mantuvieron hasta el final de su carrera en 1996. "Los Ramones acuñaron un uniforme muy reconocible y que se ha repetido hasta la saciedad -dice Yolanda Muelas, directora de la revista 'Metal'-. Juntas o por separado, esas prendas siguen siendo importantes para transmitir una imagen de rebeldía. Es una estética tran precisa y básica que no puede dejar de funcionar". Un detalle: los conjuntos uniformados, tan en boga en los 60, eran un anacronismo en los 70. Los Ramones dieron un giro maleante a la idea de uniforme en el pop.

Fotografía de archivo (Febrero 1982) de la banda punk estadounidense "Los Ramones".

Fotografía de archivo (Febrero 1982) de la banda punk estadounidense "Los Ramones". / EFE

El lujo ama a los Ramones

La estética barriobajera de los Ramones hace mucho que saltó al lujo. "Sin ir más lejos, Hedi Slimane [Dior Homme, Yves Saint Laurent, Celine] se ha pasado media vida dándole vueltas", señala Muelas. La periodista manda por whatsapp durante la conversación teléfonica una fotografía de 'La Famiglia', la primera colección de Demna para Gucci. En concreto, la del personaje llamado el 'nerd'. Caramba, ese corte de pelo es inequívocamente ramoniano. El diseñador Junya Watanabe y la marca Enfants Riches Déprimés te pueden vestir como Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy por unos miles de euros.

Los capos

El logotipo de los Ramones fue diseñado por su amigo Arturo Vega a partir del sello del presidente de Estados Unidos. "Nadie crea a partir de cero y la idea de bastardizar con información propia una imagen institucional hiperconocida es muy buena -analiza el diseñador gráfico Txarly Brown-. Ese logo te está diciendo: somos los capos de esto, a la vez que ironiza sobre el poder".

El nombre del grupo aparece en casi todos sus discos en Franklin Gothic, una fuente que es un "valor seguro, potente y limpia", informa el autor de los logotipos de Doctor Calypso, Skatalà y Fundación Tony Manero, entre otros grupos.

Que no se ofendan los dogmáticos de la autentidad: los Ramones eran un producto pop muy bien diseñado. Como también lo fueron los Sex Pistols, vestidos por Vivienne Westwood y con las portadas a cargo de Jamie Reid, con sus tipografías de carta de secuestro. Asimismo, las angulosas portadas de Malcolm Garrett para Buzzcocks, emparentadas con las vanguardia de principios del siglo XX, ofrecían una traslación visual del pop nervioso y cortante del grupo.

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